La palabra que Ricardo Valencia escribió una y otra vez contra el expresidente Gustavo Petro hoy regresa como un búmeran político. “Dictador”, publicó en repetidas ocasiones en 2025. También escribió “Nuestra tradición es de libertad. Petro y el petrismo nos quieren hacer rehenes suyos, rehenes del miedo. Quieren que agachemos la cabeza para que el proyecto de dictador no se moleste y nos ponga la bota en la cabeza! Tenemos que resistirnos ahora para no ser rehenes mañana!”. Un año después, Valencia salió abruptamente del DANE por decisión de Abelardo De La Espriella.
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El economista había llegado a dirigir una de las instituciones técnicas más importantes del Estado apenas semanas antes de su fulminante salida. De La Espriella lo designó en agosto y el 14 de septiembre la Presidencia anunció que quedaba insubsistente. La explicación oficial fue un golpe a la independencia de esa entidad. Valencia habría hecho “caso omiso” de instrucciones gubernamentales y de la Directiva Presidencial 001.
La ironía aparece al revisar lo que Valencia decía cuando el ocupante de la Casa de Nariño era Petro. En una publicación de 2025, reaccionó a un mensaje del entonces presidente sobre la consulta popular con una sola palabra escrita en mayúsculas, “DICTADOR”. Ese mismo día, ante otra publicación de Petro, repitió la acusación con la frase “Petro, dictador”.
DICTADOR https://t.co/0VrfzUTXH2
— Ricardo Valencia R (@rvalencia123) June 4, 2025
No fueron mensajes aislados. En otro pronunciamiento compartido por el propio Valencia durante aquella confrontación política escribió que Petro no reconocía decisiones del Congreso, la Corte Constitucional ni el Consejo de Estado y preguntó por qué reconocería los resultados electorales. Su conclusión era alarmante. “Estamos a nada de tener dictador”. El economista advertía entonces sobre lo que consideraba una peligrosa concentración del poder presidencial.
El tono llegó todavía más lejos durante la discusión alrededor de la consulta popular. Valencia sostuvo que se estaba preparando un “golpe de estado” destinado a deslegitimar las otras ramas del poder y abrir paso a una constituyente. En otra publicación afirmó que Petro y el petrismo pretendían convertir a los colombianos en “rehenes del miedo” y llamó públicamente a resistirse contra lo que denominó un “proyecto de dictador”.
Pero el episodio que terminó costándole el cargo ocurrió bajo un presidente de derecha. Valencia sostuvo desde la dirección del DANE que no había encontrado anomalías en indicadores correspondientes a julio de 2026, producidos durante el último mes del Gobierno Petro. La administración de De la Espriella cuestionó que semejante conclusión se hubiera anunciado antes de realizar “auditorías profundas” y terminó retirándolo de la entidad.
Se sabía. Ha hecho todo para que Colombia sea un fracaso y así pueda forzar una Constituyente. Es el momento de pararse como sociedad y atajar a este proyecto de dictador. Primer paso: todos a la calle el domingo! https://t.co/xZctyuejtJ
— Ricardo Valencia R (@rvalencia123) June 12, 2025
La controversia se vuelve todavía más delicada porque el DANE no es cualquier dependencia gubernamental. Allí se producen estadísticas fundamentales sobre inflación, desempleo, pobreza, población y crecimiento económico. La discusión, por tanto, supera la suerte laboral de Valencia y toca un nervio institucional mucho más sensible. ¿Hasta dónde puede llegar la disciplina presidencial cuando quien habla dirige precisamente una entidad cuya credibilidad depende de su independencia técnica?
Antes del despido ya había sonado otra alarma. Una rueda de prensa para explicar las cifras de inflación de agosto fue cancelada apenas 30 minutos antes de comenzar. Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE y antiguo jefe de Valencia en la entidad, advirtió públicamente que una eventual instrucción de Presidencia podría entrar en conflicto con la legislación que protege la independencia técnica y profesional de las estadísticas oficiales. Hay que recordar que Oviedo también estuvo en la carrera presidencial desde la derecha como formula de Paloma Valencia.
El contraste resulta demoledor para el discurso que Valencia había construido durante el Gobierno anterior. El hombre que alertaba sobre un presidente que supuestamente desconocía los contrapesos terminó removido por otro mandatario después de defender públicamente unas estadísticas y ser señalado de incumplir instrucciones presidenciales. Esto ha abierto una inevitable discusión sobre la coherencia.
Hay además un detalle que hace todavía más explosiva la historia. Valencia no era un improvisado dentro de la institución. Antes de regresar como director había ocupado la Subdirección General del DANE entre 2018 y 2022, durante la administración de Juan Daniel Oviedo. Su experiencia estaba directamente vinculada con estadísticas, gestión de información y análisis socioeconómico. El propio De La Espriella lo escogió para conducir la entidad.
La orden presidencial de cancelar las ruedas de prensa del @DANE_Colombia para presentar sus resultados es problemática.
— Espinosa (@EspinosaRadio) September 10, 2026
La ley estadística, numeral 5 artículo 4, es clara: Dane es independiente en su forma de entregar esa información. La presidencia NO puede ordenar nada. pic.twitter.com/m95jLTJnlH
Ahora será Juan Manuel Alvarado quien tenga sobre sus hombros una tarea particularmente sensible. Presidencia anunció que deberá adelantar una “revisión rigurosa de la información recibida” y comunicar sus resultados al país. El problema es que la controversia ya está instalada. Si las estadísticas oficiales deben ser independientes, cualquier revisión realizada después de semejante choque político estará sometida a un enorme escrutinio público.
Ricardo Valencia pasó así, en cuestión de semanas, de ser el hombre escogido por Abelardo De La Espriella para dirigir las estadísticas nacionales a convertirse en otra salida temprana de su Administración. Y sus antiguas publicaciones quedaron allí, intactas, recordando las advertencias que lanzaba cuando Petro gobernaba. El debate ahora es inevitable. Las garantías institucionales no pueden depender de quién ocupa la Presidencia ni de quién recibe la orden.





