La incoherencia y oportunismo de la representante Katherine Miranda vuelve a sumar otro capítulo a sus contradicciones políticas. Quien durante años se presentó como figura del llamado centro político y respaldó abiertamente el proyecto que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia, ahora está por anunciar el respaldo a la campaña de la uribista Paloma Valencia, a quienes cuestionó abiertamente hace cuatro años para hacerse elegir.
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El anuncio, confirmado por medios como El Colombiano, no es sorpresa, demuestra nuevamente el oportunismo de la actual Representante a la Cámara. Miranda viene de una escandalosa derrota política que debilitó su capital electoral, lo que para muchos explica este cambio abrupto de postura en busca de mantenerse vigente dentro del escenario político.
Hace apenas cuatro años, Miranda hacía parte del bloque de figuras que, desde el Partido Verde y sectores del llamado centro, terminaron respaldando el proyecto de Petro, posicionándose como una alternativa frente al uribismo. Hoy, esa misma dirigente aparece caminando hacia el lado opuesto, apoyando una candidatura que representa exactamente aquello que antes criticaba.
A Katherine Miranda la conocí cuando era pobre y decía indignarse por la parapolitica y los crímenes de Estado. Vociferaba “la vida es sagrada” y se manifestaba contra el uribismo. El arribismo la hizo cómplice.
— Daniel Rojas Medellin (@DanielRMed) April 5, 2026
Pero este no es el único punto que ha generado cuestionamientos. A lo largo de su trayectoria, Miranda ha sido señalada por cambios constantes en sus posiciones políticas, lo que ha alimentado la percepción de que su discurso responde más a conveniencias electorales que a convicciones ideológicas claras.
Su paso por el Congreso tampoco ha estado exento de polémicas. Ha sido criticada por su protagonismo mediático, por decisiones políticas que han generado divisiones dentro de su propio partido y por una postura que muchos califican como ambigua frente a los grandes debates y reformas nacionales que estaban en favor del pueblo colombiano.
Ahora, su llegada a la campaña de Paloma Valencia refuerza esas críticas. No se trata solo de un cambio de alianza, sino de un salto directo hacia el uribismo, un sector que ha sido uno de los principales opositores del Gobierno actual y que representa una visión política completamente distinta a la que Miranda defendía en el pasado.
Katherine Miranda defendía a la Minga, se declaraba antiuribista y respaldaba el proyecto progresista. Hoy ese discurso quedó atrás y se sumaría a la campaña de Paloma Valencia. Pero lo haría sola porque los mismos votantes de izquierda que la llevaron al Congreso hace cuatro… pic.twitter.com/BW7By9ZNxy
— Esmeralda Hernández (@EsmeHernandezSi) April 6, 2026
La incoherencia no pasó desapercibida en redes sociales, donde múltiples voces han cuestionado el giro. Para muchos ciudadanos, este tipo de movimientos refuerzan la idea de una política desconectada de principios, donde las alianzas cambian según las oportunidades del momento.
El episodio también deja en evidencia la crisis del llamado centro político, un espacio que en los últimos años ha perdido claridad y que ahora ve a algunas de sus figuras migrar hacia extremos que antes rechazaban.
Este tipo de movimientos sin duda no solo afectan la credibilidad individual de los políticos, sino que también deterioran la confianza ciudadana en las instituciones. Cuando las posiciones cambian de manera tan drástica es normal que los ciudadanos se estén preguntando si los discursos que llevaron a Miranda al Congreso eran genuinos.
Con ustedes @KatheMirandaP: La mujer, mamá, ciudadana y ex congresista coherente. pic.twitter.com/MNqbcgNhr2
— Premios Popis (@PremiosPopis) April 5, 2026
En este escenario, la campaña de Paloma Valencia suma una figura que, lejos de fortalecer su narrativa, también arrastra consigo cuestionamientos sobre coherencia y credibilidad de las personas que la apoyan.
En medio de una contienda cada vez más intensa, el caso de Katherine Miranda se convierte en un ejemplo claro de cómo el oportunismo político puede terminar imponiéndose sobre la consistencia ideológica. Esta actuación de la congresista vuelve a dejar una imagen conocida. La de dirigentes que cambian de bando cuando el viento electoral sopla en otra dirección.





