Armaron el show y se les cayó: Agencia Nacional de Contratación desmiente el “escándalo” de contratos inflado por Daniel Briceño y los medios

Mientras Daniel Briceño y los medios tradicionales hablaban de “avalancha” y “derroche”, los datos oficiales de Colombia Compra Eficiente revelan que la contratación previa a la Ley de Garantías se concentró en alcaldías y gobernaciones, dejando al descubierto un relato inflado que no resiste las cifras.

Mientras algunos titulares gritan que hay “avalancha de contratos” y hablaban de un supuesto festín burocrático, los datos oficiales terminaron desnudando desde Colombia Compra Eficiente. En pleno arranque de la Ley de Garantías, la oposición y varios medios tradicionales intentaron instalar la idea de que el Gobierno del presidente Gustavo Petro habría desatado una contratación descontrolada para fines políticos, pero las cifras completas cuentan otra historia muy distinta.

De acuerdo con el balance oficial de la Agencia Nacional de Contratación Pública – Colombia Compra Eficiente, durante enero de 2026 el monto total de la contratación pública en el país ascendió a cerca de $37 billones, una cifra que, lejos de concentrarse en el Gobierno nacional, tuvo como principales protagonistas a departamentos y municipios, responsables del 61 % de esos recursos. Es decir, por cada $100 contratados en el sector público, $61 correspondieron a entes territoriales y solo $39 a entidades del orden nacional, desmontando de entrada la tesis de que se trató de una operación centralizada desde la Casa de Nariño.

Pese a ello, el exconcejal Daniel Briceño, hoy figura recurrente del Centro Democrático, lanzó duras acusaciones asegurando que “la crisis no existe para la burocracia” y que el Gobierno habría incurrido en un “derroche en contratos de prestación de servicios para alimentar la campaña”. Frases explosivas que rápidamente fueron amplificadas por portales y noticieros, pero que omitieron un dato clave: la gran mayoría de los contratos firmados antes de la entrada en vigor de la Ley de Garantías no dependen del Ejecutivo nacional, sino de alcaldías y gobernaciones que tienen autonomía presupuestal y administrativa.

El propio informe oficial precisa que en enero se suscribieron cerca de 544 mil contratos en todo el sector público, de los cuales más de 377 mil correspondieron a entes territoriales. Ciudades como Barranquilla, Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena encabezaron el listado de mayor contratación, con cifras que superan ampliamente las de muchas entidades nacionales, un detalle que rara vez aparece en los titulares alarmistas.

Desde Colombia Compra Eficiente también salieron al paso de la confusión alrededor de la contratación directa, una modalidad que, según la ley, es perfectamente legal y necesaria en casos de urgencia, convenios interadministrativos o cuando existe un único proveedor. Entre el 1 y el 30 de enero, esta modalidad representó más de $28,5 billones, de los cuales el 57 % fue ejecutado por departamentos y municipios. Aun así, el señalamiento público apuntó casi exclusivamente al Gobierno central, alimentando una percepción de escándalo sin mostrar el panorama completo.

El director de la entidad, Cristóbal Padilla Tejeda, fue enfático al explicar que “los montos y cantidades de contratos que arroja este reporte se construyen con base en la información suministrada por las propias entidades contratantes”, recordando además que cada institución es responsable de cargar y soportar sus procesos en el SECOP. Padilla destacó que el alto volumen de contratos puso a prueba la plataforma y el equipo técnico, pero permitió garantizar el funcionamiento normal del Estado en vísperas de las restricciones electorales, lejos del caos que algunos quisieron vender.

Así, mientras Briceño y otros sectores de oposición hablan de “maquinaria” y “politiquería”, los datos oficiales revelan un escenario mucho más complejo y menos escandaloso: una contratación mayoritariamente territorial, amparada por la ley y registrada de forma transparente. El contraste deja en evidencia cómo el amarillismo, repetido sin contexto, termina convirtiéndose en un arma política que confunde a los colombianos y distorsiona deliberadamente la realidad.

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