Luego de los efectos del terremoto que sacudió a Colombia la emergencia también termina funcionando como una radiografía brutal de las desigualdades nacionales y llevó al diario The Economist, una de las publicaciones internacionales de mayor influencia en el mundo, a lanzar un duro cuestionamiento sobre las primeras decisiones de la administración de Abelardo de la Espriella.

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La revista internacional cuestionó particularmente una decisión que hoy vuelve a cobrar relevancia política, la negativa de De la Espriella a participar plenamente en el proceso de empalme con el Gobierno de Gustavo Petro. De acuerdo con The Economist, esa determinación dejó a la nueva administración con menos información y capacidades justo cuando tuvo que enfrentarse a una de las mayores emergencias de sus primeros días.
El análisis de la revista británica, titulado Un gran terremoto revela dos Colombias muy diferentes, puso sobre la mesa una realidad que durante años ha sido denunciada por comunidades y organizaciones sociales. No todos los colombianos enfrentan una tragedia con las mismas herramientas, los mismos recursos ni la misma capacidad institucional. Y el terremoto volvió a demostrarlo de la manera más dolorosa.
Hundreds of people have died and thousands have been injured after a 7.4 magnitude earthquake struck Colombia on Monday. President Abelardo de la Espriella has taken charge of the response but the earthquake is revealing local deprivation. The Economist travelled to one of the… pic.twitter.com/XWWdfV7dY8
— The Economist (@TheEconomist) August 12, 2026
The Economist concentró buena parte de su análisis en el contraste entre Chocó y Valle del Cauca. En Cali, según la publicación, los equipos especializados enviados desde Bogotá permitieron rescatar a 86 personas. En Quibdó, en cambio, la falta de maquinaria y las enormes dificultades para movilizar recursos revelaron las consecuencias de décadas de abandono institucional.
El testimonio de Alberto, habitante de Quibdó citado por la revista, resume en pocas palabras la dimensión de la crisis. “El municipio está en mal estado”, afirmó al referirse a las dificultades para disponer de equipos que permitieran remover los escombros. Ese contraste es precisamente el corazón del artículo. The Economist habla de dos Colombias muy diferentes, una con mayores capacidades para responder ante una emergencia y otra que llega a una catástrofe cargando décadas de pobreza, precariedad en infraestructura, dificultades hospitalarias y presencia de grupos armados.
La Silla Vacía retomó el análisis bajo un título contundente, Con terremoto, Abelardo paga precio de no tener empalme. El medio destacó que The Economist calificó de “tonta” la decisión de suspender el empalme y señaló que el resultado fue que el nuevo Gobierno quedó sin información que podía necesitar de manera urgente.
La crítica no es menor. Un proceso de transición entre gobiernos no es simplemente una formalidad política. En una emergencia nacional puede significar la diferencia entre saber dónde están los recursos, qué contratos están vigentes, cuáles son las capacidades disponibles y qué problemas arrastra cada territorio, o tener que empezar a reconstruir esa información en medio del caos.
The new president, Abelardo de la Espriella, took office three days before it struck https://t.co/nJMv2gU6sh
— The Economist (@TheEconomist) August 12, 2026
The Economist también puso la lupa sobre otra promesa de De la Espriella. Durante la campaña, el mandatario había planteado trasladar parte de la operación presidencial hacia Barranquilla, su ciudad de origen. Sin embargo, la tragedia terminó obligándolo a regresar a Bogotá para coordinar la respuesta nacional.
La razón es evidente. Bogotá concentra ministerios, organismos de emergencia, medios de comunicación y buena parte de los aliados internacionales que pueden movilizar ayuda rápidamente. La propia revista señaló que la emergencia obligó al presidente a ser más pragmático de lo que había sugerido durante la campaña.
El dato adquiere todavía mayor fuerza cuando se observa lo que estaba ocurriendo en Chocó. La región más golpeada por el desastre también es una de las que enfrenta mayores dificultades estructurales. Según lo recogido por medios nacionales, el departamento, con una población mayoritariamente afrocolombiana e indígena, no cuenta con la misma capacidad hospitalaria ni logística que otras zonas del país.
La tragedia también encontró a una entidad fundamental para atender emergencias en una situación complicada. The Economist cuestionó las condiciones financieras de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, una institución que heredó la nueva administración.
El terremoto, además, obligó a la administración a tomar decisiones que no necesariamente estaban en el libreto inicial. De la Espriella declaró el desastre nacional, decretó tres días de duelo nacional y concentró su agenda en la atención de las zonas afectadas. También anunció ayudas para las familias que perdieron sus viviendas y puso en marcha mecanismos para conseguir recursos adicionales. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez, anunció que Colombia solicitaría al Banco Mundial préstamos de hasta 450 millones de dólares para financiar parte de la respuesta y la recuperación.
#MUNDO | La revista The Economist publica este miércoles un artículo con críticas al presidente Abelardo de la Espriella y una radiografía social de Colombia que quedaron en evidencia tras el terremoto de esta semana. La disparidad en Colombia se refleja en el nivel de atención… pic.twitter.com/dJ1tx9NTvo
— ÚltimaHoraCaracol (@UltimaHoraCR) August 12, 2026
Pero la cifra y los anuncios no eliminan las preguntas que plantea The Economist. Por el contrario, hacen todavía más urgente que el país conozca cómo se distribuirán los recursos, quién vigilará su ejecución y cuánto llegará efectivamente a las comunidades que están enfrentando las consecuencias del desastre.
Precisamente por eso, el artículo resulta especialmente incómodo para la administración. No se trata simplemente de una crítica política lanzada desde la oposición. Es una publicación internacional que pone bajo observación las primeras decisiones de una persona que acaba de llegar al poder y que ahora debe demostrar que puede responder a una emergencia que no estaba en sus planes.
El terremoto puso a prueba mucho más que la resistencia de las edificaciones. Ha sido una herramienta para medir la capacidad de quien administra para llegar a los territorios históricamente olvidados, la coordinación entre instituciones, la transparencia en el manejo de los recursos y las decisiones tomadas durante la transición presidencial.
Y las cifras ayudan a dimensionar el desafío. 86 personas fueron rescatadas en Cali con apoyo especializado, mientras en Quibdó las dificultades para conseguir maquinaria revelaron la gran brecha. The Economist puso el dedo precisamente en esa herida. Colombia puede reaccionar ante un terremoto, pero no todos los territorios tienen las mismas posibilidades de sobrevivirlo, reconstruirse o recibir ayuda a tiempo. Por eso, la publicación británica plantea una pregunta incómoda que el país no puede esquivar, ¿Qué territorios de Colombia están siendo atendidos y cuáles continúan esperando?





