¡Escándalo total en Medellín! Con Federico Gutiérrez mirando para otro lado, alojamientos disparan precios hasta $98 millones por los conciertos de Bad Bunny

Desde la ineptitud del alcalde Federico Gutiérrez, Medellín quedó convertida en una ciudad impagable: a horas de los conciertos de Bad Bunny, hospedajes llegan a cobrar hasta 98 millones de pesos y cancelan reservas para inflar precios, mientras la Alcaldía guarda silencio ante un descontrol que ya huele a gentrificación.

Desde la ineptitud del alcalde Federico Gutiérrez, Medellín volvió a quedar en evidencia. A pocas horas de los conciertos de Bad Bunny, la ciudad se convirtió en un escenario de abuso descarado, con hospedajes cobrando cifras que rozan el insulto y una administración que, una vez más, parece no estar haciendo absolutamente nada para evitarlo. El resultado: precios de hasta 98 millones de pesos por cuatro noches, reservas canceladas de manera arbitraria y visitantes atrapados en una ciudad que se les volvió impagable.

Lo que debía ser una celebración musical terminó destapando el rostro más crudo del encarecimiento y la gentrificación que se han permitido avanzar sin freno bajo el mandato de Gutiérrez. Decenas de personas denuncian que, aun teniendo reservas confirmadas, estas fueron anuladas a última hora para luego reaparecer en plataformas digitales con tarifas desbordadas. El mensaje es brutal: quien no pueda pagar cifras obscenas, que se quede por fuera.

El caso de Kathrin Abdala, conocido por un medio, resume el descaro sin maquillaje: “98 millones de pesos por cuatro días en un ‘apartamento de lujo’ en El Poblado, 87 millones por un ‘ático de lujo’ con 14 habitaciones y 25 millones por un apartamento recién renovado de una sola habitación”. Y no es una exageración aislada. En redes sociales circulan denuncias de apartamentos de una sola habitación ofertados por más de 25 millones la noche y otros que alcanzan casi 10 millones por apenas dos noches.

La secretaria de Turismo de Medellín, Ana María López, reconoció que la situación es preocupante y lanzó un llamado que suena más a súplica que a control real: “Eso nos preocupa, e invitamos a todos los operadores a que realmente seamos los anfitriones que somos, que cuidemos a nuestros visitantes y a nuestras comunidades, y nos ayudemos a posicionarnos como esa gran capital del turismo y el entretenimiento en Latinoamérica”. Pero mientras se invita, los abusos continúan sin que desde la Alcaldía se vean acciones contundentes.

El escándalo obligó a la Superintendencia de Industria y Comercio a intervenir y advertir que estas cancelaciones podrían derivar en sanciones de hasta dos mil salarios mínimos legales mensuales vigentes. La entidad fue clara al señalar que “en caso de que el prestador de servicio de alojamiento incumpla la reserva pactada… tendrá la obligación, a elección del turista, de prestar otro servicio de la misma calidad o de reembolsar o compensar el precio pactado”.

Desde el sector hotelero, Juan Camilo Vargas, director ejecutivo de AsoHost, puso sobre la mesa una verdad incómoda: “en Colombia no existe una norma que regule los costos o los precios del alojamiento turístico”. Ese vacío, que la administración de Federico Gutiérrez no ha querido o no ha sabido enfrentar, es hoy la autopista perfecta para la especulación y el abuso.

El concejal Andrés Tobón anunció que acompañará a los afectados y lanzó un mensaje contundente en redes sociales: “Le pido a todas las personas que están recibiendo cancelaciones de sus reservas de AirBnb en Medellín justo antes del concierto de Bad Bunny, que me escriban. Acompañaré estos casos buscando todas las sanciones correspondientes. ¡Cero tolerancia con estos usureros y descarados!”. Sus palabras contrastan con el silencio del alcalde, que brilla por su ausencia mientras la ciudad se vende al mejor postor.

La pregunta queda flotando en el aire: ¿qué está haciendo Federico Gutiérrez para frenar este descontrol que expulsa visitantes, golpea a los residentes y mancha la imagen de Medellín? Por ahora, la respuesta parece ser ninguna. La “Eterna Primavera” se volvió un lujo extremo, permitido por una administración incapaz de poner límites, donde la especulación manda y la ciudadanía paga las consecuencias.

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