¡Donald Trump se metió en Colombia! The Guardian prende las alarmas y advierte sobre su injerencia en el triunfo de Abelardo y el avance del trumpismo en Latinoamérica

El diario británico The Guardian dedicó un duro editorial a las elecciones colombianas y advirtió que el respaldo de Donald Trump a Abelardo de la Espriella hace parte de un fenómeno mucho más grande que bautizó como "trumpismo transnacional", una estrategia que, según el medio, utiliza la desinformación, los datos y el miedo para influir en las democracias.

El prestigioso diario británico The Guardian puso a Colombia en el centro del debate internacional sobre la injerencia política extranjera y lanza una advertencia que puede generar repercusiones dentro y fuera del país. En un editorial publicado tras las elecciones presidenciales, el periódico sostuvo que el triunfo del presidente electo Abelardo de la Espriella no puede analizarse únicamente como un hecho interno, sino como parte de un fenómeno internacional impulsado por Donald Trump y por una nueva forma de intervención política que el medio denomina «trumpismo transnacional».

El editorial dedica buena parte de su análisis al respaldo público que Donald Trump otorgó durante la campaña presidencial a Abelardo de la Espriella. Para el diario británico, ese apoyo no constituye un hecho aislado, sino una manifestación de un nuevo modelo de influencia política que ya ha comenzado a extenderse por distintos países de América Latina.

The Guardian hace una precisión que llamó especialmente la atención. Señala que las denuncias realizadas por el presidente Gustavo Petro sobre una posible interferencia estadounidense «no deben interpretarse como prueba de un fraude electoral, pero tampoco deben descartarse como mera paranoia». Con esa afirmación, el periódico introduce un matiz que alimenta el debate internacional sobre el alcance que pueden tener las nuevas formas de influencia política ejercidas desde el exterior.

El medio británico recuerda que Donald Trump respaldó públicamente la candidatura de Abelardo de la Espriella y describe con preocupación varios de los principales puntos de su programa de gobierno. Entre ellos menciona la construcción de megacárceles, el fortalecimiento de un Estado con mayor capacidad militar, la reactivación del fracking y de la exploración petrolera, la reducción del tamaño del Estado y los recortes de impuestos para las grandes empresas.

Según el editorial, ese programa representa un giro radical frente a las políticas impulsadas por el gobierno del presidente Gustavo Petro, al que reconoce haber avanzado en reducción de la pobreza, incremento de salarios y una transición hacia fuentes de energía renovable. Aunque el periódico también señala las dificultades económicas derivadas de fenómenos como las sequías y el aumento de los precios de la energía, sostiene que la orientación general del actual gobierno contrasta profundamente con el proyecto político defendido por Abelardo de la Espriella.

Uno de los apartados más fuertes del editorial aparece cuando The Guardian afirma que el poder estadounidense «ya no necesita la fuerza armada para conseguir lo que quiere». En cambio, sostiene que las nuevas herramientas de intervención pasan por «los datos, la desinformación y el miedo», elementos que, según el periódico, terminan moldeando la opinión pública antes de que los ciudadanos lleguen a las urnas.

El diario británico advierte que las elecciones modernas ya no se ganan únicamente mediante campañas tradicionales. Hoy, afirma, la infraestructura digital, las plataformas tecnológicas, las redes sociales, la segmentación de datos y la circulación de información falsa pueden alterar el comportamiento electoral sin necesidad de modificar directamente los resultados oficiales.

Precisamente por eso, el editorial sostiene que el verdadero riesgo para las democracias contemporáneas no consiste necesariamente en alterar el conteo de votos, sino en modificar las decisiones de millones de ciudadanos antes de depositar su sufragio. Para sustentar esa preocupación, The Guardian compara el caso colombiano con otros procesos electorales recientes en América Latina.

El primero corresponde a Honduras. Allí recuerda la victoria del conservador Nasry «Tito» Asfura, también respaldado por Donald Trump, en unas elecciones marcadas por denuncias sobre el envío masivo de mensajes de texto dirigidos a ciudadanos que recibían remesas desde Estados Unidos. Según las denuncias citadas por el medio, esos mensajes advertían que los apoyos económicos podrían suspenderse si triunfaba la candidata de izquierda Rixi Moncada.

Posteriormente menciona el caso chileno. Durante la campaña presidencial de José Antonio Kast, otra figura cercana al trumpismo, una aplicación perteneciente a una empresa privada habría sido utilizada para enviar notificaciones políticas masivas después de un presunto ataque informático, situación que reabrió el debate sobre el uso político de plataformas privadas.

El tercer ejemplo corresponde a Argentina. Allí el periódico sostiene que la victoria legislativa de Javier Milei estuvo acompañada por fuertes presiones económicas derivadas de la amenaza de retirar cerca de 40.000 millones de dólares en apoyos financieros si el resultado electoral favorecía a otro sector político.

The Guardian concluye que todos esos episodios responden a una misma lógica de intervención internacional y advierte que Gran Bretaña y Europa no deberían observar estos hechos como si fueran únicamente problemas latinoamericanos.

En uno de los apartados finales, el editorial afirma que el viejo modelo de interferencia basado en espionaje o presión diplomática ha sido reemplazado por otro mucho más sofisticado en el que participan multimillonarios, plataformas digitales, empresas de datos, criptomonedas, influenciadores e incluso herramientas de inteligencia artificial.

Para el periódico, el verdadero riesgo consiste en que la infraestructura sobre la que hoy se desarrolla la comunicación política pertenece, en gran medida, a actores privados que operan con escasa regulación y enorme capacidad para influir sobre millones de personas.

Aunque el propio editorial aclara que estas observaciones no constituyen una prueba de fraude electoral en Colombia, sí plantea que las denuncias sobre la creciente influencia internacional merecen ser examinadas con seriedad y no descartadas automáticamente. Esa conclusión coincide en parte con las advertencias que durante los últimos días han formulado el presidente Gustavo Petro y distintos sectores del Pacto Histórico sobre el papel desempeñado por Donald Trump durante la campaña presidencial.

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