¡Carlos Carrillo y la UNGRD cumplieron! Familias que lo perdieron todo en la tragedia de Cúcuta hoy reciben casa propia tras más de 5 años de espera y abandono

El agua se llevó casas, recuerdos y años enteros de esfuerzo, pero este 11 y 12 de mayo decenas de familias que sobrevivieron a la tragedia de la quebrada Tonchalá terminaron recibiendo las llaves de un apartamento propio después de más de cinco años de espera y abandono.

Las lágrimas, los abrazos y los gritos de emoción se mezclaron en el conjunto residencial Los Rosales, en el sector El Rodeo de Cúcuta, donde la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, culminó la entrega de 66 apartamentos para las familias damnificadas del barrio 23 de Enero, afectadas por la avenida torrencial que destruyó sus hogares el 17 de noviembre de 2020.

La escena estuvo marcada por historias durísimas. Familias que durante más de cinco años sobrevivieron entre subsidios de arriendo, mudanzas constantes, hacinamiento y promesas incumplidas finalmente recibieron escrituras, llaves y una solución habitacional definitiva. Muchos de ellos pensaron que jamás volverían a tener vivienda propia.

El director de la UNGRD, Carlos Carrillo Arenas, fue contundente durante la entrega. “Hoy cerramos una deuda con estas familias. Esta UNGRD les cumple a los colombianos, entrega soluciones reales y salda deudas que otros gobiernos no resolvieron”, afirmó frente a los beneficiarios.

Las viviendas entregadas cuentan con dos habitaciones, dos baños, cocina, sala-comedor y un espacio adicional para estudio, taller o una tercera habitación. Los apartamentos fueron entregados en obra gris, pero completamente legalizados y listos para ser habitados. Todo el proyecto fue financiado por la UNGRD con una inversión de 8.611 millones de pesos, recursos que incluyeron tanto la construcción como el proceso jurídico de legalización de predios.

La tragedia que originó esta historia todavía sigue viva en la memoria de muchas familias. La creciente de la quebrada Tonchalá arrasó viviendas completas en el barrio 23 de Enero, dejando decenas de personas prácticamente en la calle. Algunas perdieron muebles, electrodomésticos, documentos y hasta proyectos de vida construidos durante décadas.

Uno de los testimonios más conmovedores fue el de Hermes Ramírez, un adulto mayor de 66 años que aseguró que esta era la primera vivienda propia de toda su vida. Según relató, al momento de la emergencia estaba terminando de construir su casa cuando el agua destruyó todo. “Esto me devuelve la esperanza”, dijo mientras recorría el apartamento.

Otra de las beneficiarias, Adelaida Forero, recordó los años difíciles que enfrentó su familia después de la emergencia. “Pasamos por muchos tropiezos, el colegio de los niños quedaba muy retirado y vivimos momentos muy duros. Hoy estamos felices porque esto ya es propio”, afirmó emocionada.

La entrega se realizó en dos fases. La primera ocurrió el 17 de diciembre de 2025, cuando se entregaron 32 apartamentos. La segunda fase culminó este 12 de mayo de 2026 con la entrega de las 34 viviendas restantes, completando así las 66 soluciones habitacionales prometidas.

El funcionario también reveló que el proceso estuvo frenado durante años por problemas presupuestales y trámites burocráticos. “Este proyecto fue propuesto por ellos mismos, y el trabajo jurídico permitió desenredar muchas cosas de la burocracia estatal para poder comprar las viviendas y transferirlas directamente a los propietarios”, explicó Carrillo.

Las imágenes del acto mostraron familias entrando por primera vez a sus apartamentos, niños corriendo por los pasillos y adultos mayores llorando frente a las puertas de sus nuevos hogares. Para muchos habitantes del antiguo barrio 23 de Enero, el reasentamiento representa mucho más que un cambio de dirección. Significa salir definitivamente de una zona de alto riesgo donde vivieron bajo amenaza constante.

Además del impacto humano, el caso volvió a abrir el debate sobre la vivienda segura en Colombia y el abandono histórico de comunidades vulnerables que viven cerca de quebradas, ríos o zonas inestables. Carrillo aseguró que el país todavía tiene enormes deudas con miles de familias en riesgo y defendió la idea de que la vivienda digna no puede seguir viéndose como un privilegio.

Mientras tanto, el terreno del antiguo barrio 23 de Enero sigue siendo considerado zona de alto riesgo. El director de la UNGRD advirtió que las autoridades locales deben impedir nuevas ocupaciones para evitar futuras tragedias.

La entrega de estos apartamentos también se convirtió en un escenario para mostrar el trabajo del Gobierno nacional en materia de gestión del riesgo y reasentamiento. El Ejecutivo muestra resultados concretos en los territorios, especialmente en regiones golpeadas por desastres naturales y pobreza estructural.

Cinco años y medio después de la avalancha, la imagen final fue poderosa. Familias que una vez salieron entre barro, agua y destrucción hoy sostienen escrituras en las manos y abren la puerta de un apartamento propio. Para ellos, después de tanta espera, el desastre por fin comenzó a cerrarse.

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