El centro de Medellín volvió a convertirse en escenario de escándalo luego de que el concejal del Centro Democrático, Andrés Felipe Rodríguez, conocido como “El Gury”, protagonizara un hecho que muchos ya califican como abiertamente intimidante: apareció con un bate en mano para encarar a la Minga indígena en plena zona de La Alpujarra, desatando indignación nacional.
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Los hechos ocurrieron en medio de la llegada de la Minga a Medellín, una movilización que, como ha ocurrido en otras ciudades del país, busca visibilizar demandas sociales, territoriales y políticas de comunidades indígenas y campesinas. En ese contexto, la presencia del concejal con un bate, objeto que incluso tenía la palabra “diálogo” grabada, fue interpretada por múltiples sectores como una provocación directa en un escenario ya cargado de tensión.
No es la primera vez que el cabildante recurre a este tipo de acciones. Existen antecedentes en los que ha sido captado en situaciones similares durante manifestaciones, lo que incluso ha llevado a que organismos de control analicen su comportamiento frente a posibles faltas disciplinarias relacionadas con el uso de lenguaje confrontacional y actos que podrían escalar la tensión social.
El presidente del Concejo de Medellín llama a los concejales a “no hacer uso de la fuerza”, mientras el vicepresidente del concejo, que él mismo eligió, llega con bate en mano a intimidar a los manifestantes.
— AquinoTicias – José Luis Marín (@AquinoTicias1) March 16, 2026
Señores @PGN_COL ¿Ustedes todavía tienen jurisdicción sobre Medellín? https://t.co/DJLgpNtYms pic.twitter.com/qZd29QWKlq
La escena generó rechazo inmediato entre líderes sociales y políticos, quienes insistieron en que la protesta es un derecho constitucional y que la presencia de un funcionario público en actitud confrontativa no contribuye a resolver los conflictos. Desde sectores cercanos al Gobierno Nacional, el hecho fue interpretado como una incitación a la polarización política y como un riesgo para la convivencia democrática.
En el lugar también hicieron presencia dirigentes del Pacto Histórico que llamaron a la calma y al diálogo, insistiendo en la necesidad de que las diferencias se tramiten por vías institucionales y no a través de actos que puedan ser percibidos como intimidatorios. El contraste entre la movilización social y la reacción del concejal dejó en evidencia dos formas opuestas de entender y hacer política. Una, la de la Minga, centrada en la protesta como mecanismo de participación y otra, la de “El Gury” marcada por la confrontación y la violencia.
La Minga, por su parte, respondió a las críticas asegurando que su presencia en Medellín no tiene un carácter partidista ni responde a intereses del Gobierno, sino a una agenda propia de reivindicaciones sociales. En medio de la polémica, voceros de la movilización reiteraron que “no venimos por Petro”, dejando claro que su protesta se enmarca en demandas históricas relacionadas con territorio, derechos y condiciones de vida.
Y desde cuando @AndresGuryRod concejal de Medellín y arrodillado de la derecha narcoparamilitar es autoridad sobre los pueblos indígenas? Desde hace rato se esta sobrepasando en sus funciones.
— Gener Usuga (@gener_usuga) March 16, 2026
Podría la @PGN_COL ocuparse de este funcionario publico? pic.twitter.com/q1b6ECrI9F
El episodio también ocurre en un contexto político en el que la movilización social ha sido objeto de constantes debates. Desde el Gobierno del presidente Gustavo Petro se ha insistido en la necesidad de garantizar el derecho a la protesta pacífica como un pilar fundamental de la democracia, al tiempo que se promueve el diálogo como mecanismo para resolver los conflictos sociales.
Para muchos, lo ocurrido en La Alpujarra refleja la dificultad de que algunos sectores tradicionales y violentos reconozcan la protesta como una forma legítima de participación ciudadana. La presencia de un funcionario público con un objeto como un bate en medio de una manifestación no solo genera tensión, sino que envía un mensaje simbólico que puede ser interpretado como una forma de intimidación.
En un país que ha vivido décadas de conflicto armado y que avanza en procesos de construcción de paz, este tipo de escenas reavivan preocupaciones sobre la necesidad de desescalar el lenguaje político y fortalecer los canales institucionales de diálogo. La política, en este contexto, enfrenta el reto de responder a las demandas sociales sin recurrir a la confrontación que históricamente ha profundizado las divisiones.
Señores @PGN_COL.
— Sergio Mesa ⚖️ (@sermeca) March 16, 2026
Asunto: Queja Disciplinaria
Disciplinado: Andrés Felipe Rodríguez Puerta (@AndresGuryRod) – concejal de la @ConcejoMedellin por el Centro Democrático/
Quejoso: Sergio Alejandro Mesa Cárdenas (@sermeca)
Falta disciplinaria: numeral 19 del Artículo 39 del Código… pic.twitter.com/TuqGFqdqRv
Las autoridades locales reforzaron la presencia de la fuerza pública en la zona para evitar que la situación escalara a hechos de violencia. Hasta el momento no se han reportado enfrentamientos físicos, pero el episodio dejó claro que la tensión sigue latente y que el manejo de la protesta social continuará siendo uno de los temas más sensibles en el debate político nacional.
El caso de “El Gury” no solo mantiene abierta la discusión sobre la conducta de los funcionarios públicos, sino que también pone sobre la mesa la responsabilidad que tienen los líderes políticos en momentos de alta tensión social. En escenarios como el que se vivió en Medellín, la diferencia entre escalar el conflicto o abrir espacios de diálogo puede depender, en gran medida, de la actitud de quienes ejercen liderazgo.





