Petro le llevará a Trump una ancheta cargada de simbolismo: café y chocolate cultivados por campesinos que abandonaron la coca y hoy cultivan desde la legalidad

Con café y chocolate nacidos donde antes mandaba la coca, Gustavo Petro llega hoy a la Casa Blanca con un regalo explosivo que desafía a Estados Unidos y eleva a los campesinos que arrancaron la ilegalidad de sus tierras para sembrar futuro.

En medio de una relación bilateral marcada por choques, desconfianzas y acusaciones, el presidente Gustavo Petro decide llegar a la Casa Blanca con un mensaje imposible de ignorar. No lleva discursos incendiarios ni cifras frías: lleva una ancheta cargada de historia, dignidad y una verdad que incomoda a quienes reducen la lucha contra las drogas a la represión. Este 3 de febrero, frente a Donald Trump y su círculo más cercano, el presidente colombiano pondrá sobre la mesa café y chocolates producidos por familias campesinas que arrancaron la coca de sus tierras y le apostaron a un futuro legal, demostrando que sí existe otro camino.

El gesto, lejos de ser simbólico y vacío, apunta directo al corazón del debate antidrogas. Cada producto que Petro entregará fue cultivado por manos que durante años sobrevivieron en medio del abandono estatal y la violencia, y que hoy hacen parte de programas de sustitución voluntaria impulsados por su gobierno. Son 18.000 familias cacaoteras y 2.300 caficultoras las que están detrás de esta canasta que llega a Washington como una respuesta política, social y humana a décadas de guerra fallida contra las drogas.

El mensaje que acompaña la ancheta no deja espacio para interpretaciones suaves. “Somos familias campesinas de Colombia. Durante años sembramos coca porque no teníamos otra opción para sostener a nuestros hijos. No fue una elección, fue una necesidad. Cuando el Gobierno de Colombia, a través de los programas de sustitución voluntaria, nos ofreció una oportunidad real de vida, tomamos una decisión difícil y valiente: arrancamos la coca de nuestra tierra y comenzamos a sembrar trabajo honesto y futuro”, dice el texto dirigido a Trump, al vicepresidente J. D. Vance, al secretario de Estado Marco Rubio, a la jefa de gabinete Susie Wiles y a la secretaria de prensa Karoline Leavitt. Y remata con una frase cargada de fuerza moral: “Este producto nace de ese cambio. En cada grano va nuestro esfuerzo, nuestra esperanza y nuestro compromiso de seguir construyendo un camino legal y digno”.

El café que llegará a la Casa Blanca proviene de Argelia, Cauca, uno de los territorios más golpeados por el conflicto armado y el narcotráfico, y se presenta en bolsas de 250 gramos como símbolo del trabajo honesto que hoy se abre paso donde antes reinaba la ilegalidad. Los chocolates, elaborados bajo la marca ‘Peace Chocolates’, nacen del cacao cultivado por familias que decidieron romper con la economía ilícita y transformar sus comunidades desde la raíz.

Con esta ancheta, Petro no solo busca distender una relación tensa con Trump, sino desmontar el relato que durante años ha criminalizado al campesinado colombiano. El presidente lleva una prueba concreta de que la sustitución voluntaria funciona cuando hay acompañamiento estatal y oportunidades reales, y de que la paz también se cultiva con semillas legales, no solo con helicópteros y fumigaciones.

El regalo se completa con un poncho elaborado por campesinos de Nariño y canastos tejidos por comunidades indígenas del Chocó con fibra de werregue, una muestra clara de que Colombia no es solo un país atravesado por el narcotráfico, sino una nación diversa que resiste y produce desde sus territorios.

En una reunión cargada de expectativa y simbolismo, Petro decidió hablarle a Estados Unidos desde la dignidad campesina. La ancheta que hoy llega a Washington no es un obsequio cualquiera: es una bofetada silenciosa a la guerra contra las drogas que fracasó y una reivindicación poderosa de quienes, contra todo, eligieron sembrar futuro donde antes solo había coca y abandono.

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