¡Se les acabó el negocio! Gustavo Petro rompe récord con 39.000 hectáreas sustituidas y golpea directo el corazón del narcotráfico

Gustavo Petro defendió en alocución nacional su política de reducción de cultivos ilícitos y reveló cifras que muestran un avance significativo en la sustitución, destacando el papel del campesinado y los nuevos enfoques del Gobierno.

Treinta y nueve mil hectáreas intervenidas, miles de familias campesinas vinculadas a economías legales y una estrategia que empieza a golpear directamente el corazón del narcotráfico marcan el mensaje que lanzó el presidente Gustavo Petro en su más reciente alocución. Las cifras no solo buscan responder a las críticas, sino que evidencian un cambio de enfoque que el Gobierno presenta como uno de sus mayores logros en la lucha contra los cultivos ilícitos.

El dato central es contundente. Colombia alcanzó 39.000 hectáreas en procesos de sustitución, superando incluso las metas que el propio Gobierno había planteado en escenarios internacionales. “Tenemos 39.000 hectáreas sustituidas, más de lo que le prometimos a Trump”, afirmó el mandatario, subrayando que aún quedan meses para seguir ampliando el impacto de esta política. El mensaje no es menor, sobre todo en medio de tensiones diplomáticas recientes con Estados Unidos por el manejo de la lucha contra las drogas.

La estrategia, según explicó Petro, se basa en un principio que marca una ruptura con modelos anteriores. La sustitución voluntaria liderada por las comunidades campesinas. De las 39.000 hectáreas, 22.000 corresponden a sustitución verificada con monitoreo satelital de la Policía, mientras que 17.000 hacen parte de nuevas áreas intervenidas. Dentro de ese proceso, al menos 4.000 hectáreas reflejan una reducción directa de la hoja de coca, lo que evidencia que la política no solo transforma cultivos, sino que empieza a disminuir la producción.

El enfoque territorial ha sido clave. Regiones históricamente golpeadas por el narcotráfico como Nariño, Putumayo y el Catatumbo aparecen como epicentros de esta transformación. Allí, comunidades que durante años dependieron de economías ilegales están participando en procesos de arranque manual de cultivos y transición hacia actividades lícitas. Para el Gobierno, este es el verdadero cambio. No se trata solo de erradicar, sino de ofrecer alternativas sostenibles.

El presidente también aprovechó su intervención para responder a quienes han cuestionado la seguridad en el país. “No hay un caos de seguridad como se anuncia”, aseguró, argumentando que la violencia reciente responde a disputas entre grupos narcotraficantes por el control territorial. En ese contexto, la reducción de cultivos ilícitos se convierte en una pieza clave para debilitar esas estructuras.

El vínculo entre narcotráfico y violencia fue uno de los ejes centrales del mensaje. El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ha insistido en que regiones como el Cauca llevan décadas afectadas por economías ilegales que alimentan a los grupos armados. “Mientras no avancemos hacia la legalidad, estas zonas seguirán condenadas a la violencia”, ha señalado. En esa línea, la política de sustitución busca atacar el problema desde su raíz.

El Gobierno también puso sobre la mesa un elemento que eleva el impacto de la estrategia. El uso de tecnología para verificar resultados. El monitoreo satelital permite no solo medir el avance de la sustitución, sino también garantizar que los compromisos se cumplan. Este componente técnico fortalece la credibilidad de las cifras y responde a cuestionamientos sobre la veracidad de los datos.

A pesar de los avances, el debate sigue abierto. Informes de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito han señalado cifras históricas de cultivos de coca en el país, lo que ha generado tensiones con el Gobierno. Petro ha cuestionado estas mediciones, asegurando que no reflejan completamente la realidad y que no captan los efectos de la sustitución en curso.

El contexto internacional también juega un papel importante. Las relaciones con Estados Unidos han estado marcadas por diferencias en la forma de abordar la lucha contra las drogas. Sin embargo, recientes acercamientos han permitido retomar la cooperación, incluyendo el apoyo en tecnologías como drones para la erradicación. En ese escenario, las cifras presentadas por Petro buscan mostrar que Colombia está avanzando con un modelo propio.

La lucha contra el narcotráfico no se limita a la erradicación forzada. Implica transformar las condiciones que hacen posible la existencia de estos cultivos. Y en esa transformación, el campesinado aparece como el actor central.

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