Ciro Ramírez ya no podrá acompañar a Paloma Valencia en su campaña presidencial: Corte Suprema lo condenó a más de 23 años de prisión por corrupto

La Corte Suprema de Justicia fulminó al senador uribista Ciro Ramírez con 23 años de cárcel por corrupción, destapando un entramado de contratos amañados y coimas millonarias que sacude al poder político.

La Corte Suprema de Justicia dejó sin piso al senador uribista Ciro Ramírez, al condenarlo a una pena demoledora que lo saca del tablero y lo instala en el centro de uno de los escándalos más vergonzosos de corrupción. La decisión no deja lugar a dudas: 279 meses de prisión, una inhabilidad que lo sepulta políticamente y una multa multimillonaria que evidencia la magnitud del entramado.

Según el fallo, el congresista no fue un actor menor. Para los magistrados, su papel fue clave dentro del escándalo conocido como “Las Marionetas”, una red que convirtió la contratación pública en un botín. “Resuelve imponer a Ciro Alejandro Ramírez penas principales de 279 meses, e inhabilitarlo para el ejercicio de derechos y funciones públicas por 280 meses”, sentencia el alto tribunal, en una decisión que también recalca la gravedad de los delitos: concierto para delinquir agravado, cohecho propio e interés indebido en la celebración de contratos.

Pero lo más explosivo es la radiografía del saqueo: contratos direccionados, licitaciones amañadas y millones de pesos en coimas que habrían circulado mientras se jugaba con recursos destinados a obras en Quindío y Tolima. Cerca de 90.000 millones de pesos en contratos bajo sospecha, en un esquema que, lejos de ser improvisado, operaba con precisión quirúrgica. Y la Corte fue aún más contundente al señalar que el senador “optó por no solo prestar su voluntad a los ilícitos objetivos trazados por la organización criminal sino que lideró la misma”.

En medio del terremoto político, la reacción de Paloma Valencia desató indignación. Mientras el país asimila la magnitud del escándalo, la senadora insiste en respaldar a su copartidario: “Respetamos las decisiones de la justicia. Acompañaremos con todo empeño la lucha anticorrupción. Jamás seremos complacientes con la corrupción de nadie. Manos limpias siempre. Esperamos que en instancias superiores el senador Ciro Ramírez pueda demostrar su inocencia”. Un mensaje que para muchos suena desconectado de una sentencia que describe una maquinaria corrupta en pleno funcionamiento.

Quien no dudó en lanzar un dardo directo fue el presidente Gustavo Petro, que vinculó el episodio con momentos clave del debate político reciente: “Este senador del Centro Democrático lo dejaron salir por un tiempo y su cargo para votar en contra de la consulta popular y en las elecciones. Ahora se hace justicia. Corruptos votando contra el pueblo”. Sus palabras avivaron la controversia, recordando que Ramírez recuperó su libertad en 2025 en medio de votaciones cruciales, justo cuando se discutían reformas impulsadas por el Gobierno.

El caso no solo revive el fantasma de la corrupción enquistada en la política, sino que golpea de frente al Centro Democrático, que pierde una curul en el Senado y queda en el ojo del huracán en pleno ambiente electoral. Mientras tanto, el país presencia cómo uno de los nombres del uribismo cae bajo el peso de una condena que desnuda una red donde, según la justicia, el poder se usó para negociar contratos y traicionar la confianza pública.

La historia, sin embargo, no termina aquí. Aunque el fallo puede ser apelado, la contundencia de la sentencia ya dejó una marca difícil de borrar. Y en medio del ruido político, queda una pregunta sin responder: ¿cuántas “marionetas” más siguen moviéndose tras bambalinas?

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