Una pelota, una camisa de playa y una dosis de sarcasmo consiguieron lo que el representante Hernán Muriel denunciaba que no había logrado el control político ordinario, poner los reflectores sobre una moción de censura atravesada por una fuerte controversia procedimental. La escena incomodó a la Mesa Directiva hasta el punto de que Nicolás Barguil salió públicamente a advertir que la plenaria no sería escenario de “burlas” ni “espectáculo”. El performance terminó ocupando titulares, aunque el cuestionamiento de fondo era la actuación del ministro Jaime Andrés Beltrán durante la emergencia del terremoto.
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Muriel apareció en “modo playero” precisamente para convertir esa incomodidad en mensaje político. Su protesta ironizaba sobre las imágenes de Beltrán descansando en Santa Marta pocos días después del terremoto, episodio que originó cuestionamientos sobre su respuesta como ministro. La paradoja fue evidente en la cobertura posterior. El vestuario del congresista terminó convertido en protagonista, mientras las preguntas que motivaron la moción eran mucho más serias, entre ellas qué decisiones tomó Beltrán durante la emergencia, qué instrucciones impartió y cómo respondió su cartera ante la urgencia por las viviendas afectadas.
El contexto explica la dureza de la controversia. El terremoto dejó una emergencia de enormes proporciones y, según cifras presentadas posteriormente por el propio Ministerio de Vivienda, fueron afectados 497 municipios de 16 departamentos, 293.743 familias y 466.606 personas. El balance oficial registró además 201.005 viviendas averiadas y 36.336 destruidas, dimensión que convirtió la respuesta gubernamental y la actuación del ministro en materia de control político del Congreso.
Es curioso.
— Hernán Muriel (@Hernan_MurielP) September 16, 2026
Les incomodó sobremanera lo que hice en plenaria, en un ejercicio de protesta ante la coartación de nuestra palabra en el marco de la moción de censura del ministro playero;
Pero no les incomodó lo que hizo ese ministro -al cual yo estaba imitando- cuando él fue… pic.twitter.com/luGU8sjbic
Las imágenes de Beltrán en Santa Marta alimentaron precisamente los cuestionamientos que llevaron a sectores de oposición a promover la moción. El ministro negó haber abandonado sus responsabilidades y posteriormente presentó ante el Congreso las acciones adelantadas para la reconstrucción. Sin embargo, durante el debate en el Senado, se resaltó que Beltrán “se fue de vacaciones”, una caracterización que el funcionario ha controvertido al asegurar que continuó trabajando.
El episodio adquirió otro tono cuando Nicolás Barguil, presidente de la Cámara, rechazó la protesta performática. Según algunos medios tradicionales, Barguil sostuvo que garantizaría el control político, pero que no permitiría “que la plenaria se convierta en un escenario de burlas, irrespeto o espectáculo”. Muriel, por su parte, denunció que solicitó intervenir para explicar su acción y que la Mesa Directiva no le concedió la palabra durante la controversia.
Allí aparece una comparación inevitable dentro de la discusión sobre los límites de la protesta política. En julio de 2025, el entonces representante del Centro Democrático José Jaime Uscátegui se puso una máscara de Papá Pitufo durante el discurso de Gustavo Petro en la instalación del Congreso. Meses antes, más de 30 representantes habían participado en otra protesta utilizando máscaras semejantes. Ante aquellas acciones los medios tradicionales no hicieron la misma cobertura ni generaron el escandalo como el que están montando contra Muriel.
Finalmente, las mayorías de @ABDELAESPRIELLA le hicieron el juego a @soyjaimeandres: el ministro se escondió, impidieron que se realizara el debate y el “ministro playero” seguirá en el cargo, sin responder, sin dar la cara y sin mostrar resultados.
— Ana Erazo (@AnaErazoR) September 16, 2026
La cobardía y la jugarreta le… pic.twitter.com/w7T5uI7SWY
La comparación permite plantear una pregunta sobre qué criterios deberían aplicarse a las expresiones simbólicas dentro del Congreso. Si las máscaras utilizadas para cuestionar a Petro fueron presentadas como una protesta política, el debate actual consiste en determinar por qué la vestimenta playera de Muriel fue considerada por la Presidencia de la Cámara como una posible “burla” o “espectáculo”.
Detrás del atuendo, además, existía una controversia constitucional concreta. La Cámara tenía citado desde el 4 de septiembre su propio debate de moción de censura, pero el Senado se anticipó y votó primero. La moción contra Beltrán fue derrotada allí por 61 votos contra 27. Después de esa decisión, la Cámara dejó de continuar el trámite, apoyándose en la interpretación del artículo 135 de la Constitución expuesta por su Mesa Directiva.
Barguil defendió el procedimiento y negó cualquier maniobra. Su argumento fue que, una vez una cámara se pronuncia sobre una moción, la decisión inhibe a la otra de votar sobre el mismo asunto. En la Cámara también fue aprobada una proposición del representante Julio César Triana para no realizar un segundo debate. Muriel cuestionó esa secuencia y afirmó que había permanecido durante más de una hora y cuarenta minutos esperando que pudiera desarrollarse la discusión.
Ese es precisamente el punto que puede perderse si toda la controversia queda reducida al sombrero, la camisa o la pelota. Muriel afirmó que recurrió al performance porque consideraba que era la manera de conseguir que la “maquinaria mediática tradicional” observara lo que ocurría con el debate. Los medios sí registraron ampliamente su vestimenta, pero no prestaron toda la atención de las razones que llevaron al representante a hacerlo, lo que sí hicieron fue hablar sobbre las razones esgrimidas por Barguil.
¿Ahora me quieren sancionar por ir al trabajo de la misma forma en cómo el ministro “va a trabajar” en plena catástrofe nacional de terremoto?
— Hernán Muriel (@Hernan_MurielP) September 15, 2026
Sean serios. Ni siquiera permitieron que hiciéramos debate de moción de censura.
MINISTRO @soyjaimeandres, tenga un poquito de… pic.twitter.com/ZWRwvPAjKI
La protesta de Muriel consiguió, en cualquier caso, trasladar al centro de la conversación una discusión que iba mucho más allá de su vestimenta. Quedan enfrentadas dos versiones. Barguil sostiene que la Mesa Directiva simplemente aplicó algunas consideraciones después de la votación del Senado. Muriel denuncia una actuación “amañada” que impidió el debate en la Cámara, como debería ser. Permanece entonces la pregunta política relevante sobre las garantías efectivas para el control al Gobierno.
Y detrás de la pelea parlamentaria siguen estando las víctimas del terremoto. El desastre dejó cientos de miles de personas afectadas y decenas de miles de viviendas destruidas, por lo que la actuación del Ministerio de Vivienda continurá sometida al escrutinio público aunque la moción haya terminado. La ropa playera produjo titulares, pero las cifras de la tragedia explican por qué el desempeño del ministro originó el debate en primer lugar.





