¡Registraduría explotó por montaje electoral! Hernán Penagos lanzó dura advertencia a los abelardistas por falsas cifras y actas filtradas desde el exterior

La Registraduría salió a apagar el incendio de la desinformación electoral y advirtió que los supuestos resultados parciales del voto en el exterior son falsos, no oficiales y pueden traer consecuencias penales.

La elección presidencial apenas comenzó para los colombianos en el exterior y ya aparecieron los mismos de siempre intentando contaminar el ambiente con cifras, actas, pantallazos y supuestos resultados que no tienen ningún valor oficial. La Registraduría Nacional, en cabeza de Hernán Penagos, tuvo que salir a poner orden y advertir que cualquier dato que circule como resultado parcial de la votación internacional es falso, porque los resultados oficiales solo podrán conocerse después del cierre de todas las mesas el domingo 31 de mayo en Colombia.

El registrador pidió prudencia ante la circulación de información no oficial en plataformas digitales y dejó claro que los balances electorales únicamente serán divulgados por la autoridad competente cuando termine la jornada. La Registraduría señaló que los supuestos resultados parciales en el exterior no son ciertos y que no pueden presentarse como información válida antes del cierre oficial de las elecciones.

El problema es grave porque la votación en el exterior se desarrolla durante varios días, entre el 25 y el 31 de mayo, mientras que en Colombia la jornada principal será el domingo. Esa diferencia de calendario abre la puerta para que sectores irresponsables intenten fabricar tendencias, manipular percepciones y vender como “resultado” lo que en realidad puede ser un montaje, una filtración descontextualizada o una simple mentira digital. En una campaña tan caliente, publicar cifras falsas no es una travesura, es una forma de ensuciar la democracia.

La Registraduría también fue clara con los testigos electorales. Pueden tomar fotografías de las actas como mecanismo de verificación y control, pero no deben publicarlas ni difundirlas antes del cierre oficial. La entidad pidió a testigos y actores políticos en el exterior abstenerse de divulgar actas, precisamente para evitar desinformación y proteger la transparencia del proceso. Es decir, una cosa es cuidar el voto y otra muy distinta es usar un acta como arma de propaganda antes de tiempo.

Jaime Suárez, registrador delegado para Asuntos Electorales, explicó que la ley permite fotografiar documentos electorales, pero no convertir esas imágenes en supuestos boletines anticipados. “Lo que les pedimos es no darlas a conocer, difundirlas, pero ellos por ley lo pueden hacer”, señaló el funcionario. La frase deja una línea roja muy clara. Control sí, verificación sí, vigilancia sí, pero show electoral con actas en redes no.

La advertencia tiene además un componente penal y disciplinario. Penagos anunció posibles consecuencias para quienes difundan anticipadamente resultados electorales del exterior. Los testigos que compartan información parcial podrían enfrentar investigaciones disciplinarias. Esto no es un juego de cadenas de WhatsApp ni una competencia por ver quién publica primero. La divulgación irresponsable puede terminar en líos judiciales para quienes pretendan jugar con la confianza pública.

La gravedad aumenta porque los falsos resultados no solo buscan informar mal. Buscan producir efectos políticos. Una cifra inventada puede desanimar votantes, inflar candidaturas, instalar la idea de una victoria anticipada o generar sospechas de fraude antes de que termine la jornada. Ese es el veneno de la desinformación electoral. No necesita ser cierta para hacer daño. Le basta circular rápido, repetirse en grupos de WhatsApp, viralizarse en X, aparecer en Facebook y llegar a ciudadanos que no verifican la fuente.

Por eso el llamado de la Registraduría debe tomarse en serio. Los resultados electorales no salen de pantallazos, audios anónimos, cuentas partidistas ni supuestas filtraciones desde consulados. Salen de la autoridad electoral y solo después del cierre oficial. Todo lo demás debe mirarse con sospecha. En tiempos de campaña, la mentira viaja con afán y muchas veces se disfraza de primicia. Pero una democracia no puede quedar secuestrada por publicaciones irresponsables que buscan torcer la percepción ciudadana.

El propio Penagos ha insistido en que la desinformación es uno de los grandes riesgos del proceso electoral. En una entrevista reciente, el registrador afirmó que “las posibilidades de alterar el proceso electoral son nulas”, pero también advirtió que las narrativas falsas contra la organización electoral han crecido de manera peligrosa. Esa frase explica el momento actual. Puede que el sistema tenga controles, pero el campo digital se volvió una zona de batalla donde se intenta sembrar duda, rabia y confusión.

La responsabilidad ahora también recae en los ciudadanos. Antes de compartir una supuesta acta, una tabla de resultados, un audio alarmista o una captura de pantalla, hay que preguntarse quién la publica, de dónde sale, si la Registraduría la confirmó y qué interés puede haber detrás. Compartir información falsa no es inocente. En una elección presidencial, un reenvío irresponsable puede ayudar a construir una mentira nacional.

La votación en el exterior debe ser cuidada, no manoseada. Los testigos electorales cumplen una función fundamental, pero su papel es vigilar, no filtrar. Los ciudadanos tienen derecho a votar con tranquilidad, no a ser bombardeados con resultados inventados. Y las campañas tienen la obligación democrática de competir con votos, no con rumores.

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