¡Querían callar a Petro! El presidente denuncia complot para matarlo con sus hijos y sembrarle drogas antes de reunión con Trump

Desde Montería, en plena atención a la emergencia por las inundaciones, el presidente Gustavo Petro denunció un plan para asesinarlo junto a su familia y un montaje para sabotear su reunión con Trump. La acusación desató máxima alarma política y exige investigación inmediata.

¡Gravísimo! En medio de la tragedia por las inundaciones que dejan más de 140.000 damnificados en Córdoba, el presidente Gustavo Petro soltó una bomba política desde Montería: denunció un plan para asesinarlo junto a su familia y un montaje para involucrarlo con sustancias psicoactivas con el objetivo de sabotear su reunión con Donald Trump en la Casa Blanca.

La revelación se dio durante la segunda sesión del Consejo de Ministros, donde el mandatario no solo coordinaba la atención a la emergencia invernal, sino que expuso lo que calificó como una ofensiva directa contra su vida. “Hay un general que ordené retirar de la Policía, tiene una misión extraña, alguien le dio la orden para ponerme sustancias psicoactivas en el carro y tenía como misión destruir la reunión con Trump de alguna manera u otra”, sostuvo, dejando claro que ya tomó decisiones internas tras descubrir el presunto complot.

Pero eso no fue todo. Petro aseguró que incluso su llegada a Córdoba estuvo marcada por alertas de atentado. “Ni siquiera donde tenía que aterrizar prendieron luces. Por la mañana tampoco aterricé donde tenía que aterrizar, porque al helicóptero le iban a disparar con mis hijos también”, reveló ante los ministros. Según explicó, la comitiva tuvo que desviarse durante horas por mar abierto para proteger su vida y la de sus hijos. “Iba con mis hijos e hice lo que sé hacer: cogimos mar abierto cuatro horas y llegué donde no tenía que llegar, pero llegué”.

El presidente fue más allá y afirmó que lleva días “escapando de que me maten”, en medio de un clima de tensión que, según él, no es aislado. Recordó además los procesos judiciales contra su hijo, el exministro Ricardo Bonilla y el exsenador Velasco, a quienes calificó como “injustamente presos”, sugiriendo un patrón de asedio político.

Las denuncias, lejos de ser menores, dibujan un escenario alarmante que merece investigación a fondo. Atentar contra un presidente y su familia, o intentar sembrar pruebas falsas para destruir su imagen internacional, no es oposición política: es un ataque directo a la democracia. El señalamiento sobre el uso de sustancias para fabricar un escándalo internacional no solo habría buscado frenar un encuentro clave con Estados Unidos, sino desestabilizar institucionalmente al país.

En el mismo Consejo de Ministros, Petro también defendió otro frente que ha desatado fuertes intereses: el nuevo modelo de pasaportes que, a partir de 2026, pasará a manos de la Imprenta Nacional con apoyo de la Casa da Moneda de Portugal. Mostrando un archivo con el diseño, que dijo no puede revelar públicamente, aseguró: “Nos sancionan si presento mucho el asunto, que todavía no se ha presentado, pero tengo aquí un archivo. El cuarto mejor del mundo. Quité la corrupción y vamos a tener el cuarto mejor del mundo”.

El mandatario fue enfático al advertir que detrás de los ataques también habría intereses económicos afectados. “Esto lo han querido sabotear, porque quité uno de los mayores negocios de una empresa que tiene el software de los escrutinios en Colombia. He ordenado cambiarlas y nada. La trampa se hace no solo comprando votos, gobernador, sino en los algoritmos”, afirmó.

El presidente coordina ayudas para miles de familias afectadas por el invierno, y denuncia que intentan asesinarlo y montar un escándalo internacional para destruir su gobierno. Lo ocurrido en Montería no puede minimizarse ni convertirse en ruido pasajero. Si se confirma un plan para atentar contra el presidente y sus hijos, Colombia estaría frente a uno de los episodios más graves de su historia reciente. Y si hubo un intento de sembrar drogas en su vehículo para sabotear su agenda internacional, el país entero debe exigir verdad y responsables.

La democracia no puede permitir que la violencia, el sabotaje y los montajes se conviertan en herramientas políticas. Lo que está en juego no es solo la vida de un mandatario, sino la estabilidad institucional de Colombia.

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