¡Es oficial! Abelardo le metió mano a Bogotá y le puso “alcalde” al alcalde: la religiosa Clara Lucía Sandoval llega a la polémica “gerencia” de la capital

Bogotá tiene un alcalde elegido popularmente, pero ahora también tendrá una gerente escogida directamente por Abelardo de la Espriella. En apariencia, Clara Lucía Sandoval promete no reemplazar a Carlos Fernando Galán, aunque vigilará Metro, seguridad, vivienda, movilidad y grandes obras. La pregunta resulta inevitable. ¿Para qué necesita gerente la capital?

Carlos Fernando Galán sigue siendo el alcalde elegido por los bogotanos, sin embargo, Abelardo de la Espriella decidió ponerle a la capital una “gerente”. Clara Lucía Sandoval tendrá bajo su radar algunos de los asuntos más sensibles de la ciudad, desde el Metro y la seguridad hasta vivienda, servicios públicos, Regiotram, Autopista Norte y PTAR Canoas. Y aunque repiten que ella no reemplazará al alcalde, la sola necesidad de hacer semejante aclaración demuestra el tamaño del interrogante que produjo el nombramiento.

De la Espriella presentó a Sandoval en el Palacio de San Carlos y lo hizo acompañado precisamente por Galán. Según explicó, su nueva funcionaria tendrá como misión articular al Ejecutivo con la administración distrital, hacer seguimiento a los proyectos estratégicos y ayudar a destrabar las dificultades que dependan de entidades nacionales. Pero detrás de palabras como “articular”, “gestionar” y “destrabar”, en redes sociales y medios de comunicación se preguntan ¿Por qué Bogotá necesita una gerente presidencial si ya cuenta con un alcalde mayor y toda una administración distrital?

La polémica obligó a Sandoval a marcar límites desde el comienzo. “La gerencia no viene ni a cogobernar ni mucho menos a reemplazar la autoridad distrital”, aseguró en entrevista con medios nacionales. También sostuvo que “Bogotá necesita un alcalde fuerte y un Gobierno Nacional presente”. Galán, por su parte, salió a respaldar el experimento y afirmó que “no hay dudas de la autonomía que tiene Bogotá”. Las explicaciones, sin embargo, no eliminan las dudas.

La nueva gerente tendrá una agenda que parece recorrer buena parte de los grandes problemas de cualquier administración bogotana. Seguridad y justicia, transporte, movilidad, salud, vivienda, servicios públicos, ambiente, desarrollo sostenible y fortalecimiento empresarial aparecen entre las prioridades mencionadas por Sandoval. En infraestructura estarán bajo seguimiento la ampliación de la Autopista Norte, las líneas del Metro, Regiotram, PTAR Canoas, Lagos de Torca y las conexiones de Bogotá con otras regiones. Es decir, prácticamente el corazón de la agenda pública de la capital.

Sandoval incluso anunció que establecerá una especie de tablero de control sobre esas iniciativas. “Vamos a hacerle un semáforo a cada proyecto y mirar cómo vamos a avanzar”, explicó. La funcionaria reportará al Gobierno Nacional los obstáculos y avances de los proyectos que requieran intervención de la Nación.

De la Espriella intentó anticiparse al fantasma de una administración paralela. “Esta gerencia, queridos compatriotas, no llega a competir con la alcaldía ni a crear más burocracia. Llega a articular, gestionar y producir resultados”, aseguró durante la presentación.

Precisamente ahí aparece otra pregunta necesaria. Si no habrá burocracia adicional y tampoco habrá competencias distritales, ¿cuál será exactamente la estructura administrativa, el costo y el poder efectivo de esta gerencia?

La figura tampoco puede analizarse ignorando quién es la persona escogida. Sandoval fue tres veces concejala de Bogotá, coordinó como ponente el Plan Distrital de Desarrollo “Bogotá Camina Segura 2024-2027”, presidió las comisiones de Gobierno y Hacienda del Concejo y dirigió el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal. Para asumir la nueva responsabilidad deberá dejar su curul en el Concejo.

Además, Sandoval conoce a Galán desde hace casi dos décadas. Ambos llegaron por primera vez al Concejo hace 19 años, un detalle que ayuda a entender la evidente comodidad política con la que el alcalde recibió la decisión presidencial.

Galán defendió públicamente la figura y dijo que contar con alguien dentro de la Presidencia haciendo seguimiento a los compromisos nacionales con Bogotá resulta positivo. Incluso aseguró que sería “un error” rechazar esa ayuda institucional. También aclaró que Sandoval no podrá dar instrucciones a funcionarios distritales ni ejecutar directamente los proyectos de Bogotá. La nueva gerente insiste en exactamente lo mismo.

Pero el asunto adquiere otra dimensión cuando se escucha la frase con la que cerró una de sus intervenciones. “Queremos que los bogotanos sientan que el presidente está en Bogotá”.

Y es que una cosa es crear un enlace técnico encargado de llamar ministros, revisar expedientes y acelerar decisiones nacionales. Otra muy diferente sería convertir esa figura, con el paso de los meses, en una ventanilla presidencial que termine disputando protagonismo político, anunciando proyectos o atribuyéndose resultados de una administración elegida directamente por millones de ciudadanos.

También existe un antecedente que obliga a poner la discusión en perspectiva. La idea no nació con De la Espriella. Durante el primer gobierno de Juan Manuel Santos existió una Alta Consejería para Asuntos de Bogotá y Gina Parody estuvo al frente de esa instancia. Posteriormente, fue fusionada con otra dependencia presidencial.

En este contexto, el Metro será probablemente la gran prueba. De la Espriella habló de garantizar la terminación de la Línea 1, trabajar sobre la Línea 2, avanzar en la factibilidad de la Línea 3 y proyectar incluso una Línea 4. También puso sobre la mesa Regiotram y PTAR Canoas. Son proyectos gigantescos, políticamente rentables y capaces de definir administraciones enteras.

Por eso el verdadero examen comenzará cuando aparezca el primer desacuerdo serio entre Nación y Distrito. Ahí se sabrá si Clara Lucía Sandoval era simplemente un puente o si Bogotá terminó recibiendo una suerte de despacho presidencial paralelo. Porque por ahora la capital tiene una situación bastante peculiar. Un presidente. Un alcalde. Y una gerente presidencial para una ciudad que ya tenía quién la gobernara.

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