Contra todo el libreto catastrofista que venía agitando la oposición colombiana durante semanas, el encuentro entre Gustavo Petro y Donald Trump en la Casa Blanca terminó siendo un golpe seco para quienes soñaban con ver al presidente colombiano sancionado, aislado o incluso “capturado” por Washington. No hubo regaños, no hubo castigos ni mucho menos sanciones. Hubo sonrisas, halagos, acuerdos y un mensaje claro: Colombia y Estados Unidos vuelven a caminar juntos a pesar de las diferencias, y la oposición quedó, literalmente, viendo un chispero.
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Lejos del choque que sectores del uribismo y la derecha daban por hecho, y casi celebraban antes de tiempo, la reunión se desarrolló en un ambiente cordial, respetuoso y con compromisos concretos. El propio Gustavo Petro lo resumió con una frase en medio de una rueda de prensa que desmontó la narrativa del desastre que impulsaban sus contradictores: “No nos golpeamos ni nos aruñamos, buscamos soluciones”. Una declaración que cayó como baldado de agua fría para quienes apostaban a una humillación internacional del mandatario.
🇨🇴🇺🇸 | Gustavo Petro tras su encuentro con Donald Trump: "La reunión fue positiva (…) Siento confusión alrededor de la realidad que acontece en problemas como el narcotráfico y la energía. Podemos ser muy diferentes pero lo que nos junta es la libertad". pic.twitter.com/2ScGc0Abcd
— Alerta Mundial (@AlertaMundoNews) February 4, 2026
Donald Trump, por su parte, no solo evitó cualquier gesto hostil, sino que sorprendió con palabras impensables para quienes pedían mano dura contra Petro. “Gustavo, un gran honor. Yo amo a Colombia”, escribió el presidente estadounidense en un recuerdo del encuentro. Más tarde fue aún más claro: “Nos llevamos muy bien. No éramos los mejores amigos, pero nunca me sentí ofendido… Me pareció una persona genial”. Un tono que dejó sin piso el discurso opositor que venía anunciando una supuesta ruptura definitiva con Washington.
Pero el verdadero terremoto político vino cuando se conoció que Trump acogió una de las tesis centrales del gobierno Petro en la lucha contra el narcotráfico: ir contra los grandes capos y no contra los campesinos. Según una fuente cercana a la reunión, el mandatario estadounidense entendió y respaldó la idea de que los cultivadores son víctimas de las mafias, no el enemigo principal. La respuesta de Trump fue directa y demoledora para el relato opositor: “Vamos con toda contra los capos”. Justo lo contrario de lo que pedían quienes exigían fumigaciones, sanciones y castigos indiscriminados.
"Gustavo: Un gran Honor.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) February 3, 2026
Amor a Colombia". Donald Trump. pic.twitter.com/1Tl7eIbAPr
Mientras la oposición apostaba al fracaso, Petro salió fortalecido. Expertos en Washington calificaron el encuentro como un éxito rotundo. El exdiplomático Lawrence Gumbier aseguró que se trató de “un paso para restablecer las buenas relaciones entre los países” y destacó el ambiente “cortés y respetuoso”. Incluso analistas señalaron que la reunión superó las expectativas de ambos gobiernos, desmontando los augurios negativos que circulaban en sectores políticos y mediáticos de Colombia.
La escena fue aún más simbólica cuando se supo que la reunión, prevista para una hora, se extendió casi al doble y contó con figuras clave de la administración Trump. Del lado colombiano, la delegación llevó un mensaje contundente: Colombia sigue siendo “el aliado número uno contra el narcoterrorismo”, una frase que el embajador Daniel García-Peña tuvo visible durante el encuentro y que contrasta con el discurso de la oposición, que insiste en pintar al país como un paria internacional bajo el gobierno Petro.
President Donald J. Trump meets with Colombian President Gustavo Petro at the White House. pic.twitter.com/1v05LZ4AP1
— The White House (@WhiteHouse) February 3, 2026
En la rueda de prensa posterior, el presidente colombiano volvió a marcar distancia del tono alarmista de sus críticos y reiteró que el diálogo se concentrará en lo que une a ambos países. “Nos diferenciamos, pero nos agarramos de lo que nos une”, dijo, dejando claro que la diplomacia reemplazó al choque que algunos deseaban. También recordó los avances concretos de su gobierno: récord de extradiciones, incautación de miles de toneladas de cocaína y programas de sustitución voluntaria que buscan proteger a los campesinos, un enfoque que la oposición nunca quiso reconocer.
Como si fuera poco, Petro cerró el capítulo con un gesto cargado de simbolismo político al modificar la gorra que le regaló Trump. “Le puse una ‘s’ a América, para aclarar que hay que hacer a las Américas, en plural, grandes de nuevo”, explicó. Un mensaje que resume el fondo de la visita: diálogo entre iguales, sin sumisión ni chantajes, algo que incomoda profundamente a quienes preferían ver a un presidente arrodillado ante Estados Unidos.
Al final, la reunión no solo salió bien para Petro, salió bien para Colombia. Y mientras el presidente regresó con acuerdos, reconocimiento internacional y una relación descongelada con Washington, la oposición se quedó con las manos vacías, viendo cómo se les caía, una vez más, el libreto del miedo que habían vendido con tanto entusiasmo.





