¡Se cansó de arrodillarse! Cabal rompe con el uribismo tras denuncia de encuesta amañada y otro desplante de Uribe

El Centro Democrático vuelve a crujir por dentro: María Fernanda Cabal anuncia su salida tras una encuesta llena de dudas, acusaciones de “resultados adulterados” y años de desgaste esperando un lugar que el uribismo nunca le dio.

La derecha vuelve a implosionar y esta vez el estallido viene desde adentro. María Fernanda Cabal y su esposo, José Félix Lafaurie, anunciaron su salida del Centro Democrático en medio de una tormenta de acusaciones, cartas incendiarias y señalamientos directos de “adulteración” en la encuesta que dejó a Paloma Valencia como candidata presidencial única del uribismo. El portazo no solo confirma la fractura del partido fundado por Álvaro Uribe, sino que desnuda un desgaste que Cabal arrastraba desde hace años: el de una dirigente que pasó media vida política esperando el guiño del jefe máximo y nunca fue elegida.

En una carta dirigida al director del partido, Gabriel Vallejo, Lafaurie fue tajante: “No queremos continuar en el Centro Democrático, sentimos que no tenemos espacio”. La misiva, conocida públicamente, plantea una escisión para que Cabal forme su propia colectividad y habla de una “salida DIGNA”, palabra escrita así, en mayúsculas, como si hiciera falta gritar lo que durante años se aceptó en silencio. La renuncia llega justo después de que una encuesta interna dejara dudas, sospechas y heridas abiertas, pero también después de un largo historial de desplantes y de invisibilidad política.

El texto va más allá del berrinche coyuntural. Lafaurie asegura que el proceso estuvo viciado desde el inicio y dispara sin rodeos: “El procedimiento careció de comités de garantías electorales, reglas claras, mecanismos de impugnación o trazabilidad, lo que constituyó una violación grave al debido proceso partidista”. Incluso afirma que los resultados “fueron adulterados con la evidente participación de Lester Toledo, Nubia Stella Martínez y José Obdulio Gaviria”, nombres que pesan dentro del engranaje uribista y que dejan claro que la pelea no es menor.

Pero más allá de las denuncias técnicas, el episodio deja una lectura política imposible de ignorar. Cabal se cansó. Se cansó de estar siempre, de obedecer, de arrodillarse ante un mesías político que nunca la escogió como heredera. Se cansó de querer ser la cara de un partido que jamás la miró como tal. El desgaste de años defendiendo una marca ajena, esperando turno, terminó explotando cuando la encuesta, esa que ahora cuestiona, volvió a decirle que no.

En la carta también se intenta cuidar las formas, como suele hacerlo la derecha cuando ya todo está roto. “No queremos afectar el proceso interno que seleccionó a Paloma Valencia como candidata. Apoyaremos a Paloma en su aspiración”, se lee, en una frase que suena más a trámite que a convicción. Porque si algo ha sabido hacer el uribismo es esto: los conflictos se cocinan puertas adentro, se pudren en silencio y, cuando ya no dan más, se anuncian como renuncias elegantes.

Lafaurie insiste en que Cabal “ha sido una parlamentaria que ha contribuido a darle el carácter y la personalidad política al Centro Democrático”, pero la realidad es más cruda: el partido decidió prescindir de ella mucho antes de que ella decidiera irse. Ahora, la propuesta de escisión busca salvar lo que queda del capital político personal, luego de años apostándolo todo a un proyecto que nunca la puso al frente.

La crisis deja al desnudo a un Centro Democrático que ya no logra disimular sus grietas y a una María Fernanda Cabal que se va denunciando trampas, pero también cargando el peso de haber esperado demasiado de un partido que siempre tuvo otros nombres, otros rostros y otras prioridades. Cuando el uribismo se rompe, no lo hace con estruendo público: se quiebra por dentro y luego anuncia, con carta en mano, que todo fue “por dignidad”.

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