La advertencia llegó desde Washington y Abelardo de la Espriella terminó cambiando el tono de su discurso. Después de respaldar públicamente la reelección de la congresista republicana María Elvira Salazar, De la Espriella recibió un duro cuestionamiento del demócrata Gregory Meeks, quien calificó de inaceptable la intervención de un mandatario extranjero en las elecciones estadounidenses.

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De la Espriella pasó de elogiar a una candidata republicana a publicar un mensaje defendiendo la cooperación con demócratas y republicanos. La rectificación de tono ocurrió después de que Meeks advirtiera que sus declaraciones podían poner en peligro el respaldo bipartidista a Colombia. El congresista incluso pidió que dejara de involucrarse en una contienda que corresponde decidir a los estadounidenses.
La polémica comenzó con un video difundido por María Elvira Salazar, representante del Distrito 27 de Florida, quien busca un cuarto mandato en la Cámara de Representantes. En la grabación, De la Espriella afirmó que la legisladora es «la mejor amiga de Colombia en el Congreso de los Estados Unidos» y destacó su respaldo a los intereses colombianos.
Ranking Member @RepGregoryMeeks issued the following statement after Colombian President Abelardo de la Espriella weighed in on U.S. House elections: https://t.co/O2bFcOMreB
— House Foreign Affairs Committee Dems (@HouseForeign) October 15, 2026
El mensaje adquirió relevancia electoral porque fue utilizado por la propia campaña de Salazar antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. En su distrito viven más de 38.000 colombianos, equivalentes a cerca del cinco por ciento de la población local. La intervención del presidente extranjero provocó cuestionamientos sobre su participación en asuntos electorales estadounidenses.
La reacción más contundente llegó de Gregory W. Meeks, principal representante demócrata en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara. El legislador cuestionó que un jefe de Estado extranjero se involucrara en una elección estadounidense y recordó que la relación bilateral ha dependido históricamente de acuerdos entre las dos principales fuerzas políticas de Washington.
«El pueblo estadounidense decide quién lo representa en la Cámara, no líderes extranjeros», manifestó Meeks en su declaración. También advirtió que las actuaciones del presidente colombiano podían erosionar décadas de cooperación. El pronunciamiento fue difundido por los demócratas del Comité de Asuntos Exteriores y recogido por medios nacionales e internacionales.
Meeks fue más allá de una crítica protocolaria. El congresista señaló que, si De la Espriella deseaba preservar la buena voluntad bipartidista que sostiene la colaboración entre ambos países, debía detener sus intervenciones electorales. Su advertencia concluyó con una expresión que evidenció la atención del Congreso estadounidense sobre el episodio. «El Congreso estará atento».
Colombia y Estados Unidos tenemos 204 años de fructíferas relaciones; en Colombia hemos mantenido apoyo multipartidista y, en Estados Unidos, el respaldo de esta alianza, a lo largo de su historia, lo han refrendado republicanos y demócratas. Mi Gobierno, el de la Patria Milagro, tiene el firme propósito de honrar ese legado y seguir fortaleciéndolo. Colombia y Estados Unidos son las dos democracias más antiguas del hemisferio occidental. El respeto a nuestras instituciones, la defensa de la democracia y el apoyo de los partidos han permitido construir una relación que trasciende gobiernos y diferencias políticas. Hoy reafirmo ese compromiso, que nuestro equipo de Cancillería y la embajadora en Washington, María Consuelo Araújo, llevan a la práctica cada día. Tengo un profundo respeto por quienes, desde distintas posiciones políticas, han contribuido a fortalecer los vínculos entre nuestras naciones. Más allá de afinidades personales o coincidencias en asuntos específicos, juntos trabajamos en profundizar la cooperación con todos los sectores políticos estadounidenses y el pueblo norteamericano. Estados Unidos ha sido y seguirá siendo un aliado fundamental y estratégico de Colombia. Nuestros intereses compartidos y el respeto mutuo seguirán guiando esta relación. ¡Firme por la Patria! ¡Viva Cristo Rey! (A.D.L.E.) 🇨🇴🐅
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) October 15, 2026
La cercanía entre Abelardo de la Espriella y María Elvira Salazar tiene antecedentes. En medios se han documentado aportes de la familia del mandatario a campañas de la republicana desde 2018, por un total de 92.000 dólares. La congresista, por su parte, viajó a Barranquilla en junio de 2026 para acompañar al entonces candidato presidencial después de su victoria electoral.
Esa relación personal y política explica el respaldo público, pero también ayuda a comprender las objeciones del Partido Demócrata. El cuestionamiento no se centró en la amistad entre ambos dirigentes, sino en que un presidente en ejercicio participara mediante un video utilizado en la campaña de una candidata a la Cámara de Representantes estadounidense.
Tras las críticas, De la Espriella publicó un extenso mensaje en X en el que destacó los 204 años de relaciones entre Colombia y Estados Unidos. El mandatario recordó que la alianza ha recibido respaldo tanto de republicanos como de demócratas y aseguró que su Gobierno pretende fortalecer esos vínculos por encima de las diferencias partidistas.
«Tengo un profundo respeto por quienes, desde distintas posiciones políticas, han contribuido a fortalecer los vínculos entre nuestras naciones», escribió. También afirmó que la cooperación bilateral debe mantenerse «más allá de afinidades personales o coincidencias en asuntos específicos». El nuevo mensaje contrastó con el respaldo individualizado que había expresado previamente a la congresista republicana.
Repito: se equivoca Abelardo de la Espriella al opinar sobre los procesos electorales en otros países. En esta ocasión, con sus declaraciones de apoyo a la representante María Elvira Salazar, que compite por conservar su curul como representante en la Florida. Las declaraciones de DLE han ocasionado un fuerte rechazo por parte de Grek Meeks, el representante demócrata más antiguo en el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara del Congreso norteamericano y, con toda probabilidad, su próximo presidente, además de, él también, tradicional amigo de Colombia. Las declaraciones de DLE ponen en peligro el apoyo bipartidista al país, construido y cuidadosamente preservado desde las administraciones de Clinton y Pastrana. Las relaciones exteriores no pueden manejarse con criterios ideológicos o de simpatías personales, sino sobre la base de la defensa de los intereses nacionales. Y debe hacerse con base en el respeto del derecho internacional que, hay que volver a recordarlo, prohibe la intervención en los asuntos internos de otros países
— Rafael Nieto Loaiza (@RafaNietoLoaiza) October 15, 2026
De la Espriella mencionó expresamente a la Cancillería y a la embajadora colombiana en Washington, María Consuelo Araújo, como responsables de mantener la cooperación con los distintos sectores políticos estadounidenses. Insistió en que Estados Unidos seguirá siendo un aliado estratégico de Colombia y que los intereses compartidos deben prevalecer sobre las diferencias políticas.
El pronunciamiento fue interpretado por medios nacionales como una moderación de su posición inicial. Algunos han hablado de recular diplomáticamente. Su respuesta consistió en reafirmar el carácter bipartidista de la relación, después de que un dirigente demócrata cuestionara públicamente su actuación. La controversia también motivó gestiones diplomáticas adicionales. Se informó el 16 de octubre que De la Espriella tenía previsto comunicarse telefónicamente con Gregory Meeks para abordar sus preocupaciones y reiterar su compromiso con ambos partidos.
El episodio dejó planteada una discusión sobre los límites de la participación de mandatarios extranjeros en campañas electorales estadounidenses. Para Meeks, la intervención podía perjudicar una relación estratégica construida durante generaciones. Para De la Espriella, su mensaje posterior buscó reafirmar que Colombia mantiene vínculos institucionales con las dos principales fuerzas políticas de Estados Unidos.





