“¡Aplaudan!”: ¡Se dispara el dólar y tiembla el bolsillo! Peso colombiano pierde fuerza y la economía de Abelardo queda bajo la lupa

El peso colombiano sufrió un golpe de 3,40 % frente al dólar en apenas una semana y registró el peor desempeño relativo de la región. La presión internacional explica parte del salto, pero las dudas sobre las cuentas públicas, la inflación y el financiamiento nacional agregan tensión económica a Abelardo de la Espriella.

En apenas unas semanas el dólar pasó de estar por debajo de los $3.000 a subir a los $3.300 y borró de un golpe una parte de la fortaleza que había acumulado el peso colombiano en los últimos meses. La divisa estadounidense avanzó 3,40 % frente a la moneda nacional, movimiento que convirtió al peso en el activo de peor desempeño relativo de la región durante estas semana, según Global66.

La comparación regional hace todavía más llamativo el golpe. Durante el mismo periodo en que el dólar avanzó 3,40 % frente al peso colombiano, apenas aumentó 0,16 % frente al peso chileno, al pasar de 959,48 a 961. La diferencia expuso la intensidad particular del movimiento colombiano y encendió nuevamente las alarmas sobre una moneda que venía protagonizando una extraordinaria apreciación durante 2026. Los manejos económicos de De la Espriella le están pasando factura a los colombianos.

El deterioro tampoco apareció de la nada. El dólar había estado por debajo de $3.000 el 12 de septiembre y posteriormente recuperó terreno hasta superar los $3.300. Germán Cristancho, director de Investigaciones Económicas y Mercados Financieros de Davivienda, explicó que el fortalecimiento estadounidense desde finales de agosto rondaba el 3 %.

Una parte sustancial de la presión a la moneda también llegó desde Estados Unidos. La Reserva Federal elevó sus tipos en 25 puntos básicos y dejó su rango entre 3,75 % y 4 %. Los rendimientos de los bonos estadounidenses de largo plazo superaron el 5 %, haciendo más atractivos los activos denominados en dólares.

Global66 encontró el mismo fenómeno. El índice DXY, que mide el comportamiento del dólar frente a otras monedas importantes, pasó de 99,93 a 100,70 puntos, un incremento de 0,77 %. Al mismo tiempo, el bono del Tesoro estadounidense a diez años avanzó desde 4,99 % hasta 5,16 %, combinación que aumentó la demanda internacional por activos estadounidenses y presionó monedas emergentes.

A ese cóctel se sumó otro ingrediente explosivo para los mercados. Las tensiones geopolíticas alrededor de Irán y el estrecho de Ormuz mantuvieron elevada la prima internacional de riesgo. El petróleo también mostró fuertes movimientos. Esos factores internacionales afectan a Colombia.

Pero ahí termina la explicación exclusivamente internacional. Las cuentas colombianas también pesan. Analistas han advertido que la incertidumbre fiscal puede agregar una prima de riesgo al peso, justamente cuando el país enfrenta necesidades importantes de financiamiento. Germán Cristancho señaló además que el anuncio de eventuales negociaciones con el Fondo Monetario Internacional apareció entre los factores locales seguidos por los mercados.

Ese componente pone directamente bajo escrutinio la gestión económica de la administración de De la Espriella. Un inversionista no observa únicamente las decisiones de la Reserva Federal o las guerras internacionales. También examina deuda, déficit, inflación, necesidades de financiamiento y capacidad gubernamental para estabilizar las cuentas. Cuando aumenta la percepción de riesgo, los inversionistas pueden exigir una rentabilidad adicional para mantener recursos en activos colombianos.

El Banco de la República también tuvo que mover sus fichas. El 30 de septiembre elevó su tasa de política monetaria de 12 % a 12,25 %, un incremento de 25 puntos básicos. La decisión ocurrió después de que la inflación anual llegara a 6,24 % en agosto y las expectativas para el cierre de 2026 alcanzaran 6,77 %, según la información divulgada tras la reunión.

Las cifras muestran así una economía sometida simultáneamente a varias presiones. Un dólar que recuperó rápidamente terreno, inflación nuevamente por encima del 6 %, tasas de interés del 12,25 % e incertidumbre sobre las necesidades de financiamiento forman un escenario que obliga al Gobierno a demostrar cómo piensa manejar sus cuentas sin alimentar todavía más la percepción de riesgo sobre Colombia.

El movimiento cambiario tiene además consecuencias concretas para hogares y empresas. Un dólar más costoso encarece en pesos importaciones, materias primas, maquinaria y obligaciones denominadas en moneda extranjera. Colombia importó cerca de US$7.968 millones en julio, frente a exportaciones cercanas a US$4.280 millones, según las cifras citadas por Germán Cristancho, una diferencia que hace especialmente relevante cualquier movimiento brusco de la divisa.

Paradójicamente, antes del rebote la situación era casi la contraria. Cristancho recordó que, cuando las monedas latinoamericanas acumulaban una apreciación cercana al 5 %, el peso colombiano había llegado a fortalecerse aproximadamente 22 % hacia mediados de agosto. La volatilidad quedó demostrada otra vez durante los últimos días. El dólar comenzó una semana cerrando alrededor de $3.362 y terminó el viernes cerca de $3.264,50, una caída aproximada de $97,50. 

El problema político para Abelardo está precisamente en esa devaluación. Su Gobierno no controla las tasas estadounidenses, las tensiones en Medio Oriente ni la demanda mundial de dólares, pero sí carga con la responsabilidad de administrar las variables fiscales domésticas que los mercados incorporan a sus decisiones. La incertidumbre sobre deuda y financiamiento puede convertirse en presión adicional cuando el contexto internacional deja de favorecer al peso.

El salto de 3,40 % en una semana, por tanto, funciona como una señal de advertencia más que como prueba aislada de un fracaso económico. Colombia pasó de tener una moneda extraordinariamente apreciada a registrar temporalmente el peor desempeño regional. Si las cuentas fiscales continúan generando dudas, cualquier nuevo golpe internacional encontrará un peso expuesto a otra ronda de volatilidad y un Gobierno obligado a responder con cifras.

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