La ambición electoral de Vicky Dávila terminó desatando una tormenta de indignación nacional luego de que la candidata presidencial apareciera en La Guajira vestida con manta Wayuu, maquillada con símbolos ancestrales y bailando la yonna, una danza sagrada para ese pueblo indígena. Las imágenes, difundidas por la propia Dávila en sus redes sociales, fueron recibidas por miles de colombianos como un acto de oportunismo político y una instrumentalización descarada de una cultura históricamente golpeada, justo en plena carrera por los votos.
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En sus publicaciones, Dávila intentó presentar su visita como un gesto de respeto y cercanía, afirmando: “Las mujeres Wayuu le transmiten a uno su fuerza a través de su danza Yonna y de su maquillaje y su manta. Es un honor, un privilegio. Es tener su confianza. Yo les di mi palabra y seré su presidente, con el favor de Dios”. También publicó un video bailando la yonna acompañado del mensaje: “La Yonna, la danza WAYUU que estas mujeres maravillosas en La Guajira me enseñaron amorosas. Respeto por su cultura y creencias. Me las traigo en el corazón. Gracias VALIENTES”.
La Yonna, la danza WAYUU que estas mujeres maravillosas en La Guajira me enseñaron amorosas. Respeto por su cultura y creencias. Me las traigo en el corazón. Gracias VALIENTES✌️💕 pic.twitter.com/GAQLqDSzoh
— Vicky Dávila (@VickyDavilaH) January 29, 2026
Pero lejos de generar admiración, el espectáculo fue leído por muchos como una puesta en escena calculada para conquistar electores en un territorio históricamente olvidado por las élites políticas y mediáticas que hoy, de repente, dicen sentirse “honradas” por su cultura. La indignación creció aún más cuando Dávila apareció con prendas tradicionales wayuu, lo que para numerosos usuarios fue la prueba de que no se trataba de un simple acercamiento cultural, sino de una estrategia de campaña basada en el disfraz y la foto conveniente.
La respuesta más contundente llegó desde la propia voz del pueblo wayuu. La senadora Martha Peralta, integrante de esta comunidad, estalló contra lo que calificó como una utilización cínica de su identidad con fines electorales. “Ah, pero hacen un escándalo cuando me pongo jean y camiseta. Hoy aparecen otros disfrazándose de nuestras costumbres y de nuestra cultura para sacar votos, para posar en fotos y hacer politiquería y ahí sí guardan silencio. ¡Qué convenientes!”, escribió. Y fue más allá al recordar que la identidad no se usa por temporadas: “Yo no me visto de indígena por conveniencia electoral. Yo soy wayuu, hablante del Wayunaiki, parte de este territorio, de esta historia y de esta lucha, no solo en campaña. Nuestra cultura no es un accesorio ni un disfraz de ocasión. Se respeta, se vive y se defiende”.
Ah, pero hacen un escándalo cuando me pongo jean y camiseta. Hoy aparecen otros disfrazándose de nuestras costumbres y de nuestra cultura para sacar votos, para posar en fotos y hacer politiquería y ahí sí guardan silencio. ¡Qué convenientes!
— Martha Peralta Epieyú (@marthaperaltae) January 29, 2026
Yo no me visto de indígena por… pic.twitter.com/L5V0Khfz9z
Mientras Dávila insistía en justificarse diciendo: “No me disfrazo. Es un honor que ellas, las valientes mujeres WAYUU me han hecho. Nunca podría rechazarlo, me dieron su manta, su mochila y me pintaron la cara, es confianza”, el rechazo seguía creciendo en redes sociales. Para miles de colombianos, sus palabras no lograron ocultar lo evidente: una candidata que nunca había mostrado un compromiso real con estos territorios ahora los visita, se viste con sus símbolos y promete empoderamiento femenino justo cuando necesita votos.
El episodio dejó un sabor amargo y reavivó un debate profundo sobre la apropiación cultural y el uso de pueblos indígenas como escenografía electoral. Para muchos, lo ocurrido en La Guajira no fue un homenaje, sino una postal más de la vieja política: llegar solo en campaña, posar para la cámara, vestirse de lo que sea necesario y marcharse una vez cumplido el objetivo. Esta vez, sin embargo, la maniobra no pasó desapercibida y la indignación fue tan fuerte que convirtió el video de Vicky Dávila en símbolo de lo que muchos consideran una falta de respeto a la dignidad y a la historia del pueblo wayuu.





