Una nueva tormenta política sacude el escenario nacional y tiene como protagonista al exconcejal Daniel Briceño, hoy aspirante al Congreso por el Centro Democrático, señalado directamente por el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, de promover discursos cargados de odio y de incurrir en una presunta conducta antisindical contra Fecode, el sindicato más grande del magisterio colombiano. La alerta no es menor: el propio jefe de la cartera laboral anunció que compulsará copias a la Fiscalía General de la Nación al considerar que las publicaciones del concejal podrían vulnerar la libertad sindical y configurar una posible violación del artículo 200 del Código Penal.
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El pronunciamiento del ministro surge tras una serie de publicaciones y mensajes difundidos por Briceño en redes sociales, en medio de su estrategia política para llegar a la Cámara de Representantes, en los que se burla y estigmatiza a docentes afiliados a Fecode, reavivando una narrativa que históricamente ha puesto en riesgo la vida y la dignidad del magisterio. Para el Gobierno, no se trata de simples opiniones: el contexto colombiano convierte este tipo de mensajes en una amenaza real.
Fecode es el impostor de la educación en Colombia. Desde la Cámara impulsaremos estas 4 cosas:
— Daniel F. Briceño (@Danielbricen) January 19, 2026
1. Evaluación obligatoria para profesores
2. Descuento de salario cuando marchen en horario de clases
3. Multiplicar los colegios en concesión
4. Crear el voucher educativo pic.twitter.com/7Inru2yrTC
Antonio Sanguino fue enfático al recordar que la organización sindical no es un privilegio ni una concesión ideológica, sino un derecho humano fundamental protegido por la Constitución y por convenios internacionales. “El derecho a la libertad sindical es un derecho humano y fundamental, protegido por la Constitución, el Código Sustantivo del Trabajo y los convenios 87, 98, 151 y 154 de la OIT”, explicó el ministro, dejando claro que el Estado tiene la obligación de garantizar su ejercicio efectivo y de actuar frente a cualquier intento de socavarlo.
El tono de la advertencia se endureció al poner sobre la mesa la historia de violencia que ha golpeado al magisterio. “Podrían constituir una conducta antisindical y un discurso de odio en un país donde el magisterio ha sido víctima histórica de estigmatización y violencia”, aseguró Sanguino, recordando que este tipo de señalamientos no son inocuos y, en el pasado, han terminado en amenazas, persecuciones y asesinatos. Las cifras son escalofriantes y desnudan la gravedad del problema: más de 6.100 hechos de violencia antisindical, 1.024 maestras y maestros asesinados, más de 3.170 docentes amenazados, 1.549 desplazados, 49 atentados y 78 desapariciones forzadas, según el Sistema de Información de Derechos Humanos de la Escuela Nacional Sindical.
¡Grotesca actuación que promueve el odio y constituye un acto de violencia anti sindical. El derecho a la libertad sindical es un derecho humano y fundamental, protegido por la Constitución, el Código Sustantivo del Trabajo y los convenios 87, 98, 151 y 154 de la OIT, así como… https://t.co/xiVZDan0tc
— Antonio Sanguino (@AntonioSanguino) January 19, 2026
Desde su cuenta en X, el ministro fue aún más contundente y calificó la conducta de Briceño como una “grotesca actuación que promueve el odio y constituye un acto de violencia antisindical”, reafirmando que el Ministerio del Trabajo, como autoridad administrativa laboral, es competente para actuar frente a cualquier conducta que atente contra la libertad sindical. En coherencia con esa postura, anunció el inicio de actuaciones administrativas y la compulsa de copias a la Fiscalía por la presunta violación del artículo 200 del Código Penal.
El mensaje político es claro y marca una línea roja: las reformas educativas y los debates sobre el modelo de país no pueden darse desde la estigmatización ni el señalamiento peligroso. “Las reformas educativas se debaten con argumentos, evidencia y diálogo social, no con discursos que ignoran una historia de persecución”, advirtió Sanguino, dejando en evidencia que el discurso que hoy abandera Daniel Briceño no solo revive viejas prácticas del uribismo, sino que pone en la mira a un sector que ya ha pagado un alto precio en vidas humanas.
Mientras Briceño intenta proyectarse como una nueva cara del Centro Democrático rumbo al Congreso, el Gobierno del Cambio cierra filas con Fecode y con el sindicalismo, ratificando su compromiso de defender “la libertad sindical, la vida y la dignidad del magisterio”. En un país marcado por la violencia política, el mensaje final es contundente: los discursos de odio no son opinión, son un riesgo, y el Estado no está dispuesto a mirar hacia otro lado.





