¡La plata por fin alcanza! Soldados con sueldo completo, médicos remunerados y millones sintiendo que la nevera sí está más llena que hace 4 años

Soldados celebrando en los cuarteles, médicos internos por fin con salario y millones de trabajadores con más plata en el bolsillo: en el cierre del gobierno de Gustavo Petro, el mensaje es claro: la nevera está más llena que hace cuatro años.

En los cuarteles del país hubo gritos, bailes y abrazos que no se veían desde hace décadas. Jóvenes soldados celebraban como si hubieran ganado una final, pero lo que festejaban era algo mucho más profundo: por primera vez en la historia reciente, reciben un salario mínimo completo. El presidente Gustavo Petro no dejó pasar el momento y replicó el video en su cuenta de X con una frase que desató aplausos: “Felicidad de los soldados, y más riqueza para Colombia”.

Desde enero de 2026, los soldados de menor rango pasaron de recibir una bonificación parcial, que en 2023 apenas rondaba el 30 % del mínimo y en 2025 no superaba el 70 %, a tener en su cuenta bancaria 2.000.000 de pesos mensuales, producto del salario básico y el auxilio de transporte fijados en los decretos 1469 y 1470 de 2025. Más de 98.000 jóvenes, muchos provenientes de barrios populares y zonas rurales olvidadas, ahora no solo portan uniforme: también llevan un ingreso digno a sus hogares. En miles de casas la frase empezó a repetirse sin pena: la nevera está más llena que hace cuatro años.

Pero la ola no se quedó en los batallones. En hospitales y clínicas del país, donde por años el internado médico fue sinónimo de jornadas extenuantes sin salario, la historia también cambió. Gracias a la Ley 2466 de 2025, los estudiantes de último año de Medicina recibirán salario mínimo y afiliación plena a salud, pensión y riesgos laborales. Más de 8.000 internos dejarán de trabajar gratis mientras asumen responsabilidades vitales. Más de 200.000 millones de pesos fueron girados para dignificar su labor. Lo que durante décadas fue “formación académica” sin derechos hoy es reconocido como trabajo formal.

Y todo ocurre en el marco de un salto histórico del salario mínimo. El ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, lo dijo sin rodeos: “Comenzó una nueva era en la discusión del salario mínimo, referenciado ahora a la definición del salario vital”. El ingreso de quienes ganan el mínimo pasó a 2.000.000 de pesos mensuales sumando el auxilio de transporte, con un incremento del 23 %. Más de 2,4 millones de trabajadores ven crecer su sueldo en más de 327.000 pesos. “El gran cambio es salario mínimo por salario vital”, insistió el ministro, defendiendo que el impacto en costos es marginal y que el país vive uno de los momentos con menor desempleo del siglo.

El Gobierno del Cambio recibió el mínimo en 1.000.000 de pesos y lo entrega en 2.000.000. En un país golpeado por la desigualdad, el mensaje es potente: hoy más familias pueden acercarse a la canasta básica, que ronda los 3.000.000 de pesos; más jóvenes pueden pensar en estudiar sin trabajar gratis; más soldados pueden enviar dinero a sus padres; más trabajadores pueden comprar ropa, pagar transporte, ahorrar para un viaje o simplemente llenar el mercado sin que el corazón se encoja en la caja registradora.

A las puertas de nuevas elecciones, el balance no es menor. Los defensores del proyecto aseguran que estos no son simples números sino transformaciones estructurales que tocaron el bolsillo real de millones. La narrativa es clara: la nevera está más llena que hace cuatro años y hay más dignidad en el trabajo. Para quienes respaldan al presidente, el temor es que un cambio de rumbo desmonte lo conquistado y regrese a la lógica de salarios comprimidos y prácticas sin derechos.

Entre soldados celebrando, médicos internos respirando aliviados y trabajadores viendo crecer su ingreso, el mensaje que se instala es político y contundente: más plata en el bolsillo, más consumo, más estudio, más oportunidades. Y en medio de la contienda electoral que se avecina, el oficialismo apuesta a que esa sensación cotidiana, la del mercado que rinde un poco más, pese más que cualquier discurso de odio protagonizado por la extrema derecha.

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