El ambiente que se vivió durante las actividades del 16 de junio en Cali y Cartago estuvo lejos de ser protocolario. Cientos de mujeres provenientes de distintas regiones y sectores sociales compartieron testimonios sobre desplazamiento forzado, violencia, desaparición de familiares y décadas de lucha por el reconocimiento de sus derechos. En cada intervención apareció una misma preocupación, que el país no retroceda en los procesos de verdad, reparación y construcción de paz que han costado años de esfuerzo a miles de víctimas. También que no vuelva a la violencia que están proponiendo algunos sectores políticos.
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Pilar Rueda, reconocida por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y por su trabajo con víctimas del conflicto armado, escuchó durante horas los relatos de mujeres que han cargado sobre sus hombros algunas de las heridas más profundas de la violencia colombiana. La antropóloga ha desarrollado buena parte de su carrera profesional en escenarios relacionados con la protección de derechos, la atención a víctimas y los procesos de justicia transicional, una experiencia que muchas de las asistentes destacaron durante los encuentros.
La jornada tuvo un fuerte componente simbólico. En una región golpeada históricamente por el conflicto armado, las reuniones sirvieron para recordar que detrás de las estadísticas existen historias humanas que siguen esperando respuestas. Varias de las participantes insistieron en que las víctimas no quieren ser utilizadas como una cifra electoral, sino escuchadas como protagonistas de la construcción del país.

Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando varias lideresas comunitarias relataron cómo han sostenido procesos sociales en medio de amenazas, desplazamientos y dificultades económicas. Los testimonios provocaron aplausos, lágrimas y mensajes de solidaridad entre las asistentes, que encontraron en el encuentro un espacio para compartir experiencias que normalmente permanecen invisibilizadas.
La presencia de Pilar Rueda también despertó interés por la historia personal que ha compartido durante los últimos meses. Diversos perfiles periodísticos han destacado que, además de ser la compañera de vida de Iván Cepeda, ha construido una trayectoria propia ligada a la defensa de los derechos humanos, la equidad de género y la búsqueda de garantías para las víctimas del conflicto. Esa combinación entre experiencia profesional y compromiso social fue resaltada por varias de las mujeres que participaron en las actividades.
En los encuentros se habló de vivienda digna, acceso a la educación, oportunidades para las mujeres rurales, protección de líderes sociales y reparación integral para las víctimas. Pero también hubo espacio para abordar preocupaciones sobre el clima de polarización política que atraviesa el país y los riesgos que enfrentan quienes defienden posiciones distintas en medio de la campaña presidencial.

Las asistentes insistieron en que las mujeres han sido fundamentales en los procesos de reconciliación y reconstrucción del tejido social en Colombia. Muchas recordaron que fueron precisamente las madres, las esposas y las hijas de las víctimas quienes mantuvieron vivas las exigencias de verdad y justicia cuando buena parte del país prefería guardar silencio.
Lo que ocurrió en Cartago y Cali trasciende una simple actividad política. Para muchas de las participantes, el encuentro representó la posibilidad de visibilizar luchas históricas que rara vez ocupan los titulares nacionales. En tiempos donde el debate público suele concentrarse en encuestas, polémicas y confrontaciones entre candidatos, las voces de las mujeres víctimas lograron abrirse paso y recordar que detrás de cualquier proyecto de país existen personas reales que siguen reclamando dignidad.
La imagen que quedó al final de la jornada fue la de decenas de mujeres reunidas alrededor de una misma convicción. Que la memoria no puede ser borrada, que las víctimas no pueden ser olvidadas y que las decisiones que tome Colombia en los próximos años tendrán consecuencias directas sobre millones de ciudadanos y ciudadanas que todavía esperan verdad, reparación y garantías para construir una vida lejos de la violencia. En medio de una campaña cada vez más intensa, ese mensaje resonó con fuerza desde el Valle del Cauca hasta el resto del país.





