¡Más plata y menos trabajo gracias a la reforma laboral de Petro! Desde el 1 de julio millones de trabajadores ganarán más por domingos y festivos y trabajarán solo 42 horas a la semana

Julio llegó con dos noticias que benefician directamente el bolsillo y el tiempo de millones de trabajadores colombianos. Desde el 1 de julio, trabajar domingos y festivos se paga con un recargo del 90 %, y desde el 15 de julio la jornada laboral máxima baja de 44 a 42 horas semanales, dos cambios que fortalecen derechos laborales y que el Gobierno de Gustavo Petro ha presentado como parte de la recuperación de garantías históricas para quienes sostienen la economía con su trabajo.

Colombia comenzó julio con un cambio laboral que para millones de trabajadores representa más dinero, menos horas obligatorias y una nueva etapa en la recuperación de derechos que durante años fueron recortados o aplazados. Desde el 1 de julio de 2026 empezó a regir el aumento del recargo dominical y festivo al 90% sobre el valor de la hora ordinaria, una medida establecida en la Ley 2466 de 2025, impulsada en el marco de la reforma laboral del Gobierno de Gustavo Petro.

Hasta junio de 2025, el recargo por trabajar domingos y festivos era del 75%. Entre julio de 2025 y junio de 2026 subió al 80%. Desde julio de 2026 y hasta junio de 2027 queda en 90%. Y desde julio de 2027 llegará al 100%, completando una transición gradual que busca devolver plenamente el pago adicional por laborar en días de descanso obligatorio.

En palabras simples, quien trabaje un domingo o festivo tendrá que recibir un reconocimiento más alto por sacrificar su día de descanso. La medida impacta especialmente a trabajadores de comercio, vigilancia, logística, servicios, restaurantes, hoteles, transporte, salud, call centers y empresas que operan durante fines de semana o en esquemas 24/7.

A este cambio se suma otro punto clave de la reforma laboral. Desde el 25 de diciembre de 2025, la jornada nocturna volvió a iniciar a las 7:00 p. m. y se extiende hasta las 6:00 a. m., con un recargo del 35%. Este ajuste corrigió una de las modificaciones más criticadas de comienzos de siglo, cuando durante el gobierno de Álvaro Uribe la jornada nocturna fue movida hasta las 10:00 p. m., reduciendo el pago extra para millones de trabajadores que salían tarde de sus empleos.

El segundo golpe laboral llegará el 15 de julio. Desde esa fecha, la jornada máxima ordinaria en Colombia bajará de 44 a 42 horas semanales, completando el proceso gradual establecido por la Ley 2101 de 2021. En 2022 la jornada máxima era de 48 horas. En 2023 bajó a 47. En 2024 pasó a 46. En 2025 llegó a 44. Y ahora, en 2026, queda finalmente en 42 horas semanales.

Esto significa que los trabajadores tendrán menos horas obligatorias sin reducción salarial. En términos mensuales, la jornada pasará a unas 182 horas, frente a las 190,6 horas estimadas con la jornada de 44 horas. Es decir, una reducción adicional cercana a 8,67 horas al mes frente al año anterior, según los cálculos divulgados por medios económicos.

Para el Gobierno Petro, estos cambios representan una reivindicación laboral de fondo. La idea central es que el crecimiento económico no puede construirse sobre jornadas extensas, bajos recargos y sacrificios permanentes de quienes trabajan en horarios nocturnos, domingos o festivos. En ese sentido, el aumento del recargo y la reducción de la jornada se convierten en una señal política clara. El tiempo de los trabajadores también vale.

Los sectores empresariales, por su parte, advierten que el ajuste obligará a revisar turnos, costos de nómina y modelos de operación, especialmente en actividades que dependen del trabajo nocturno o dominical. Sin embargo, la implementación gradual fue diseñada precisamente para permitir una transición progresiva y evitar choques inmediatos en las empresas.

Con el aumento del recargo dominical al 90 % y la llegada de la jornada máxima de 42 horas semanales, julio marca un punto de quiebre en las reglas laborales del país. No se trata solo de porcentajes o cambios técnicos en la nómina. Se trata de más dinero para quienes trabajan en días de descanso, más tiempo para la vida familiar y una señal de que los derechos laborales vuelven al centro de la discusión pública.

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