¡El estratega de la desinformación de la campaña de Abelardo quiere manejar Ecopetrol! Carlos Suárez, sin experiencia petrolera, va por la junta

La llegada de Carlos Augusto Suárez a la plancha que controlaría la Junta Directiva de Ecopetrol abrió interrogantes sobre experiencia, independencia y cercanía política. El estratega que llevó a Abelardo de la Espriella a la Presidencia podría terminar tomando decisiones sobre la empresa pública más estratégica y poderosa del país.

La empresa más importante de Colombia podría tener sentado en su máximo órgano de decisión a uno de los hombres más cercanos a Abelardo de la Espriella, pero sin una trayectoria conocida administrando compañías petroleras, exploración de hidrocarburos o gigantes energéticos. Carlos Augusto Suárez, estratega de propaganda de la campaña presidencial, aparece ahora en la plancha con la que el Gobierno busca manejar la Junta Directiva de Ecopetrol. Expertos cuestionan, una cosa son las maniobras políticas, otra la experiencia necesaria para manejar la mayor empresa del Estado.

La Asamblea General de Accionistas está prevista para el próximo 15 de septiembre y allí se someterá a consideración una plancha que permitiría al Gobierno ocupar seis de los nueve puestos de la Junta Directiva. Con el Estado como accionista mayoritario, la propuesta del Ejecutivo tiene una enorme posibilidad de convertirse en la nueva estructura de poder de Ecopetrol. Y el nombre que inevitablemente genera los primeros cuestionamientos es el de Suárez.

No porque sea un completo desconocido. Todo lo contrario. Su especialidad está ampliamente identificada, pero está en otro terreno. Es abogado, especialista en Control Fiscal, consultor y estratega de comunicación política. Fue una pieza determinante en la construcción de la campaña y permanece entre las personas de mayor confianza de De la Espriella. Incluso figura como cofundador de Defensores de la Patria junto al hoy presidente y Joaquín Gutiérrez.

Lo que no aparece en su trayectoria pública es una carrera equivalente en exploración petrolera, producción de hidrocarburos, refinación, mercados energéticos, reservas, transición energética o administración de compañías del tamaño de Ecopetrol. Ese contraste es precisamente lo que vuelve explosiva su postulación.

La propia argumentación favorable a su presencia en la Junta reconoce que su aporte estaría en la comunicación, la narrativa, el manejo reputacional y la gestión de crisis. El Gobierno considera que esas capacidades resultan útiles en una compañía que, según argumentan ellos, necesita recuperar confianza y explicar su estrategia tanto a ciudadanos como a inversionistas. Pero Ecopetrol no es una campaña electoral.

Es una compañía de importancia fiscal, bursátil y energética que debe tomar decisiones multimillonarias sobre exploración, producción, reservas, refinerías, transporte, transición energética, ISA, inversiones internacionales y contratos gigantescos. Además, cotiza en mercados internacionales y tiene responsabilidades frente a accionistas minoritarios y autoridades financieras.

Por eso el interrogante legítimo no consiste en determinar si Suárez sabe comunicar. Su trayectoria demuestra que allí ha tenido experiencia. La discusión está en establecer si una habilidad desarrollada principalmente en estrategia política es suficiente para participar en las decisiones de gobierno corporativo de semejante empresa.

El vínculo personal con De la Espriella aumenta todavía más el escrutinio. La Silla Vacía había contado semanas antes que Suárez aseguró que no entraría formalmente al Gobierno porque quería conservar distancia respecto al funcionamiento cotidiano de la administración. En aquella conversación afirmó que estaría disponible para aconsejar al presidente cuando este lo requiriera e incluso dijo que permanecería “24-7 a disposición” del mandatario. Menos de un mes después, su nombre aparece incluido en la lista propuesta para uno de los órganos empresariales más poderosos del Estado. Esa secuencia merece explicación. 

La composición propuesta incluye perfiles que sí tienen experiencia vinculada a sectores técnicos y empresariales. Ricardo Rodríguez Yee, por ejemplo, fue director de la UPME, contralor delegado de Minas y Energía y actualmente tiene responsabilidades relacionadas con auditoría y riesgos. Los gobernadores de departamentos productores ratificaron recientemente su postulación.

También aparece José Camilo Manzur Jattin, presidente de Asocodis y conocedor del sector eléctrico, junto con ejecutivos y profesionales provenientes de infraestructura, derecho empresarial y administración de grandes organizaciones.

Precisamente por esa comparación, la presencia de Suárez sobresale. Hay además un elemento de enorme poder político. La Junta que resulte de la Asamblea será determinante en la escogencia del próximo presidente de Ecopetrol. Es decir, la discusión no se limita a quién ocupa una silla alrededor de una mesa. Quienes integren ese órgano tendrán participación directa en las decisiones que definirán el rumbo de la compañía durante el nuevo Gobierno.

El Ejecutivo sostiene que la nueva composición pretende combinar continuidad, gobierno corporativo, manejo reputacional, transición energética y disciplina financiera. Esa explicación merece ser escuchada. Pero precisamente porque Ecopetrol pertenece mayoritariamente al Estado y maneja intereses públicos gigantescos, las credenciales de cada aspirante deben soportar el máximo escrutinio.

Por ahora, Carlos Augusto Suárez, aun sin experiencia, es candidato para integrar la Junta Directiva. Luis Felipe Henao continúa identificado en las fuentes consultadas como presidente de la Junta y también aparece entre quienes permanecerían en el órgano. El debate, sin embargo, ya está servido.

Si un estratega electoral, cofundador del partido presidencial y amigo cercano del jefe de Estado aparece a las puertas de la Junta de Ecopetrol, la explicación no puede limitarse a que sabe manejar crisis o construir narrativas. El país tiene derecho a cuestionar la experiencia concreta y si esta lo habilita para decidir sobre petróleo, transición energética, riesgos financieros y miles de millones de dólares. Una cosa es vender una campaña. Otra, completamente distinta, es ayudar a gobernar Ecopetrol, empresa del Estado.

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