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La promesa de gobernar con los «nunca», lejos de los mismos nombres de siempre, comenzó a desmoronarse incluso antes de la posesión presidencial. A pocos días del inicio del nuevo gobierno, los nombres del expresidente Iván Duque y de la senadora Paloma Valencia aparecen como protagonistas del gabinete y del equipo diplomático de Abelardo de la Espriella, desatando fuertes cuestionamientos sobre la distancia entre el discurso de campaña y las verdades que empiezan a tomar forma.

La narrativa del “voto fusil” nació en redes con tablas incompletas, mapas desactualizados y videos virales que pusieron bajo sospecha a municipios enteros por haber votado por Iván Cepeda. Ahora, esa narrativa impulsada por sectores abelardistas amenaza con convertirse en insumo político para el llamado “empalme anticorrupción” de Abelardo de la Espriella, pese a que verificadores y analistas han advertido que se trata de una lectura selectiva, exagerada y sin pruebas concluyentes.

El empalme entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y la administración entrante de Abelardo de la Espriella comenzó rodeado de tensión, desconfianza y acusaciones de intimidación. El actual ministro de Justicia, Jorge Iván Cuervo, cuestionó el tono utilizado por el equipo del presidente electo, advirtió que un comité de empalme integrado por particulares no tiene facultades de auditoría y defendió que la transición debe hacerse con reglas claras, sin presunción de culpabilidad y sin convertir la entrega de información en una especie de juicio político anticipado.