¿Lo quieren sacar por la plata de las donaciones? Bruce Mac Master habría quedado en la cuerda floja tras decidir que los empresarios manejaran directamente sus millonarias donaciones y no la primera dama

Una denuncia política puso a temblar la relación entre la ANDI y el Gobierno. Bruce Mac Master estaría bajo presión después de blindar en una fiducia las donaciones empresariales para damnificados, en vez de canalizarlas por el Fondo Milagro. No hay prueba de retaliación, pero las coincidencias lo indican.

Bruce Mac Master pasó en cuestión de semanas de liderar una de las mayores colectas empresariales frente a una tragedia nacional a quedar rodeado por versiones sobre su posible salida de la ANDI. La pregunta que empieza a circular es incómoda. ¿Se trata simplemente del desgaste de un dirigente que lleva años en el gremio o comenzó a pagar políticamente una decisión sobre quién controlaría centenares de miles de millones destinados a la reconstrucción?

La controversia explotó después de que el escritor y columnista Julio César Londoño asegurara en X que Mac Master decidió que las donaciones de los empresarios no fueran a lo que calificó como la “caja milagro de la señora De La Espriella”, sino que fueran administradas por los propios empresarios. Londoño cerró con una frase incendiaria al afirmar que ahora “la cabeza de Bruce pende de un hilo por su impiedad”.

Hasta ahora no existe evidencia pública que pruebe que una eventual presión contra Mac Master sea una retaliación ordenada por Abelardo de la Espriella, por Ana Lucía Pineda o por miembros del Gobierno. Lo que sí está comprobado es que la ANDI tomó un camino propio para custodiar una verdadera montaña de dinero. Durante el Congreso Empresarial Colombiano, la campaña Empresas Unidas por Colombia cerró inicialmente con $201.637 millones, después de arrancar con un aporte de $2.000 millones. Una sola contribución, de la Fundación Santo Domingo, alcanzó los $100.000 millones y empujó el recaudo a una dimensión histórica.

Mac Master explicó posteriormente que la intención no era entregar ese dinero directamente a municipios ni dejar su manejo en cabeza de una sola persona. El esquema anunciado contempla un encargo fiduciario, representación de donantes y mecanismos de seguimiento. La filosofía fue resumida de manera contundente por el presidente de la ANDI al señalar que quien dona quiere que sus recursos sean utilizados con transparencia.

Ese punto es precisamente el que alimenta la suspicacia. La ANDI no se negó a trabajar con el Gobierno. Por el contrario, Mac Master planteó coordinación institucional e incluso habló de una especie de “torre de control” con el despacho de la primera dama para evitar duplicidades. Pero coordinación no significaba entregar el control completo de los aportes. La fiducia, la junta de donantes y la auditoría mantenían la vigilancia principal dentro del esquema empresarial.

Las cifras además siguieron creciendo. En reportes posteriores, Mac Master afirmó que los aportes anunciados ya superaban el medio billón de pesos, incluyendo nuevas contribuciones y ayudas adicionales. La dimensión del dinero explica por qué cualquier disputa sobre su administración resulta políticamente explosiva. No se está hablando de una colecta menor, sino de recursos suficientes para financiar viviendas, materiales, infraestructura y proyectos de reconstrucción en numerosos municipios damnificados.

En paralelo comenzaron a aparecer mensajes cuestionando directamente la continuidad de Mac Master. Vicky Dávila escribió que la ANDI necesitaba “renovación y modernización”, reconoció su trayectoria de más de quince años y advirtió sobre el riesgo de “obsolescencia”. Días después subió el tono y afirmó que había industriales incómodos, que Mac Master tenía “cero interlocución” con el nuevo presidente y que las puertas del Gobierno estaban cerradas.

La coincidencia temporal es imposible de ignorar, aunque tampoco permite fabricar una conclusión. Primero, Mac Master encabeza una colecta gigantesca y anuncia que el dinero será manejado mediante una estructura fiduciaria vigilada por los donantes. Después aparecen versiones según las cuales algunos sectores empresariales quieren relevarlo y que su interlocución con el Gobierno está rota. Entre ambos hechos existe una proximidad política llamativa, pero hasta ahora falta el documento que conecte una cosa con la otra.

El escenario resulta todavía más llamativo porque durante el gobierno de Gustavo Petro, Mac Master fue una de las voces empresariales más críticas y recibió respaldo de sectores que hoy parecen cuestionar su permanencia. Ese cambio de trato alimentó el comentario difundido por Giro Progresista, que preguntó abiertamente si el problema era realmente Bruce Mac Master o quién iba a controlar la plata de la reconstrucción.

La historia tampoco puede contarse ignorando que el propio Gobierno promovió el Fondo Milagro inmediatamente después del terremoto. De la Espriella anunció que allí se canalizarían aportes nacionales e internacionales para reconstruir hospitales, colegios, viviendas, vías y aeropuertos. Además, fuentes oficiales señalaron que la primera dama tendría un papel de coordinación en las ayudas provenientes del sector privado.

Por eso el asunto merece explicaciones y no rumores. Si la eventual salida de Mac Master obedece exclusivamente a una discusión interna de la ANDI después de más de quince años de gestión, el gremio debería explicarlo. Pero si existen presiones externas relacionadas con la administración de las donaciones, los empresarios también deberían decirlo públicamente. La independencia gremial pierde sentido si su presidente puede ser castigado por no entregar el manejo de recursos privados.

Por ahora existe un hecho y existe una acusación. El hecho es que la ANDI decidió manejar los aportes mediante fiducia, junta de donantes y mecanismos de auditoría. La acusación es que esa decisión habría contribuido a poner en peligro la continuidad de Bruce Mac Master. Pero cuando hay más de $201.000 millones iniciales en juego, y luego aportes que superan los $500.000 millones, mirar hacia otro lado tampoco sería serio.

La pregunta queda abierta y es mucho más grande que el futuro laboral de un dirigente gremial. ¿Quién controla el dinero de la reconstrucción y qué ocurre con quienes deciden mantenerlo bajo vigilancia independiente? Si Bruce Mac Master realmente está tambaleando después de blindar los recursos de los empresarios, la ANDI y el Gobierno tienen la obligación política de despejar las sospechas.

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