¡Se cayó un ídolo! Es un hecho: Fiscalía abrió investigación contra Lucho Herrera por desaparición forzada

La Fiscalía puso contra las cuerdas a Lucho Herrera al abrir una investigación por desaparición forzada y citarlo a indagatoria, un caso que sacude al país y marca la caída de uno de los ídolos más grandes del deporte colombiano.

A Colombia se le sacudió uno de sus pedestales deportivos. La Fiscalía General de la Nación abrió una investigación formal contra Luis Alberto ‘Lucho’ Herrera, el hombre que durante décadas fue sinónimo de orgullo nacional, y lo citó a indagatoria por su presunta participación en la desaparición forzada de cuatro personas en zona rural de Fusagasugá. El ídolo de la Vuelta a España de 1987 hoy aparece en el centro de un expediente que lo señala de haber contactado a estructuras paramilitares para que se llevaran, en contra de su voluntad, a vecinos de su propio municipio natal.

Según el ente acusador, los hechos ocurrieron el 23 de octubre de 2002, en uno de los momentos más crudos del conflicto armado en Cundinamarca. De acuerdo con la investigación, Herrera habría tenido nexos con las Autodefensas Campesinas del Casanare, grupo armado ilegal que tenía presencia activa en la región del Sumapaz, para atentar contra cuatro personas que habitaban predios colindantes con propiedades de su familia. Dos de esas víctimas permanecieron desaparecidas durante más de una década hasta que sus cuerpos fueron hallados en 2008 en un terreno de Silvania, y solo en diciembre de 2025 pudieron ser plenamente identificados y entregados a sus familiares.

La propia Fiscalía dejó constancia de la gravedad del caso al señalar que “los cuerpos de dos de las víctimas fueron encontrados en 2008, en un terreno de Silvania, Cundinamarca, y entregados a sus familiares en diciembre de 2025, luego de que el Grupo Interno de Trabajo de Búsqueda, Identificación y Entrega de personas desaparecidas (GRUBE) obtuviera las muestras biológicas para establecer la plena identidad. Entre tanto, continúa la búsqueda de los otros dos desaparecidos”. No se trata de rumores ni de versiones sueltas, sino de un proceso en manos de una fiscal especializada en violaciones a los derechos humanos.

La decisión de llamar a indagatoria a Lucho Herrera y a su hermano Rafael Herrera bajo la Ley 600 de 2000 se tomó después de varias diligencias en las que el exciclista rindió versión ante la Fiscalía. La audiencia está programada para el próximo 6 de febrero en Bogotá. En paralelo, el ente investigador abrió un proceso aparte contra Rafael Herrera por el delito de acceso carnal violento, tras conocerse denuncias de un presunto abuso sexual a una menor de edad, un hecho que agrava aún más el oscuro panorama judicial que hoy rodea al apellido Herrera.

A través de su abogado, Hernando Benavides, el exciclista ha intentado presentarse como víctima del proceso y negar cualquier responsabilidad. En un comunicado difundido el año pasado, Herrera aseguró: “Hace más de ocho años me presenté a la Fiscalía a comunicar estos hechos de los que fui y sigo siendo víctima. Hoy nuevamente pongo el pecho, como lo hice en las más empinadas y dolorosas batallas de mi vida, con la tranquilidad de quien acude con la verdad”. Sin embargo, esas palabras contrastan con el dolor de las familias que durante más de 20 años han buscado a sus seres queridos y con las pruebas que hoy reposan en un expediente penal.

El caso ha generado un profundo rechazo porque no se trata de un ciudadano cualquiera. Lucho Herrera fue elevado al rango de héroe nacional, celebrado como el primer colombiano en conquistar una gran vuelta europea y convertido en símbolo de esperanza para generaciones enteras. Hoy, ese relato glorioso se quiebra frente a señalamientos que lo vinculan con uno de los crímenes más atroces del conflicto: la desaparición forzada. Para muchos, no hay victoria deportiva que pueda justificar, ni borrar, la posible participación en hechos que destrozaron vidas y comunidades enteras.

Mientras la justicia avanza y se mantiene el principio de presunción de inocencia, el impacto ya es irreversible en el imaginario colectivo. A Colombia se le ha caído un héroe, y el país asiste con indignación al derrumbe de una figura que durante años fue intocable. Si los señalamientos se confirman, no solo se trataría de un escándalo judicial, sino de una herida moral que recuerda que ningún triunfo deportivo puede estar por encima de la vida, la dignidad y la memoria de las víctimas.

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