La polémica estalló luego de que un mural alusivo a las víctimas de ejecuciones extrajudiciales fuera pintado en un muro ubicado en cercanías a la residencia del expresidente Álvaro Uribe, en Rionegro, Antioquia. La intervención artística, impulsada por simpatizantes del Pacto Histórico y encabezada por el representante electo Hernán Muriel, incluyó la nueva cifra de las víctimas de falsos positivos documentadas en el debate público y reabrió una herida que el uribismo intentó cerrar con pintura blanca.
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Juan Lozano, director de La FM, cuestionó la intervención y se sumó a las voces que presentaron el mural como una agresión contra Uribe y su familia. A través de X, Lozano escribió: «Con las familias no se metan. Punto. Es infame y es criminal.». Esto ocasiono la respuesta de varias personas indignadas y rechazando las declaraciones de Lozano, entre ellos estuvo Walter Rodríguez, más conocido como Wally, creador de contenido y senador electo del Pacto Histórico.
Él fue contundente y le respondió con una frase que golpeó directo el corazón del debate. “Oiga, Juan, hablando de meterse con las familias ¿Sí sabe que se metieron con 7837 familias durante el Gobierno Uribe?”, escribió en su cuenta de X.
La respuesta no se quedó ahí. Wally también remató con una comparación que dejó mal parado el escándalo moral del uribismo. Pintar un mural en espacio público, dijo en esencia, está bastante lejos de asesinar a alguien. Y ese fue el punto que incomodó. Mientras algunos dirigentes y periodistas se rasgaron las vestiduras por una pared, las víctimas siguen esperando verdad, justicia y reconocimiento por crímenes que no fueron una simple discusión política, sino uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente del país.
Álvaro Uribe (@AlvaroUribeVel) desbordado, por fuera de cualquier tipo de máscara, lleno de odio y temor porque la gente está despertando, solo nos grita: “ustedes son los responsables del asesinato de mi padre”.
— Hernán Muriel (@Hernan_MurielP) May 21, 2026
¿Y nos dicen que le pintamos la casa? No sabía que Uribe vivía en… pic.twitter.com/wznycluPVU
El mural fue borrado rápidamente por sectores cercanos al uribismo. Incluso el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, llegó hasta el lugar, cercano a la vivienda de Uribe para respaldarlo y calificó la acción como una muestra de “hostilidad”. Desde La FM se informó que Rendón suspendió una agenda oficial para desplazarse hasta el lugar, mientras en redes circulaban videos de personas cubriendo con pintura blanca la cifra que recordaba a las víctimas.
Pero la pregunta que dejó instalada Wally es necesaria. ¿Por qué causa más indignación un mural que la cifra de miles de jóvenes asesinados y presentados falsamente como bajas en combate? ¿Por qué el uribismo habla de familia cuando se menciona a Uribe, pero guarda silencio frente a las madres, padres, hermanos e hijos que llevan años buscando justicia?
El caso de los falsos positivos ha sido documentado por la Jurisdicción Especial para la Paz, que ha investigado ejecuciones extrajudiciales cometidas por integrantes de la Fuerza Pública. En ese contexto, la cifra de miles de víctimas se ha convertido en un símbolo de memoria, denuncia y exigencia de verdad. Por eso, borrar el mural no borra el hecho político ni judicial. Al contrario, lo amplifica.
Oiga, Juan, hablando de meterse con las familias ¿Sí sabe que se metieron con 7837 familias durante el Gobierno Uribe?
— Wally. (@MeDicenWally) May 20, 2026
Pintar un mural en espacio público está bastante lejos de asesinar a alguien. Piénselo. https://t.co/7VQaH3jbth
La intervención artística frente a la casa de Uribe no fue un simple rayón, fue una acción de memoria en el espacio público. Y la reacción furiosa del uribismo terminó mostrando la incomodidad que produce recordar a las víctimas cuando el relato oficial intenta presentarse como persecución contra el expresidente.
Wally, con una respuesta corta pero contundente, logró poner en evidencia esa doble moral. Para algunos sectores, una pared pintada merece editoriales, indignación, acompañamiento político y operativo de limpieza. Pero las familias de los jóvenes asesinados, muchas de ellas pobres, campesinas y de barrios populares, han tenido que esperar años para ser escuchadas.
La discusión ya no es solo sobre un muro en Rionegro. Es sobre quién tiene derecho a la memoria, quién decide qué se puede pintar, qué se puede decir y qué se puede recordar. Y en esa pelea simbólica, Wally le recordó a Juan Lozano y al uribismo que el espacio público no le pertenece a Uribe, pero la memoria sí les pertenece a las víctimas.





