Mientras buena parte de los grandes medios guarda silencio o pasa de puntillas, Iván Cepeda decidió romper el cerco y poner contra las cuerdas al expresidente Andrés Pastrana, cuyo nombre vuelve a aparecer, una y otra vez, en los documentos más explosivos del caso Jeffrey Epstein. La denuncia penal anunciada por el senador no solo sacudió el escenario político colombiano, sino que dejó al descubierto una pregunta incómoda que muchos prefieren no formular: ¿por qué Pastrana sigue sin explicar a fondo sus vínculos con el círculo del pederasta más famoso del mundo?
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La presión internacional crece tras la desclasificación masiva de archivos por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Correos electrónicos, fotografías, registros de viajes y referencias directas ubican al exmandatario colombiano en contacto sostenido con Ghislaine Maxwell y Jean-Luc Brunel, piezas clave de la red de tráfico sexual de Epstein. No se trata de encuentros casuales ni de una relación superficial, como han insistido algunos defensores del expresidente, sino de intercambios prolongados que se extienden incluso después de que Epstein ya había sido condenado en 2008 por delitos sexuales contra menores.
A la opinión pública le parece menor que Pastrana aparezca mencionado en archivos de una red de pedofilia. Pastrana carece de autoridad moral para cuestionar a nadie. Lo que debe hacer es responderle al país por qué su nombre figura reiteradamente en los archivos de Epstein. pic.twitter.com/paUxLTxZz2
— Alejandro Villanueva (@VillanueAle) January 31, 2026
Uno de los correos más comprometedores, fechado el 19 de marzo de 2004, muestra a Pastrana escribiéndole directamente a Maxwell: “Una vez más, muchas gracias y déjame saber [sobre los preparativos]”. La respuesta de la hoy condenada a 20 años de prisión no deja lugar a dudas sobre el nivel de cercanía: “El conductor estará en la zona de equipajes con un cartel con tu nombre… y dime si ya tienes la información del apartamento en el que te vas a quedar”. A esto se suman imágenes en las que ambos aparecen vestidos con uniformes de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, y relatos de vuelos en helicópteros militares durante visitas al país.
Ante este panorama, Iván Cepeda fue el único dirigente que decidió pasar del escándalo mediático a la acción judicial. “Anuncio que instauraré denuncia penal en su contra, para que se investiguen las posibles conductas punibles en que pudo haber incurrido”, escribió el senador, dejando claro que no se trata solo de relaciones personales, sino de posibles delitos que involucran el uso de bienes públicos y recursos del Estado colombiano. Según Cepeda, los documentos obligan a la justicia a indagar si aeronaves y logística oficial fueron utilizadas para favorecer a personas hoy condenadas por crímenes sexuales.
ANUNCIO QUE DENUNCIARÉ PENALMENTE A ANDRES PASTRANA
— Iván Cepeda Castro (@IvanCepedaCast) February 9, 2026
En los últimos días, medios de comunicación han reseñado que el expresidente de la República, Andrés Pastrana Arango, figura en los archivos relacionados con el pederasta y depredador sexual Jeffrey Epstein, que dan cuenta de… https://t.co/CVXETL4RUY
Pastrana, fiel a su libreto, respondió parcialmente. Aseguró que “nunca volé en el llamado Lolita Express” y que Epstein “no era públicamente reconocido como pedófilo” en los años en cuestión. Sin embargo, evitó explicar por qué su nombre aparece en al menos 37 archivos desclasificados, por qué coordinaba viajes y hospedajes con Maxwell, o por qué mantuvo contacto con Jean-Luc Brunel hasta 2009, cuando las denuncias contra Epstein ya eran de conocimiento mundial. En lugar de aclarar, optó por atacar, incluso acusando al presidente Gustavo Petro sin aportar pruebas, y anunciando demandas contra periodistas que han documentado el caso.
Mientras figuras internacionales como Bill y Hillary Clinton han aceptado testificar ante el Congreso estadounidense, y otros poderosos enfrentan consecuencias políticas y sociales por su cercanía con Epstein, en Colombia el silencio pesa. Por eso, la denuncia de Iván Cepeda no solo marca un punto de quiebre, sino que lo deja como la voz que se niega a callar cuando el poder incomoda. En medio del escándalo global, Cepeda exige lo mínimo en una democracia: verdad, explicaciones y justicia, aunque a muchos no les guste mirar de frente lo que los archivos ya gritan.





