¡Mindefensa le cerró la boca a Abelardo! Pedro Sánchez explotó por uso político de las tropas y lanzó dura advertencia en plena campaña

Abelardo de la Espriella recibió una respuesta directa desde el Ministerio de Defensa luego de sus cuestionamientos a la Fuerza Pública, y Pedro Sánchez pidió no convertir a soldados y policías en herramienta de campaña.

El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, salió a ponerle freno al uso político de la Fuerza Pública en plena recta final de la campaña presidencial. En medio de una Comisión Nacional de Seguimiento Electoral realizada en Cartagena, el jefe de la cartera respondió a los cuestionamientos que han circulado desde sectores políticos, entre ellos los del candidato Abelardo de la Espriella, y lanzó una advertencia que cayó como baldado de agua fría sobre quienes pretenden montar discursos electorales sobre la moral de soldados y policías.

Sánchez fue claro al rechazar la idea de que las tropas estén desmoralizadas o que tengan las manos amarradas. El ministro aseguró que la Fuerza Pública mantiene un despliegue especial en las zonas donde se han identificado mayores riesgos para la seguridad electoral y pidió a los partidos no instrumentalizar a militares y policías en sus campañas. La frase fue contundente y dejó el mensaje servido en plena disputa presidencial. “Una de las peticiones que también hacemos a todos los partidos es que no instrumentalicen a la Fuerza Pública para hacer sus campañas”, afirmó.

El mensaje golpea directamente una estrategia que se ha vuelto repetitiva en la campaña de Abelardo de la Espriella. Cada vez que el candidato necesita subir el tono, aparece el recurso de hablar en nombre de las tropas, presentar al Gobierno como enemigo de la Fuerza Pública y vender la idea de un país sin mando, sin autoridad y sin respaldo institucional. Pero el propio ministro de Defensa le cerró la puerta a esa narrativa al insistir en que soldados y policías están desplegados, activos y cumpliendo su misión constitucional.

Los datos entregados por Sánchez también desmontan el espectáculo del miedo. Durante la comisión, el ministro explicó que hay capacidades desplegadas en puntos priorizados del país. Habló de aeronaves, helicópteros, sistemas antidrones, hombres y mujeres de la Fuerza Pública y presencia en 32 sitios focalizados por riesgo de hechos violentos. Además, mencionó 38 municipios donde podrían presentarse amenazas de actos no violentos y señaló zonas especialmente sensibles como Cauca, Catatumbo, Bajo Cauca antioqueño y una región del Tolima.

La respuesta de Mindefensa llega cuando el país está a las puertas de la primera vuelta presidencial y cuando las campañas intentan mover emociones, miedos y rabias para arañar votos. Por eso el llamado de Pedro Sánchez tiene una carga política evidente, aunque se presente desde la institucionalidad. No se puede usar a la Fuerza Pública como escenografía electoral. No se puede hablar por las tropas para alimentar candidaturas. No se puede convertir a soldados y policías en pancarta de campaña.

Abelardo de la Espriella ha insistido en mostrarse como el candidato de la “mano dura”, pero esa pose empieza a chocar con un límite institucional. Una cosa es proponer una política de seguridad y otra muy distinta es usar a la Fuerza Pública como combustible electoral. Cuando un candidato sugiere que las tropas están abandonadas, desmoralizadas o frenadas, no solo ataca al Gobierno. También siembra dudas sobre la capacidad real de quienes están en terreno enfrentando grupos armados, cuidando corredores viales y garantizando la seguridad de las elecciones.

El ministro también había advertido meses atrás, que la Fuerza Pública garantiza la seguridad para el proselitismo y las elecciones, pero no participa en actividades políticas. En esa ocasión fue todavía más tajante. “Nosotros brindamos la seguridad para que haya proselitismo político, pero no participamos en eso. Defendemos la democracia aunque no la podamos ejercer con el voto”, dijo. Y luego lanzó otra frase que hoy vuelve a cobrar fuerza. “Es un mensaje a los candidatos que tampoco pueden utilizar la Fuerza Pública para campañas de ellos. Y no lo vamos a tolerar”.

La diferencia es enorme. Las Fuerzas Militares y la Policía están para proteger la democracia, no para ser usadas como trofeo de campaña. Están para garantizar que la ciudadanía pueda votar, no para convertirse en argumento emocional de candidatos que buscan votos agitando miedo. Están para actuar dentro de la Constitución, no para que un aspirante presidencial las presente como si fueran una barra política esperando órdenes de campaña.

En la misma Comisión Nacional de Seguimiento Electoral también se discutieron alertas de seguridad presentadas por la Misión de Observación Electoral. La MOE advirtió sobre riesgos para campañas y sedes políticas, y reportó 63 hechos de violencia en 21 departamentos relacionados con las campañas de Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. Ese contexto demuestra que el país sí enfrenta amenazas reales, pero precisamente por eso el debate exige seriedad y no oportunismo.

La crítica contra Abelardo es inevitable. En vez de contribuir a bajar la tensión, su discurso parece empujar la idea de que solo él entiende a la Fuerza Pública y que cualquier llamado institucional es debilidad. Esa narrativa puede ser rentable en redes, pero es peligrosa para una democracia en campaña. La seguridad no puede convertirse en una pelea de egos ni en un show de tarima. Mucho menos cuando hay regiones con riesgos concretos y comunidades que necesitan protección real, no frases incendiarias.

Pedro Sánchez, militar retirado y actual ministro de Defensa, no habló desde una tribuna cualquiera. Su trayectoria dentro de la Fuerza Pública le da un peso adicional a la respuesta. No fue un contradictor político de Abelardo quien salió a decirle que no use a las tropas. Fue el jefe de la cartera de Defensa, un hombre que conoce la institución por dentro, quien recordó que la Fuerza Pública no está desmoralizada, no tiene las manos amarradas y no puede ser instrumentalizada por ninguna campaña.

En campaña no todo vale. La Fuerza Pública no le pertenece a Abelardo de la Espriella, ni a ningún candidato, ni a ningún partido. Soldados y policías no son utilería electoral. Son instituciones del Estado y deben mantenerse por fuera de la disputa partidista. Por eso la respuesta de Pedro Sánchez no fue solo una defensa del Gobierno, fue una defensa de la democracia frente a quienes quieren convertir el uniforme en propaganda.

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