JPMorgan, el banco de inversión más grande e influyente del mundo lo confirmó: el alza histórica del salario de Gustavo Petro no destruyó empleo, lo llevó a récords

El histórico aumento del salario mínimo impulsado por Gustavo Petro no destruyó empleo: un informe de JP Morgan revela cifras récord que desmontan los pronósticos alarmistas.

El histórico aumento del salario mínimo impulsado por Gustavo Petro terminó convirtiéndose en una verdadera bomba de buenas noticias para el país. Lo que muchos sectores de la oposición intentaron vender como un “error económico” hoy se desploma frente a cifras contundentes que muestran una realidad completamente distinta: Colombia no solo resistió, sino que salió fortalecida.

El informe del gigante financiero JP Morgan fue claro y sin rodeos: el mercado laboral colombiano mostró una “resiliencia” inesperada tras el incremento del 23,7% en el salario mínimo decretado a finales de 2025. En lugar de destrucción de empleo, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario: más trabajo, mejores ingresos y una economía que se mueve con más fuerza.

Las cifras hablan por sí solas y dejan sin argumentos a los críticos. Según el DANE, el desempleo en febrero cayó al 9,2%, el nivel más bajo jamás registrado para ese mes en la historia del país. En las principales ciudades, el indicador también sorprendió al ubicarse en 8,5%, rozando mínimos históricos y consolidando una tendencia que rompe con años de incertidumbre laboral.

Pero lo que más ha llamado la atención de los analistas internacionales es que este resultado no fue un accidente. El propio informe subraya que “el dinamismo del empleo se mantuvo positivo” incluso después del aumento salarial, algo que muchos consideraban imposible. Y va más allá al señalar que “el impulso de la creación de empleo se mantiene positivo tras el aumento sin precedentes del salario mínimo, junto con una informalidad generalmente estable”, una afirmación que desmonta de frente los discursos alarmistas.

Mientras algunos insistían en que subir el salario mínimo destruiría empresas y empleos, la realidad mostró otra cara: sectores como la manufactura, la construcción, el entretenimiento y las comunicaciones lideraron la generación de nuevos puestos de trabajo. Es decir, la economía productiva respondió con fuerza, impulsada también por el sector privado, los empleadores y los trabajadores por cuenta propia.

Y hay un dato que termina de cerrar el debate: el número de desempleados cayó de forma contundente, con una reducción del 3,6% a nivel nacional y del 2,6% en las zonas urbanas. Al mismo tiempo, el empleo creció un 1% en febrero, revirtiendo la leve caída de enero y confirmando que la tendencia va en ascenso.

Pero el impacto no se queda solo en el empleo. El informe destaca que los salarios reales están creciendo con fuerza, lo que significa que los colombianos no solo tienen trabajo, sino que ahora tienen mayor poder adquisitivo. De hecho, el documento señala que “no sorprende que el crecimiento del salario real se haya acelerado”, alcanzando incrementos que ya se traducen en un mayor consumo y dinamismo económico.

El crecimiento salarial nominal llegó al 11% anual, lo que se traduce en un aumento real del 5,5%, una cifra que representa un impulso directo al bolsillo de millones de trabajadores. En términos simples: más dinero circulando, más consumo y una economía que se fortalece desde adentro.

Aunque el informe también menciona retos como la participación laboral, lo cierto es que el mensaje central es contundente: Colombia logró algo que muchos consideraban imposible. Absorbió el mayor aumento del salario mínimo en décadas sin disparar el desempleo ni la informalidad, que se ha mantenido estable alrededor del 55%.

En medio de críticas, advertencias y campañas de miedo, los resultados terminan respaldando una de las apuestas más ambiciosas del Gobierno. Lo que se vendió como un riesgo hoy se perfila como un caso que podría marcar el rumbo del debate económico en la región.

Y mientras algunos siguen intentando desacreditar las decisiones del Ejecutivo, las cifras, frías, verificables y respaldadas por uno de los bancos más influyentes del mundo, cuentan otra historia: la de un país que desafió los pronósticos y la de un gobierno que apostó por mejorar el ingreso de los trabajadores sin sacrificar el empleo.

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