De la Cruz de Boyacá a la cárcel: Jorge Visbal Martelo, el hombre exaltado por Uribe que hoy paga condena por paramilitarismo

La captura de Jorge Visbal Martelo destapó el contraste más indignante del poder en Colombia: un exjefe de Fedegán condenado por paramilitarismo que pasó de recibir honores y cargos diplomáticos a enfrentar la cárcel por sus vínculos con las AUC.

La captura de Jorge Visbal Martelo no solo marca el final judicial de uno de los hombres más influyentes del gremio ganadero, sino que reabre una herida política y moral que hoy genera profunda indignación en el país. El exsenador y expresidente de Fedegán fue detenido en un retén policial en zona rural de Ponedera, Atlántico, para cumplir una condena de nueve años de prisión por concierto para delinquir agravado y vínculos con el paramilitarismo, una sentencia que la Corte Suprema de Justicia dejó en firme en agosto pasado. La escena del poderoso dirigente reducido por una orden judicial contrasta de manera brutal con los honores y cargos que recibió en el pasado desde las más altas esferas del poder.

La Policía Nacional confirmó que la captura se produjo cuando los uniformados verificaron sus antecedentes y encontraron vigente una orden emitida por el Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado. “En desarrollo de procedimientos de control y registro realizados en el municipio de Ponedera, uniformados de la Policía Nacional verificaron los antecedentes del ciudadano Jorge Visbal Martelo, evidenciando una orden de captura vigente emanada por el Juzgado Penal del Circuito Especializado 5 de Cundinamarca, por el delito de concierto para delinquir agravado”, señaló la institución. Tras su aprehensión, Visbal fue puesto a disposición de la autoridad judicial y trasladado a Bogotá para iniciar el cumplimiento de la pena.

El fallo de la Corte Suprema fue demoledor al concluir que Visbal Martelo se apartó de su rol institucional y actuó como un “asesor de alto nivel” de Carlos Castaño, jefe máximo de las Autodefensas Unidas de Colombia, llegando incluso a sugerir movimientos y traslados de tropas paramilitares según conveniencias estratégicas. La sentencia dio pleno crédito a las declaraciones de exjefes paramilitares como Salvatore Mancuso y Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’, quienes relataron encuentros directos entre Visbal y Castaño durante los años en que el dirigente acumulaba poder gremial y político.

La indignación se profundiza al recordar que, en pleno desarrollo de esos hechos investigados entre 1998 y 2005, Jorge Visbal Martelo no solo era presidente ejecutivo de Fedegán, cargo que ocupaba desde 1991, sino que además fue premiado y promovido por el Estado. El 13 de julio de 2004, el Gobierno Nacional lo designó como embajador extraordinario y plenipotenciario ante el Gobierno de Canadá mediante el decreto 2239, firmado por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez y la canciller Carolina Barco. El nombramiento se hizo cuando el cargo estaba vacante y Visbal era presentado como un empresario ejemplar, administrador de empresas de la Universidad Externado, gerente de compañías agropecuarias y miembro de múltiples juntas directivas del sector público y privado.

Pero el episodio que hoy genera mayor repudio ocurrió el 10 de diciembre de 2003, cuando Álvaro Uribe Vélez, en un acto solemne por los 40 años de Fedegán, entregó al gremio la Orden de Boyacá en el Grado de Cruz de Plata, exaltando públicamente a Jorge Visbal Martelo como símbolo de heroicidad. “Entrego a la Federación Colombiana de Ganaderos la Orden de Boyacá en el Grado de Cruz de Plata, con la convicción de que al hacerlo, el Gobierno cumple bien el legado encomendado por el Libertador: Reconocer a los mejores”, dijo Uribe en su discurso, en el que calificó a Fedegán como “un baluarte de la democracia en el campo” y aseguró que “después de los miembros de la Fuerza Pública, los ganaderos han puesto la más alta cuota de sacrificio en la defensa de la democracia colombiana”.

El entonces mandatario fue más allá y afirmó: “Entrego con orgullo esta medalla al Presidente de Fedegan, un héroe sobreviviente de esta lucha por salvar la democracia”, para luego rematar con una frase que hoy resulta escandalosa a la luz de la condena judicial: “La Cruz de Boyacá queda a partir de esta noche en un gremio dirigido por alguien que es ejemplo de valor civil y que es un estímulo para persistir en nuestra tarea de desterrar de Colombia cualquier asomo de terrorismo”.

Hoy, mientras Visbal Martelo es conducido a prisión por sus nexos con estructuras paramilitares responsables de masacres, desplazamientos y terror, esas palabras y esos reconocimientos pesan como una mancha histórica. La captura del exdirector de Fedegán no solo evidencia la infiltración del paramilitarismo en sectores del poder económico y político, sino que deja al descubierto cómo un hombre hoy condenado fue exaltado, premiado y enviado como embajador del país, en uno de los capítulos más vergonzosos y contradictorios de la historia reciente de Colombia.

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