El empresario uribista Mario Hernández se jacta de cumplir con sus obligaciones, y trabajadores y políticos se le van con toda

Mario Hernández, empresario uribista, causó polémica al jactarse de pagar la prima a sus empleados, generando una ola de críticas que recordaron que cumplir con las obligaciones laborales no es un acto digno de aplausos.

El empresario uribista Mario Hernández causó revuelo en redes sociales al compartir, a través de su cuenta de X, un mensaje en el que se congratulaba por haber pagado la prima a sus empleados el pasado 6 de diciembre: “El 6 de diciembre le pagamos la prima a nuestros colaboradores!” escribió.

Sin embargo, lejos de recibir aplausos, su comentario fue rápidamente cuestionado. La representante a la Cámara, Mafe Carrascal, no dudó en responder: «Es una obligación pagar la prima a los trabajadores, no es un regalo, se lo ganaron con su trabajo». Y es que, pagar lo que por ley corresponde a los empleados, es algo que no debería ser motivo de celebración.

La crítica continuó con el comediante René Jiménez, quien se mostró sarcástico: «¿Hay que premiarlo por cumplir sus deberes como empleador? Esa prima no se la ganaron gracias a usted, es su trabajo y su logro es un triunfo del movimiento obrero».

El tono irónico también se hizo eco en otras reacciones. Derli López expresó con sorna: «¡Ah, qué bien! Gracias por cumplir con sus obligaciones, parece que pagar la prima en diciembre es todo un gesto heroico para un uribista».

La concejal Heidy Sánchez, en un tono aún más incisivo, le recordó a Hernández: «Repita después de mi: son trabajadores, no colaboradores», marcando la diferencia entre la jerarquía real en el entorno laboral y la visión empresaria que tiende a deshumanizar a los empleados.

Finalmente, Ivone Ramírez, sin minar su mensaje, sentenció: «¿Y quiere un premio por cumplir una obligación legal? Yo ayer pagué los servicios de mi casa y no me ando jactando por acá «.

Lo que parecía una inocente muestra de orgullo empresarial, se ha convertido en una demostración de que cumplir con lo que la ley manda no es un favor ni un gesto digno de alabanza. Más bien, es un recordatorio de lo que muchos consideran como lo mínimo que debería hacerse por quienes contribuyen a que las empresas funcionen: pagarles justamente por su esfuerzo.

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