El enfrentamiento político entre el presidente Gustavo Petro y Álvaro Uribe volvió a escalar y dejó una de las respuestas más contundentes del mandatario desde que llegó al poder. A través de sus redes sociales, Petro no solo rechazó las afirmaciones de Uribe, sino que lo confrontó directamente con su pasado. “Señor de las masacres y de las haciendas”, escribió el presidente, en una frase que rápidamente se convirtió en el centro del debate político.
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El mensaje no se quedó ahí. El mandatario fue más allá y lanzó una acusación directa que sacudió el escenario nacional. Según Petro, la violencia fue utilizada como herramienta política en el pasado. “Las masacres son instrumento para llenar de miedo al pueblo… usted usó [esto] como método para ganar votos”, afirmó, en una declaración que reaviva una de las discusiones más sensibles de la historia reciente del país.
El cruce se da luego de que Uribe reaccionara a las cifras de violencia en 2026, donde organismos como Indepaz han documentado decenas de masacres en lo corrido del año, lo que volvió a poner el tema de la seguridad en el centro del debate político. No se debe olvidar que muchas personas cercanas a Uribe están en la cárcel o son investigadas por su cercanía con grupos que cometieron atroces masacres en Colombia.
¡De qué se ufanan! Vergüenza les debería dar: 35 masacres en el primer trimestre. Paz Total
— Álvaro Uribe Vélez (@AlvaroUribeVel) April 4, 2026
En 2010 hubo 10 masacres, se venía de 112. Seguridad Democrática
Sin embargo, la respuesta de Petro cambió el enfoque. Mientras la oposición intenta posicionar el tema como una crítica al Gobierno actual, el presidente puso sobre la mesa una discusión de fondo sobre las responsabilidades históricas en la violencia del país.
La intervención del presidente se interpreta como una defensa de la memoria histórica y de las víctimas, un tema que ha sido central en su discurso político. Petro ha insistido en que no se puede analizar la violencia sin revisar el pasado y las decisiones que marcaron al país durante décadas.
El señalamiento hacia Uribe no es aislado. Durante años, distintos debates públicos han puesto en discusión el papel de sectores políticos y económicos en el fenómeno de la violencia, especialmente en regiones donde operaron estructuras paramilitares.
Señor de las masacres y de las haciendas, las masacres se cuentan por una decisión arbitraria: es masacre la muerte de más de tres personas, podía ser cualquier número, pero lo pusieron tan bajo para que los ajustes de cuentas entre mafiosos se volvieran masacres, así ocultaron… https://t.co/cD6MTPeYxD
— Gustavo Petro (@petrogustavo) April 5, 2026
Para sectores cercanos al Gobierno, la respuesta de Petro no es una provocación, sino una confrontación necesaria frente a lo que consideran intentos de reescribir la historia. En su visión, no se puede hablar de masacres sin reconocer el contexto en el que ocurrieron y las dinámicas de poder que las rodearon.
Mientras tanto, desde la oposición se ha intentado desviar el debate hacia el presente, cuestionando la gestión del Gobierno frente a la seguridad. Sin embargo, la intervención del presidente logró cambiar la conversación, llevándola a un terreno mucho más incómodo para sus críticos.
El episodio también refleja la profundidad de la polarización política en Colombia. Dos visiones completamente opuestas sobre la violencia, la historia y la forma de enfrentar los problemas actuales Por un lado, una narrativa que busca centrarse en las cifras recientes y sin análisis profundo. Por el otro, una que insiste en que esas cifras no pueden entenderse sin mirar lo que ocurrió en el pasado y los actores que han estado vinculados en unas estructuras violentas que llevan generaciones enteras afectando a los colombianos, no desde hace cuatro años.
Hablar en Colombia de masacres no es solo hablar del presente. Debe ser hablar de responsabilidades, de decisiones y de un pasado que aún sigue marcando el rumbo del país.





