Tierra sin vida: Las vacas de El Ubérrimo habrían dejado infértil el predio que Uribe tuvo y que hoy lo sufren los campesinos

Lo que el uribismo devolvió como “tierra” hoy es un terreno árido y golpeado: campesinos denuncian que las vacas de El Ubérrimo dejaron casi inservible el predio que ahora intentan hacer producir tras años de ocupación irregular.

Lo que para las familias campesinas debía ser una reparación histórica terminó revelando una herencia devastadora del paso del uribismo por el campo colombiano. El predio El Laguito II, que durante años estuvo en manos de la empresa El Ubérrimo S.A.S., ligada a la familia del expresidente Álvaro Uribe Vélez, fue entregado por el Estado a campesinos… pero en condiciones que hoy generan rabia, frustración e indignación. La tierra, según denuncian, quedó prácticamente inservible tras casi una década de uso ganadero intensivo.

Los integrantes de la Asociación Baluarte Campesino Juana Julia Guzmán aseguran que el constante pisoteo del ganado compactó el suelo al punto de volverlo árido y duro, frustrando los primeros intentos de siembra. “La tierra es bien árida, pues por lo que el ganado, me imagino que años ahí pisoteando esta tierra, es muy dura, porque nosotros ya iniciamos con un cultivo y no nos fue tan bien”, confesó Carmenza Gómez, dejando al descubierto el daño silencioso que habría dejado la explotación ganadera asociada a El Ubérrimo.

El predio, de 8,3 hectáreas, no solo arrastra una tierra golpeada, sino un historial que indigna. Durante el gobierno de Uribe, su esposa, Lina Moreno, habría adelantado maniobras para apropiarse de varios terrenos en Córdoba, incluyendo este baldío de la nación, que fue ocupado por más de nueve años. La estrategia incluyó una demanda de prescripción adquisitiva en 2019, con la que se pretendía legalizar lo que nunca debió estar en manos privadas. Sin embargo, la Agencia Nacional de Tierras determinó que se trataba de un baldío estatal, cerrando la puerta a esa pretensión.

Aun así, el daño ya estaba hecho. Cuando en 2023 la ANT entregó provisionalmente el predio a la asociación campesina y en diciembre de 2025 formalizó la adjudicación, lo que recibieron no fue una tierra fértil lista para producir alimentos, sino un terreno agotado, incapaz de sostener cultivos básicos como arroz, yuca o plátano. Incluso los proyectos de apicultura se vieron afectados por el deterioro del ecosistema.

La situación obligó a los nuevos propietarios a pensar en endeudarse para poder recuperar lo que otros explotaron sin responder por las consecuencias. Créditos, adecuación del suelo y nuevos intentos de siembra de maíz, fríjol y ñame ahora aparecen como la única salida para rescatar un terreno que, según denuncian, fue exprimido hasta el límite. “Lo que nosotros queremos hacer de este predio es una demostración de soberanía alimentaria”, dicen los campesinos, pese al panorama adverso.

Mientras tanto, el expresidente Uribe defendió en su momento la actuación de su familia, asegurando que no había irregularidades y que todo estaba “sobre la mesa”. Incluso sostuvo que el terreno solo se usó en ganadería “en los veranos” y que estaba debidamente cercado. Pero para los campesinos, esas explicaciones contrastan brutalmente con la realidad que hoy pisan: una tierra dura, cansada y empobrecida.

El Laguito II se ha convertido así en un símbolo incómodo del legado del uribismo en el campo: un baldío ocupado, explotado y devuelto solo cuando ya no hubo salida jurídica, dejando a las comunidades rurales con el peso de reconstruir lo que otros desgastaron. La indignación crece entre quienes hoy luchan por hacer producir una tierra que, según denuncian, las vacas de El Ubérrimo dejaron al borde de la infertilidad.

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