Las paredes del Museo Nacional de Colombia quedaron marcadas por los espacios vacíos donde antes se exhibían testimonios de la historia política y social del país. Más de 30 afiches, fotografías y objetos relacionados con la paz, las víctimas de la violencia, el feminismo y la población LGBTI fueron censurados y retirados por instrucciones de Abelardo de la Espriella.
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La intervención ocurrió el jueves 15 de octubre, cuando De la Espriella anunciaba una ofensiva contra lo que denomina wokismo y prometía una contrarrevolución cultural. La coincidencia desató cuestionamientos sobre una posible censura institucional. Entre las piezas retiradas estaban recuerdos de dos candidatos presidenciales asesinados, símbolos de la Constitución de 1991 y objetos relacionados con el Acuerdo de Paz de 2016.
Se documentó el retiro de al menos 30 piezas distribuidas en tres salas del museo. Según fuentes internas, el secretario general del Ministerio de Cultura, Julián Sterling, acudió acompañado de Constanza Toquica, directora encargada de la institución. Ambos habrían participado en la selección de las obras, sin acudir previamente a los comités curatoriales correspondientes.
La cartera está dirigida por Paola Holguín, hija del presunto testaferro de Pablo Escobar, Frank Holguín, quien ha defendido la revisión de las exposiciones. Sin embargo, trabajadores del museo cuestionaron que las modificaciones se realizaran sin un procedimiento técnico conocido. Las fuentes aseguraron que la selección se hizo a puerta cerrada, pese a que las salas cuentan con guiones museográficos elaborados mediante procesos especializados.
Repasemos las piezas que hoy censuró el Gobierno del Museo Nacional. Acá un mapa de una de las paredes borradas. 🏳️🌈🏳️⚧️♀️ Hilo sobre la gente y cosas que quieren borrar🧵👇 https://t.co/HWlfuM0oE9
— Ana BejaranoRicaurte (@AnaBejaranoRG) October 16, 2026
La sala Hacer sociedad, ubicada en el segundo piso, fue una de las más afectadas. Allí retiraron al menos diez objetos relacionados con los movimientos LGBTIQ+ y feministas. Entre ellos estaban una bandera del orgullo gay perteneciente a Elizabeth Castillo, un afiche de la marcha LGBT de 2006 y un impreso de la Fundación Sí Mujer sobre derechos reproductivos.
También desaparecieron una fotografía de Humberto Rincón Perfetti sobre la marcha por la ciudadanía plena LGBT y un ejemplar de la revista La Ventana Gay, vinculada a Manuel Antonio Velandia y León Zuleta, activista asesinado en 1993. Marcela Sánchez, de Colombia Diversa, denunció públicamente el retiro de estos materiales y de otros relacionados con la memoria política del país.
Juan Daniel Oviedo, excandidato a la Vicepresidencia, también reclamó explicaciones. «La historia de las personas LGBTIQ+ es historia de Colombia», escribió en X. El dirigente pidió al Museo Nacional informar cuáles piezas fueron retiradas, por qué se tomó la decisión y cómo se garantizará la representación de estas memorias. Su pronunciamiento amplió los cuestionamientos sobre el alcance de la intervención.
El desmonte alcanzó igualmente los afiches de dos candidatos presidenciales asesinados en 1990. Bernardo Jaramillo Ossa, de la Unión Patriótica, fue asesinado el 22 de marzo de ese año. Carlos Pizarro Leongómez, antiguo comandante del M-19 que lideró su desmovilización y posteriormente aspiró a la Presidencia, fue asesinado el 26 de abril durante un vuelo comercial.
En el museo nacional quitaron de la sala Hacer Sociedad todo lo LGBTI, lo relativo al magnicidio de Bernardo Jaramillo Ossa y el Acuerdo de Paz firmado en 2016. El Verdadero borrado. @estoescambio @AnaBejaranoRG https://t.co/WEbx3oOBS3
— Marcela Sánchez B. 🌈 💚💚 (@marcela_s_b) October 15, 2026
También fue retirado un brazalete de la Alianza Democrática M-19. Estas piezas documentaban acontecimientos relacionados con la violencia política, el exterminio de dirigentes y los procesos de reincorporación. Su desaparición de las salas plantea interrogantes sobre los criterios utilizados para representar episodios fundamentales de la historia reciente, especialmente cuando sus protagonistas fueron víctimas de asesinatos políticos.
Abelardo de la Espriella había ordenado expresamente retirar de los espacios públicos las representaciones de Carlos Pizarro que considera una exaltación del terrorismo. Sin embargo, la intervención del museo abarcó materiales históricos mucho más diversos que las imágenes del antiguo comandante guerrillero.
Otro de los espacios desmontados estaba dedicado a la Constitución de 1991 y al Acuerdo de Paz de 2016. Allí se exhibía el Balígrafo, elaborado a partir de una bala y utilizado durante la firma del acuerdo con las antiguas Farc. También retiraron un tarjetón de la Séptima Papeleta, movimiento estudiantil que impulsó la convocatoria de la Asamblea Constituyente.
La sala Memoria y Nación tampoco escapó a la intervención. Fueron retiradas casi todas las fotografías de un muro dedicado a la diversidad cultural, social y política de Colombia. En las paredes quedaron espacios vacíos y estructuras de iluminación. Las imágenes circularon por redes sociales y alimentaron las denuncias sobre un posible borrado de memorias históricas.
Lo del Museo Nacional es criminal, pero mientras esté en nuestras manos no borrarán la historia, no habrá perdón ni habrá olvido. https://t.co/9FYGYDf8Q9
— Aluna 🌑 (@alunalunera_) October 16, 2026
La controversia resulta significativa porque la sala Hacer sociedad había sido revisada en 2019, durante el Gobierno de Iván Duque. Su guión museográfico quedó consignado en un documento de más de 200 páginas y contó con cuatro comités curatoriales. Ese antecedente plantea preguntas sobre el procedimiento utilizado para modificar una exposición construida mediante un proceso técnico especializado.
De la Espriella también anunció que el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes pasará a llamarse Ministerio de Cultura y Patrimonio. Durante su intervención proclamó una mayor atención al patrimonio religioso, incluidas iglesias, conventos, archivos eclesiásticos, arte sacro y otras manifestaciones tradicionales. La diversidad cultural y religiosa colombiana, reconocida internacionalmente, no fue mencionada por De la Espriella.
La ministra Paola Holguín afirmó que las exposiciones están siendo evaluadas y rediseñadas. Sin embargo, hasta los reportes publicados el 15 de octubre no se conocía un inventario definitivo ni una justificación técnica individualizada de los retiros.
La controversia deja preguntas sobre quién autorizó el desmonte, cuáles fueron los criterios curatoriales y qué destino tendrán las piezas. El Gobierno presenta la intervención como una revisión institucional, pero en medios y redes sociales advierten una acción de censura de las memorias del país. Las paredes vacías del Museo Nacional se convirtieron así en el símbolo de una disputa por la representación de la historia colombiana.





