Traición y coimas: Emilio Tapia “sapea” a Karen Abudinen y destapa el escándalo de los 600 millones en Centros Poblados

Un interrogatorio oculto de Emilio Tapia sacude nuevamente el escándalo de Centros Poblados: el contratista salpica a Karen Abudinen y habla de presuntas coimas con una frase explosiva: “mire acá hay 600”.

El escándalo de Centros Poblados, ese que le costó al país miles de millones y dejó en evidencia el desastre en el Ministerio TIC durante el gobierno de Iván Duque, vuelve a estallar. Esta vez no por una auditoría ni por un fallo judicial, sino por un interrogatorio explosivo que estuvo guardado bajo llave y que ahora pone contra las cuerdas a la exministra Karen Abudinen. Y quien la señala directamente es nada más y nada menos que el polémico contratista Emilio Tapia, el mismo que hoy goza de libertad condicional.

Según reveló la revista Cambio, Tapia no solo habló: prácticamente “echó al agua” a la exministra y a varios supuestos intermediarios en un relato que huele a traición, reparto de favores y acuerdos bajo la mesa. En su declaración ante la Fiscalía en noviembre de 2021, el contratista describió una presunta operación para fraccionar el billonario contrato de conectividad escolar, valorado en más de un billón de pesos, con el objetivo de que la adjudicación fuera, en sus propias palabras, “más tranquila” y con menos ojos encima.

“Como este proyecto de centros digitales del Mintic no era de mi principal interés cuando me lo plantea el señor Juan Carlos Cáceres, él me dice que el proyecto es un solo contrato por 2.3 billones de pesos, pero que había que hacer una gestión para que el proyecto se dividiera en tres o cuatro grupos, porque de esa manera era más tranquila la adjudicación, no iba a tener muchos ojos encima”, declaró Tapia.

La bomba no se queda ahí. El contratista aseguró que un supuesto lobista, Hugo Buitrago, le prometió que podía mover los hilos directamente con la entonces ministra. “Buitrago me dijo que eso podía hacerlo y que debe hacer la gestión para lograr eso y yo le confirmo que eso sería ideal y él me dice que eso lo puede lograr directamente con la señora ministra (…) y que él hacía la tarea con la ministra porque él tenía una comida en la casa de la ministra”, relató.

¿Reuniones privadas? ¿Gestiones en cenas? ¿Modificación de pliegos? Todo según la versión de un hombre que ya fue condenado por corrupción y que ahora, en un movimiento que muchos interpretan como un intento de rebajar su responsabilidad moral, decidió repartir culpas.

Pero lo más escandaloso llega cuando Tapia describe la supuesta pelea interna por los porcentajes y menciona compromisos con la ministra. “Entonces Hugo decía que si solo le daban 5 mil millones qué le iba a dar a la ministra y a todos los compromisos que él había adquirido (…) que si no le daban lo que estaba pidiendo él iba a donde la ministra y le decía que esos manes (…) no estaban colaborando y que nosotros nos teníamos que atener a las consecuencias”, afirmó.

Y luego, la frase que retumba como dinamita política: “Yo le dije a Hugo que aún no nos habían pagado el anticipo (…) entonces él me dijo que le ayudara con mil millones (…) pero que no podía ser menos de mil porque él tenía que ir donde Karen y decirle, mire acá hay 600”.

“Acá hay 600”. Seiscientos millones que, según el relato, iban destinados a cumplir un “compromiso” que nunca se concretó porque el escándalo explotó antes. Tapia asegura que no entregó ningún dinero. Pero el solo hecho de que mencione cifras, supuestos acuerdos y presiones deja una sombra imposible de ignorar.

Desde la otra orilla, Abudinen ha rechazado tajantemente las acusaciones. Su defensa afirmó: “Se trata de declaraciones falsas de Emilio Tapia, a quien ella no conoce y tampoco le gustaría conocer. Tampoco conoce a quien en esos fragmentos aparece mencionado como Hugo Buitrago. Se trata de afirmaciones que hacen parte de la misma infamia que se ha querido construir en su contra”.

Lo cierto es que, mientras la exministra no ha sido vinculada penalmente y los entes de control la absolvieron administrativamente, la Fiscalía incluso impuso una medida cautelar sobre un apartamento de su propiedad. Y aunque no hay cargos formales por estos nuevos señalamientos, la duda pública ya volvió a instalarse.

Tapia, el mismo que fue protagonista del carrusel de la contratación en Bogotá, ahora actúa como delator. Pero su palabra, manchada por antecedentes, no es precisamente la más confiable. Sin embargo, sus declaraciones son tan específicas que resultan políticamente devastadoras. En un intento por no hundirse solo, decidió salpicar. Y al hacerlo, dejó flotando una pregunta incómoda: ¿estamos ante la confesión de un corrupto desesperado o ante el destape tardío de una red que aún no ha sido completamente expuesta?

Cinco años después, el fantasma de Centros Poblados no solo sigue vivo, sino que ahora habla. Y lo hace con nombres propios, cifras concretas y una frase que ya quedó grabada en la memoria colectiva: “mire acá hay 600”.

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