Sin vergüenza y sin pudor: el “Ñoño” Elías, condenado por corrupción, convierte la tragedia de Córdoba en campaña para su hermano al Senado

Indignación total en Córdoba: el condenado por corrupción Bernardo “Ñoño” Elías reaparece haciendo campaña con la tragedia de las inundaciones para impulsar a su hermano al Senado.

Descarados, sinvergüenzas y sin el más mínimo pudor político. Así es como hoy muchos cordobeses califican a Bernardo Miguel “Ñoño” Elías y a su hermano Julio Alberto Elías Vidal, quienes en plena tragedia por las inundaciones en Córdoba decidieron convertir el dolor de la gente en plataforma electoral. El departamento, históricamente golpeado por la corrupción y el abandono, un abandono que ellos mismos ayudaron a profundizar con sus escándalos, vuelve a ser escenario de la misma politiquería de siempre.

Bernardo Miguel “Ñoño” Elías, fue condenado por corrupción por la Corte Suprema de Justicia y recuperó su libertad en septiembre del año 2024 por el caso Fonade, donde fue condenado a 39 meses por interés indebido en la celebración de contratos, en un entramado que se remonta a la administración de Juan Manuel Santos. Sin embargo, tras la acumulación de penas, solo permaneció recluido 31 días antes de regresar a su casa en Montería. Una salida que generó indignación por lo corta de la sanción frente al daño causado.

Además para el año 2023, Bernardo ya había estado nuevamente en prisión, y en julio de ese año, recuperó su libertad tras cumplir condenas relacionadas con el escándalo de Odebrecht. Después de años en prisión, regresó a Sahagún en medio de un recibimiento multitudinario organizado por su estructura política. Como si el país hubiera olvidado que fue sentenciado por recibir sobornos y por manipular la contratación pública.

Pero lo que hoy enardece a la opinión pública no es únicamente su historial judicial. Es su cinismo. Mientras comunidades enteras en Córdoba llevan años bajo el agua, mientras campesinos lo pierden todo y el Estado llega tarde, el Ñoño apareció haciendo campaña para impulsar a su hermano al Senado, usando precisamente la tragedia como discurso político.

En un acto público, defendiendo la gestión de Julio Alberto, dijo textualmente: “Ha presentado más de 50 leyes y proyectos de ley, proyectos de ley. y ya ha traído leyes de la república con la dificultad que yo les comenté ayer a todos ustedes. Miren si no está trabajando. Aquí en Córdoba, lastimosamente nuestros compañeros coterráneos están bajo el agua hace una semana, 15 días. El agua aquí y el director de la UNGRD el señor de barba que viene a Córdoba a hablarle mal de todo el mundo. Dice que no, que aquí no pasa nada, que eso está bien. Claro, como el no tiene la cama llena de arena, llena de agua porque viven en Bogotá, eso está bien aquí.”

Las palabras, lejos de generar empatía, dejaron la sensación de oportunismo. Porque Córdoba no es víctima solo de las lluvias. Es víctima de décadas de clientelismo, contratos direccionados y clanes políticos que convirtieron los recursos públicos en botín electoral.

El caso Fonade evidenció cómo se usó una entidad estatal para favorecer aliados y redes políticas mediante la adjudicación irregular de contratos. La Corte fue clara al señalar la responsabilidad de los exsenadores en ese entramado. Y ahora, el mismo protagonista de ese escándalo pretende posar como defensor de los damnificados.

Julio Alberto Elías Vidal, por su parte, ha intentado construir carrera política bajo la sombra de la llamada “Ñoñomanía”. Aunque ha promovido iniciativas legislativas y hace parte de la bancada del Partido de la U, su apellido sigue inevitablemente ligado a los escándalos de corrupción que marcaron a su hermano.

En un departamento donde la desigualdad y la pobreza son heridas abiertas, ver a quienes fueron condenados por manipular contratos públicos utilizando la tragedia de las inundaciones como tarima política resulta, para muchos, una afrenta. Córdoba no solo necesita soluciones estructurales frente a las emergencias climáticas. Necesita romper con el ciclo de corrupción que la ha mantenido estancada.

Y mientras el agua sigue cubriendo viviendas y cultivos en Córdoba, el espectáculo político continúa. Para miles de ciudadanos, la escena es clara: los mismos de siempre, ahora reciclados, intentando volver al poder sobre los escombros y el lodo de su propia tierra.

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