Un árbol, una cadena y una mujer decidida a no moverse marcaron una escena que sacudió a Bogotá y puso en evidencia el nivel de tensión que ha alcanzado el proyecto del corredor de la Séptima. Mientras avanzan los planes de infraestructura de la Alcaldía de Carlos Fernando Galán, una ciudadana optó por una forma extrema de protesta y se ató a un árbol para impedir que fuera talado, dejando al descubierto una disputa que ya no es solo técnica, sino profundamente social y ambiental.
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El gesto fue una reacción directa frente a una decisión que ha encendido alarmas en distintos sectores, no fue un acto aislado ni simbólico. El proyecto distrital contempla la tala de más de 2.000 árboles a lo largo de este corredor, una cifra que ha sido ampliamente cuestionada por ambientalistas, ciudadanos y expertos que advierten sobre el impacto que esto tendría en la cobertura vegetal y en el equilibrio ecológico de una de las zonas más importantes de la ciudad.
El momento quedó registrado en videos que circularon ampliamente en redes sociales y medios como Radio Nacional, donde se observa la intervención de la Policía Nacional para retirar a la mujer del lugar. La escena generó indignación en muchos ciudadanos, que ven en este tipo de acciones un reflejo del descontento frente a lo que consideran una decisión apresurada y poco dialogada.
#Bogotá| Una ciudadana se encadenó a un árbol en la carrera Séptima de Bogotá en rechazo al proyecto distrital del 'Corredor de la Séptima' que obligaría la tala de dos mil árboles. La acción se realizó para intentar detener la tala proyectada en este sector, motivada por la… pic.twitter.com/x3vlIjphGS
— RTVC Noticias (@RTVCnoticias) May 3, 2026
El trasfondo del conflicto es más complejo, pues la carrera Séptima es un eje histórico, ambiental y cultural de Bogotá. La presencia de árboles en esta zona no solo cumple una función estética, sino que regula temperatura, mejora la calidad del aire y sostiene biodiversidad urbana. La eliminación de más de 2.000 ejemplares plantea preguntas inevitables sobre las prioridades del proyecto.
El inicio de obras de Transmilenio el 30 de marzo de 2026 desató la tensión desde el primer día. La intervención arrancó entre las calles 119 y 121 con estudios previos, pero rápidamente generó protestas de habitantes y colectivos que rechazan el proyecto. Mientras la Alcaldía lo defiende como una solución de movilidad, en la calle crece la inconformidad y el reclamo por falta de diálogo.
El proyecto contempla 11,56 kilómetros entre las calles 99 y 200, con una inversión superior a 1,85 billones de pesos, 14 estaciones y un patio para más de 150 buses eléctricos. Aunque el Distrito asegura que beneficiará a 133.000 pasajeros diarios, las críticas se centran en el impacto ambiental y la tala de árboles. Carlos Fernando Galán insiste en que no se puede cambiar el proyecto por el contrato vigente, pero las protestas siguen escalando.
Distintos sectores han señalado que el costo ambiental podría ser demasiado alto, especialmente en un contexto donde las ciudades del mundo avanzan hacia modelos más sostenibles y menos agresivos con el entorno natural.
Una valiente mujer contra la motosierra: Liliana Buchelly se encadenó a un árbol en la carrera Séptima de Bogotá para denunciar la tala de cientos de árboles para construir Transmilenio.@CarlosFGalan
— Plataforma ALTO (@PlataformaALTO) May 4, 2026
Los árboles de la Séptima constituyen un corredor para muchas especies.… pic.twitter.com/WNtVH7wmAQ
El caso ha tomado fuerza también en redes sociales, donde muchos usuarios han amplificado la protesta y cuestionado directamente la gestión del alcalde Galán. El debate ya no se limita a especialistas sino que es un tema que está en la conversación pública y que moviliza a ciudadanos que ven en estos árboles un patrimonio que no debería ser sacrificado.
El contraste con el discurso ambiental resulta inevitable. Mientras a nivel nacional se promueven políticas de sostenibilidad, transición ecológica y protección del territorio, en Bogotá se abre un frente de discusión por una obra que implica una intervención masiva sobre el arbolado urbano. La incoherencia percibida es uno de los puntos que más alimenta la controversia.
Además, expertos han advertido que los procesos de compensación ambiental no siempre logran reemplazar el valor de los árboles talados. No es lo mismo plantar nuevos ejemplares que conservar árboles que llevan décadas cumpliendo funciones ecológicas. El tiempo, la ubicación y el contexto hacen que la pérdida sea difícil de revertir.
El proyecto de la Séptima se convierte así en un símbolo de una discusión más amplia. Desarrollo versus sostenibilidad. Movilidad versus medio ambiente. Decisiones técnicas versus participación ciudadana. Y en medio de todo, una escena que resume el conflicto de forma contundente.





