Luis Carlos Vélez quiso poner la lupa sobre Gustavo Petro y su presencia en México con una pregunta cortísima pero cargada políticamente. “Gustavo Petro en México. ¿Quién lo financia?”. El interrogante terminó devolviéndose como un búmeran contra el propio “periodista”. Fotografías difundidas en redes, una transacción inmobiliaria en Miami y una tutela que terminó desfavorablemente para Vélez han llevado a la opinión pública a cuestionar con qué autoridad exige transparencia si las relaciones propias con el poder reciben un tratamiento complaciente.
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Precisamente esa manera de formular el interrogante despertó cuestionamientos porque durante los últimos meses han circulado datos verificables sobre la relación comercial entre Luis Carlos Vélez y Abelardo de la Espriella, además de fotografías que evidencian una relación personal cercana. En una de las fotos Velez viaja junto con su familia en el avión personal de De la espriella, en la otra se les ve de celebración. Las fotos no tienen algo malo en sí, pero generan la inquietud acerca de por qué Velez no ejerce un verdadero periodismo, cuando él afirma que lo es, cuestionando a De la Espriella. Las fotos explican esa razón.
Las imágenes que han circulado en redes muestran, por un lado, a Velez y a De la Espriella conversando estrechamente durante lo que parece ser un encuentro social. Otra fotografía muestra a Velez acompañado de su esposa y una menor dentro de una aeronave privada. En redes sociales, Beto Coral y Ricardo Malagón han difundido esas fotografías identificándolas como registros de la estrecha relación de Vélez y De la Espriella.
Luis Carlos Vélez (@lcvelez) entuteló a @AlPuntoCol por haber revelado su millonario negocio con Abelardo de la Espriella en Miami ¡Nos quisieron censurar! Sin embargo, la justicia, en segunda instancia nos dio la razón.
— Richi Malagón (@RichiMalagonS) September 2, 2026
Esta es la estrecha relación entre el poder y el… pic.twitter.com/y8lb7ruAJn
Las imágenes alimentan una discusión legítima sobre transparencia, cercanía con las fuentes y posibles conflictos de interés cuando quien aparece relacionado con un dirigente político participa simultáneamente en el debate público sobre ese dirigente y sus adversarios. Y allí aparece un antecedente mucho más concreto que una fotografía.
En 2021, Luis Carlos Vélez y su esposa adquirieron un apartamento en Miami por aproximadamente 1,15 millones de dólares. El inmueble fue vendido por una sociedad relacionada con Abelardo de la Espriella. El asunto fue investigado posteriormente por el portal Al Punto, que comparó esa operación con referencias inmobiliarias considerablemente superiores en el mismo edificio. La investigación utilizó la expresión “gangazo” para describir el negocio. Vélez reaccionó molesto por la publicación actuando judicialmente y perdió en dos instancias.
Según la sentencia, el periodista pretendía que fueran retiradas publicaciones digitales, que se produjera una rectificación y que contenidos asociados con la investigación desaparecieran también de plataformas como Instagram y X. El Juzgado 18 Penal del Circuito con Función de Conocimiento negó inicialmente el amparo y el Tribunal Superior de Bogotá confirmó posteriormente esa decisión.
El Tribunal consideró relevante que existía una base fáctica verificable detrás del trabajo periodístico y distinguió entre afirmaciones de hechos y expresiones de opinión. Incluso la palabra “gangazo”, una de las expresiones cuestionadas por Vélez, fue entendida como un juicio de valor dentro del debate protegido por la libertad de expresión.
El señor @lcvelez en el avión privado de @ABDELAESPRIELLA. Ahí tienen el activista disfrazado de periodista que pretendía callar @AlPuntoCol y salió derrotado en ambas instancias, hoy está muy callado. No vayan a compartir la turbia historia de su apartamento porque se incomoda… pic.twitter.com/83wRuFh0lW
— Beto Coral (@Betocoralg) September 3, 2026
El dato inmobiliario es difícil de pasar por alto. La investigación original de Ricardo Malagón sostuvo que un apartamento de características comparables en el mismo edificio había sido ofertado por más de 3 millones de dólares y que la propiedad que terminaría vinculada a Vélez había sido anunciada previamente por una cifra superior a 2 millones de dólares. Al Punto señaló además que la sociedad vendedora tenía entre sus responsables a De la Espriella y su entorno familiar.
Las publicaciones abrieron la pregunta sobre la independencia periodística. Ahora más cuando cuando Vélez utiliza una interrogación sobre la financiación de Petro como herramienta de cuestionamiento político.
El activista Beto Coral aprovechó precisamente esa contradicción y difundió una de las fotografías asegurando que mostraba a Vélez en el avión privado de De la Espriella. Lo calificó como un “activista disfrazado de periodista” y recordó además el fracaso de la tutela contra Al Punto. Ricardo Malagón también publicó otra fotografía que presentó como un encuentro en el que Vélez aparecía celebrando un cumpleaños con quien hoy ocupa la Presidencia.
La transparencia que un periodista exige también debe estar dispuesto a aplicársela a sí mismo. El periodismo puede preguntar quién paga un viaje de Petro. Puede investigar sus reuniones, sus vuelos, sus actividades y cualquier relación económica que tenga relevancia pública. Esa es precisamente su función. Pero el estándar pierde fuerza cuando parece selectivo.
¡LUIS CARLOS, EL LLORÓN! 😢
— Richi Malagón (@RichiMalagonS) September 3, 2026
El “periodista”, amigo cercano de @ABDELAESPRIELLA, no aguantó la denuncia tan grave que hicimos.
No solo nos intentó censurar, sino que además ahora me bloquea porque es INCAPAZ de responder por los graves señalamientos del oscuro negocio por su… https://t.co/Xdjn7L24em pic.twitter.com/jzES7aHNPg
Si una relación económica entre un político y otra persona merece preguntas cuando esa persona es Petro, también merece escrutinio cuando existe una transacción documentada entre un periodista influyente y un personaje político al que cubre, entrevista, comenta o defiende frente a la opinión pública.
Y el asunto adquiere todavía más peso porque el Tribunal Superior de Bogotá consideró que el debate sobre Vélez tenía relevancia social precisamente por su condición de periodista reconocido y su capacidad de influir en la opinión pública. La discusión, por tanto, no debería reducirse a establecer si alguien puede montar en el avión de un amigo, asistir a un cumpleaños o comprarle un apartamento. Por supuesto que puede. La pregunta periodística es otra. ¿La audiencia conoce suficientemente esas relaciones cuando escucha las opiniones políticas de quien informa?
Porque exigirle a Gustavo Petro explicar quién paga un viaje puede ser periodismo. Exigir explicaciones para unos y guardar silencio sobre los vínculos propios ya es una cosa bastante distinta.





