¡Se les acabó el secreto! Petro hizo realidad el decreto que destapa los archivos del DAS y pone a temblar a los que vivieron ocultando la verdad

Con la apertura de los archivos secretos del DAS, Gustavo Petro sacude el pasado oscuro del Estado y desata el miedo de quienes durante años hicieron todo para que la verdad nunca saliera a la luz.

Con un decreto que sacude los cimientos del poder y revive los fantasmas más oscuros del Estado, el presidente Gustavo Petro ordenó abrir lo que durante décadas permaneció sellado bajo llave: los archivos del extinto Departamento Administrativo de Seguridad. El Decreto 1400 del 22 de diciembre de 2025 marca un antes y un después en la historia reciente de Colombia y deja claro que, esta vez, la verdad no se seguirá escondiendo en cajas polvorientas ni en silencios cómplices.

Más de 57.000 cajas de documentos, custodias durante años en el Archivo General de la Nación, comenzarán a salir a la luz. Son papeles que hablan de seguimientos, interceptaciones, persecuciones y operaciones de inteligencia que muchos preferían que jamás fueran leídas. Por eso, hoy, el nerviosismo no es gratuito: tiemblan quienes construyeron su poder desde la sombra, quienes siempre apostaron por el olvido y la impunidad como política de Estado.

Petro ya lo había advertido públicamente en octubre, y esta vez cumplió. “Esto está en el Archivo General de la Nación. Hay todo un proceso de ordenamiento, de anonimización en donde hay un comité para ello, porque hay nombres que no deben aparecer, no de los culpables, sino por otras razones que están también regidas y que hay que ponerle cuidado a la anonimización. Entonces queda firmado el decreto de desclasificación de los archivos del DAS”, dijo el mandatario, dejando claro que la apertura será responsable, técnica y ajustada a la ley.

El decreto no es un salto al vacío. La Procuraduría General de la Nación vigilará el proceso de custodia, consulta y depuración de los archivos de inteligencia y contrainteligencia, mientras el Archivo General de la Nación tendrá la tarea de digitalizar los documentos para garantizar el mayor acceso posible. A su vez, la Dirección Nacional de Inteligencia deberá rendir informes semestrales sobre el avance del proceso, en un ejercicio de transparencia que contrasta con décadas de secretismo institucional.

La decisión también se alinea con los autos de la Jurisdicción Especial para la Paz y con las obligaciones internacionales del Estado colombiano. Petro recordó que la desclasificación responde, entre otras cosas, al fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Cajar vs. Colombia, que declaró al Estado responsable por persecuciones, interceptaciones ilegales y campañas de estigmatización contra defensores de derechos humanos. “La desclasificación de los archivos del DAS comienza hasta ahora”, sentenció el presidente durante el acto oficial en la Casa de Nariño.

En ese mismo escenario, el jefe de Estado ofreció disculpas públicas a las víctimas y asumió la responsabilidad histórica del Estado. “Los que tienen que dar las disculpas no están aquí. Sino que yo, a nombre del Estado, que hay que configurar, porque no soy de las personas que cometieron los genocidios, las violaciones de derechos humanos, a nombre de ese Estado que aún no está, pido disculpas por lo que hizo en Colombia”, afirmó, en un mensaje que golpeó de frente a quienes durante años negaron los abusos o los justificaron.

La apertura de estos archivos no es solo un trámite administrativo: es una amenaza directa para quienes construyeron carreras, fortunas y discursos desde el miedo y la persecución. Es lógico que haya temor. El ocultamiento sistemático de la información fue una herramienta de poder, y su fin expone responsabilidades políticas, institucionales y morales.

Petro fue contundente al señalar que la verdad es la base de la justicia y la no repetición. “La verdad es en primer lugar lo que puede garantizar No repetición”, dijo, vinculando la desclasificación con el cierre de ciclos de impunidad que aún pesan sobre el país. Hoy, con los archivos del DAS a punto de hablar, Colombia entra en una etapa incómoda para algunos, pero necesaria para una democracia que ya no acepta más silencios impuestos.

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