¡Álvaro Uribe dio la orden! Un micrófono abierto estalló escándalo por bodegas para acosar digitalmente desde la derecha

Un audio que sacude la política colombiana dejó al descubierto una presunta orden de Álvaro Uribe para desatar acoso digital contra una ciudadana crítica, reavivando la indignación por el uso de “bodegas” y la violencia política en redes sociales.

Un video que ya recorre las redes sociales como pólvora dejó al descubierto lo que muchos denunciaban desde hace años y que ahora suena con voz propia: una presunta orden directa del expresidente Álvaro Uribe Vélez para desatar acoso digital contra una mujer que se atrevió a incomodar al uribismo. “Que la hagan llorar en las redes con los comentarios”, se escucha decir con claridad en un audio captado durante un acto político en San Onofre, Sucre, mientras hablaba la candidata presidencial Paloma Valencia.

La escena es tan cruda como reveladora. En medio del evento, Julia Correa, creadora de contenido que antes trabajó para la Revista Semana y que ahora aspira al Senado de la República por el partido del Centro Democrático, y como si fuera poco es asesora del expresidente, se dirige a Uribe y le dice sin rodeos: “Yo he hecho videos de ayer de usted y se los paso para mover con los bodegueros”. Segundos después, la respuesta del líder del Centro Democrático no deja espacio a interpretaciones: “necesito que la hagan llorar en las redes con los comentarios a esa María José, que la hagan llorar”.

La mujer señalada es María José Gómez, una ciudadana activa en redes que días antes había encarado a Paloma Valencia tras coincidir con ella en un avión. Su “delito” fue preguntar por qué la senadora se opuso a la reforma pensional que buscaba garantizar un ingreso de $230.000 a adultos mayores en condición de pobreza. Desde ese momento, el cruce pasó a redes sociales y, según lo que hoy se conoce, habría escalado a una estrategia de hostigamiento digital coordinado.

El activista digital David Rozo calificó el hecho como gravísimo y revelador de una práctica sistemática. “A quienes defendemos posturas de izquierda nos han señalado y estigmatizado como ‘bodegueros’, pero hoy es desde el propio entorno de Uribe donde se reconoce, sin rodeos, la existencia de estructuras dedicadas a mover contenidos, amplificar mensajes y coordinar narrativas políticas”, denunció. La acusación no solo apunta al acoso, sino al perfilamiento y la intimidación como armas políticas.

María José Gómez, convertida en blanco de ataques, respondió con una frase que resume la indignación de muchos: “Persiguen a quien pregunta, intimidan a quien incomoda y luego se victimizan ante el país. Preguntar no es delito. Defender a los pobres tampoco. Lo miserable es hacer política usando a los excluidos y después condenarlos al abandono”.

El escándalo reavivó el debate sobre las llamadas “bodegas”, redes organizadas de cuentas falsas o coordinadas que operan para inflar mensajes, atacar contradictores y deformar la conversación pública. El presidente Gustavo Petro reaccionó con dureza y vinculó estas prácticas con la extrema derecha. “Las bodegas obedecen a formas comunicacionales de la extrema derecha tratando de manipular la opinión pública. Es un delito. Deforman la realidad […] a partir de la grosería y la calumnia”, escribió, cuestionando además la pasividad de la Fiscalía frente a estos hechos: “En esto la Fiscalía no ha avanzado un paso”.

Las voces de rechazo no tardaron en multiplicarse. El senador León Fredy Muñoz y el exembajador Camilo Romero coincidieron en que este episodio refleja una política del odio que Colombia no puede normalizar. Romero fue contundente al afirmar: “De insultar a las madres de Soacha víctimas de los asesinatos de su gobierno a llamar a sus seguidores a ‘hacer llorar’ a María José Gómez… Uribe es un expresidente en decadencia. Colombia no puede normalizar esa política del odio, que ve al otro como enemigo”.

Lo que hoy indigna no es solo una frase captada en un video, sino la confirmación de una práctica que busca silenciar, intimidar y aplastar al que piensa distinto. El uso de bodegas, el acoso coordinado y la violencia verbal contra ciudadanos comunes desnuda una forma de hacer política propia de una derecha que, incapaz de debatir ideas, recurre al ataque y al miedo. En un país marcado por la estigmatización y la violencia, este tipo de órdenes no son simples palabras: son una amenaza directa a la democracia y a la libertad de expresión.

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