Cada 5 de junio, la comunidad internacional recuerda la importancia de proteger el planeta y preservar los recursos naturales para las futuras generaciones. La fecha, promovida por las Naciones Unidas desde hace más de cinco décadas, se ha convertido en un escenario para reflexionar sobre el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la protección de los ecosistemas que sostienen la vida. En Colombia, una de las naciones más biodiversas del mundo, ese debate adquiere una dimensión aún más profunda.
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Sin embargo, en plena campaña presidencial, las propuestas ambientales de Abelardo de la Espriella han generado una intensa controversia. El candidato ha sido claro en su intención de reactivar de manera inmediata la exploración y explotación petrolera, abrir nuevamente la puerta al fracking y fortalecer el sector minero-energético como eje central de la economía nacional. Incluso ha señalado que el país tiene que explotar los recursos del subsuelo y recuperar la producción energética mediante una expansión acelerada de la producción de hidrocarburos.
Durante diferentes intervenciones públicas, De la Espriella ha defendido el fracking como una «tecnología moderna y responsable» y ha planteado la meta de llevar la producción petrolera del país a cerca de 1,3 millones de barriles diarios. También ha insistido en que Colombia no puede renunciar a sus recursos naturales por razones ideológicas y que la exploración debe retomarse desde el primer día de un eventual gobierno suyo.
Lokillo es y seguirá siendo una leyenda. Un artista con sentido común, con capacidad de entender lo que está pasando.
— Miguel Gutiérrez C.✊🏻 (@miguelgutierce) June 3, 2026
Dicen pro vida, pero quieren exterminarla toda rompiendo montañas, acabado con los ríos. pic.twitter.com/g7z0f2OVBd
Estas posiciones han provocado preocupación entre organizaciones ambientales, comunidades en todo el país y analistas del sector. Diversos estudios y publicaciones especializadas recuerdan que el fracking implica un elevado consumo de agua, riesgos potenciales para acuíferos y ecosistemas sensibles, además de una mayor emisión de gases de efecto invernadero asociados al cambio climático. Algunos expertos han advertido que simplificar el debate alrededor de esta técnica puede ocultar daños ambientales ampliamente documentados en distintas regiones del mundo.
La discusión ha cobrado aún más fuerza porque Colombia alberga ecosistemas estratégicos como la Amazonía, los páramos andinos y una de las mayores reservas de biodiversidad y agua del planeta. Aunque el propio De la Espriella ha dicho que los santuarios naturales y páramos protegidos «no se tocan», su apuesta por una expansión masiva del sector extractivo ha sido interpretada por muchos sectores como un retroceso profundo en el rumbo de la política ambiental nacional.
El contraste con otras visiones de país es evidente. Mientras algunos sectores defienden acelerar la transición energética y fortalecer las energías renovables como está sucediendo en países desarrollados, el programa del candidato de Defensores de la Patria prioriza el petróleo, el gas y la minería como motores principales del crecimiento económico. Analistas del sector energético han señalado que un eventual gobierno suyo tendría un énfasis mucho menor en la transición ecológica y un impulso decidido a los hidrocarburos y a la inversión extractiva.
Mientras Abelardo y Paloma siguen defendiendo el fracking sin importar los riesgos para el medio ambiente, Iván Cepeda propone seguir avanzando en la transición energética.
— Alejandro Ocampo (@alejoocampog) May 31, 2026
El futuro es cuidar el agua y la vida pic.twitter.com/TElBwb5lnJ
Las críticas no provienen únicamente de organizaciones ambientalistas. Voces políticas han advertido que una apuesta centrada en la expansión del fracking y de la explotación petrolera podría entrar en tensión con los compromisos internacionales asumidos por Colombia en materia climática y con los esfuerzos globales por reducir las emisiones de carbono. En un escenario de crisis ambiental planetaria, de escasez de agua y altas temperaturas, las decisiones que adopte el próximo gobierno podrían marcar el futuro de generaciones enteras.
El debate también tiene una dimensión social. En numerosos territorios del país, especialmente en regiones rurales y comunidades indígenas, el agua y los ecosistemas son mucho más que recursos económicos. Son la base de la vida, de la producción agrícola y de la identidad cultural. Por eso, cualquier propuesta que implique ampliar la frontera extractiva suele generar inquietudes sobre sus efectos en las poblaciones locales.
No es casualidad que esta discusión se produzca precisamente en el Día Mundial del Medio Ambiente. La fecha invita a preguntarse qué modelo de desarrollo quiere construir Colombia en los próximos años. De un lado, una visión que prioriza el crecimiento económico apoyado en la explotación intensiva de los recursos naturales. Del otro, una apuesta por fortalecer la transición energética, proteger los ecosistemas estratégicos y avanzar hacia formas más sostenibles de desarrollo propuesta por Iván Cepeda.
De buena que si uno es ambientalista, toca salir a defender la naturaleza ante semejante peligro.
— Miguel Gutiérrez C.✊🏻 (@miguelgutierce) June 3, 2026
Abelardo es una aberración para nuestras montañas y animalitos que allí habitan. Por esta y más razones en segunda a votar CONTRA este man. pic.twitter.com/Mckx4y2srG
En un país considerado uno de los más ricos en biodiversidad del planeta, lo que hoy se debate no es únicamente una política energética o una fórmula económica. Se trata, para muchos sectores, de definir si el futuro de Colombia estará marcado por la expansión del modelo extractivo o por la defensa del agua, los bosques y los territorios que hacen posible la vida.





