La Biblia llega a las plenarias del Congreso de la mano de Sara Castellanos y la polémica alcanza a Abelardo de la Espriella. La senadora de Salvación Nacional repartió ejemplares del texto religioso entre sus compañeros antes de presentar un proyecto para declarar el 31 de octubre como Día Nacional de la Biblia, una iniciativa que reabre el debate sobre la neutralidad religiosa del Estado. En redes se ha señalado que «A los congresistas les deberían entregar más bien la Constitución».
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El problema no es que los cristianos celebren su fe, sino que el poder político privilegie una creencia sobre las demás. Abelardo aparece como invitado al lanzamiento de la propuesta, mientras crecen las críticas por su utilización de símbolos religiosos en actos oficiales. El representante Miguel Grisales lanzó una advertencia contundente contra la instrumentalización política de la religión, recordó que el Congreso es «de la República, no el púlpito de ninguna iglesia».
La iniciativa de Castellanos será presentada el jueves 29 de octubre en el Auditorio G12 de Bogotá, con la asistencia anunciada del presidente. La convocatoria señala las seis de la tarde como hora de inicio. El proyecto pretende establecer una conmemoración anual de la importancia religiosa y cultural de la Biblia, aunque todavía deberá superar el trámite legislativo correspondiente.

La senadora, quien también es pastora cristiana, ha vinculado su propuesta con las oraciones de quienes esperan «que Dios levante un gobierno justo». También afirmó que responde a «un pueblo que se levantó a orar». Estas declaraciones alimentan la controversia sobre la cercanía entre determinados sectores religiosos y el proyecto político que representa Abelardo de la Espriella.
El miércoles 28 de octubre, Castellanos entregó biblias a representantes y senadores durante las sesiones del Congreso. Los ejemplares fueron donados por Sociedades Bíblicas, según explicó la parlamentaria. «Estamos dando el libro más importante de la historia, el libro más vendido, el libro más traducido», manifestó. También pronunció una frase dirigida a sus compañeros. «Uno no lee la Biblia, la Biblia te lee a ti».
La reacción del representante Miguel Grisales, del Pacto Histórico, puso el foco en la Constitución. El congresista pidió diferenciar «la libertad de cultos» de «la instrumentalización política de la religión» y recordó que el Congreso es «de la República, no el púlpito de ninguna iglesia». Su cuestionamiento apunta al uso de escenarios institucionales para promover expresiones vinculadas con una confesión particular.
Que no se confunda la libertad de cultos con la instrumentalización política de la religión. Este es el Congreso de la República, no el púlpito de ninguna iglesia. ¿Por qué no reparten mejor la Constitución? Si la leyeran se darían cuenta de la importancia de respetar la libertad religiosa, la diversidad y la libertad de creencias en un Estado laico. Y para rematar… tengan un poquito de buen gusto: cómo se les ocurre poner la cara de Abelardo de la Espriella para celebrar el Día de la Biblia… muy mal. @ABDELAESPRIELLA @CarolBordaA #PatriaMiseria
— Miguel Grisales – Pacto Histórico (@MiguelGrisalesS) October 28, 2026
Grisales propuso que, en lugar de repartir biblias, los congresistas recibieran ejemplares de la Constitución Política. Su argumento recuerda que Colombia reconoce la libertad religiosa y protege la diversidad de creencias. La Carta de 1991 garantiza la libertad de cultos en su artículo 19 y establece que todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley.
La discusión adquiere mayor relevancia por la participación anunciada de Abelardo de la Espriella. Durante su campaña presidencial, el mandatario defendió la Biblia como expresión de una visión de sociedad. Además, convirtió «Viva Cristo Rey» en una consigna recurrente de sus discursos, una práctica que ha provocado cuestionamientos sobre la diferencia entre sus convicciones personales y sus responsabilidades institucionales.
La controversia incluso llegó a los tribunales después de la posesión presidencial del 7 de agosto. Omar Alberto Franco Becerra presentó una tutela por los componentes religiosos de la ceremonia. Un juzgado ordenó inicialmente disculpas públicas y Abelardo las ofreció el 30 de agosto. Sin embargo, el Tribunal Superior de Bogotá revocó posteriormente esa orden, sin prohibir expresamente la utilización de la frase.
Me estaban dando palo por decir que este señor es un tinterillo y que de abogado poquito. Se le olvidó el pequeño detalle de que somos un Estado LAICO. 4 años de esta gente metiendo a Dios en todo y justificando pérdida de derechos de la mano de la biblia. 😕
— Lalis 🐆 (@smilelalis) August 1, 2026
La representante Laura Daniela Beltrán, conocida como Lalis, también cuestionó el uso de «Viva Cristo Rey» en actos oficiales y anunció otra tutela. El debate no gira alrededor de impedir que el presidente profese una religión, sino de establecer si sus expresiones institucionales respetan la neutralidad que debe mantener el Estado frente a creyentes de distintas confesiones y personas sin religión.
La elección del 31 de octubre añade otro elemento de controversia. Esa fecha coincide con Halloween, celebración extendida entre familias, colegios y establecimientos comerciales. Sin embargo, la propuesta no contempla, según la información divulgada, obligar a los ciudadanos a participar en actividades religiosas. El interrogante central es si el reconocimiento estatal de una conmemoración específica garantiza un trato igualitario a las demás creencias.
Existe además un antecedente legislativo que merece atención. La Cámara de Representantes registra un proyecto denominado Día Nacional de la Biblia que terminó archivado. Por tanto, la propuesta de Castellanos no constituye el primer intento de establecer esta conmemoración. Su eventual aprobación dependerá de los debates y votaciones del Congreso, no de la participación presidencial en el acto de presentación. La Constitución protege tanto a quienes consideran sagrada la Biblia como a quienes profesan otras religiones o ninguna. Esa diversidad es precisamente la que debe respetar cualquier decisión del Congreso.





