¡Se le acabó la guachafita a Pastrana! 35 valientes mujeres rompen el silencio y lo acorralan por sus vínculos en los archivos Epstein, exigen investigaciones

Treinta y siete menciones en los Archivos Epstein y un silencio que retumba en Colombia. Treinta y cinco mujeres alzan la voz y exigen que se investigue a fondo la relación de Andrés Pastrana con la red del pederasta más infame del mundo.

Treinta y siete menciones en los Archivos Epstein. Correos electrónicos. Fotografías. Viajes. Y un silencio que cada vez pesa más. El nombre del expresidente Andrés Pastrana vuelve a estremecer el debate público luego de que 35 mujeres, periodistas, escritoras, abogadas y funcionarias, firmaran un manifiesto explosivo en el que exigen, sin rodeos, que se rompa el “pacto de silencio” alrededor de su relación con el pederasta Jeffrey Epstein y su socia, Ghislaine Maxwell.

La carta no es tibia. Es directa y demoledora. “Cualquier persona que hubiese sostenido un vínculo probado, confesado y ahora público con Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell tiene la obligación de dar las explicaciones suficientes a la ciudadanía”, advierten las firmantes. Y van más allá al señalar que las respuestas de Pastrana frente a sus múltiples menciones en los archivos desclasificados son “inaceptables”, como también lo es “el pacto de silencio que sobre el expresidente opera en los organismos del Estado, en buena parte de la clase dirigente y en la mayoría de los grandes medios de comunicación colombianos”.

El pronunciamiento llega tras la tercera gran revelación de documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, un paquete monumental que supera los tres millones de archivos, 2.000 videos y 180.000 imágenes. En ese océano de pruebas, el nombre de Pastrana aparece al menos 37 veces. Hay intercambios de correos con Maxwell en 2003 y 2004, referencias a viajes y coordinaciones logísticas en Nueva York. En uno de los mensajes revelados, fechado el 19 de marzo de 2004, el exmandatario escribe: “Una vez más, muchas gracias y déjame saber (sobre los preparativos)”. Dos días después, Maxwell responde confirmando detalles de recogida en el aeropuerto y del apartamento donde se hospedaría.

Las revelaciones no se limitan a correos. En años anteriores ya habían salido a la luz fotografías de Pastrana con Maxwell, incluso una en la que ambos aparecen abrazados y vestidos con uniformes de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. También se conoció una imagen en la casa de Epstein en Nueva York. Maxwell declaró que conoció a Pastrana en Dublín y que compartían intereses en la aviación. “Yo soy piloto de helicóptero, y Pastrana también lo es. Incluso volé un Blackhawk en Colombia”, afirmó. También sostuvo: “Viajamos con Pastrana a Colombia, y Epstein también estaba presente”.

Pastrana ha insistido en su defensa. En un reciente pronunciamiento escribió: “Nunca tuve conocimiento ni relación alguna con los horribles delitos que hoy son justo motivo de escándalo mundial”. Y agregó: “He reiterado una y otra vez que nunca viajé en el infame avión ni visité la infame isla. La vuelta en helicóptero por unos siete minutos en Tolemaida no es secreto de estado”. El expresidente calificó de temerario que un colectivo de periodistas ponga “en tela de juicio mi vida, mi moral y mi comportamiento”.

Pero las firmantes no se retractan ni bajan el tono. Recuerdan que en Colombia se abusa sexualmente de más de cincuenta menores al día y que en los últimos cinco años más de 100.000 niñas y adolescentes han sido víctimas de violencia sexual. “Los crímenes cometidos por Epstein y Maxwell y su amplia red de cómplices (…) deben ser objeto de exposición, investigación y sanción, si es del caso”, sentencian.

No son voces cualquiera. Entre quienes firman están Ana Bejarano, quien ya había denunciado la relación y fue amenazada con una demanda; Piedad Bonnett, Laura Ardila, Cecilia Orozco, Jineth Bedoya, María Jimena Duzán y Yolanda Reyes, entre muchas otras. Mujeres que han investigado el poder, que han enfrentado amenazas y que hoy coinciden en algo esencial: el silencio no puede seguir siendo la respuesta.

La pregunta ya no es solo qué sabía Pastrana y cuándo lo supo. La pregunta es por qué buena parte del establecimiento político y mediático colombiano ha optado por mirar hacia otro lado mientras en otros países las revelaciones han provocado capturas y terremotos institucionales. Si el nombre de un expresidente aparece repetidamente en los archivos de una de las redes de explotación sexual más infames del mundo, el mínimo democrático es investigar a fondo y poner la lupa sin contemplaciones.

Las mujeres que firmaron el manifiesto lo dicen con claridad: proteger los derechos de las niñas y de las mujeres “es un deber de obligatorio cumplimiento”. Y ese deber comienza por romper el silencio. Porque cuando se trata de abuso y trata de menores, callar no es neutral: es complicidad.

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