En Cali, Pereira, Manizales y Quibdó los equipos de emergencia continúan removiendo toneladas de escombros en busca de personas que todavía podrían estar con vida. De otro lado, varios gobiernos extranjeros mantienen disponibles sus equipos especializados de rescate a la espera de una autorización que no termina de llegar. En medio de la tragedia que ya supera los 200 muertos, la decisión de Abelardo de la Espriella de priorizar insumos y no personal extranjero genera fuertes cuestionamientos nacionales e internacionales sobre la manera como se está manejando la emergencia y el impacto que esto tendrá sobre la protección de la vida.
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México, Chile y El Salvador ofrecieron equipos especializados para apoyar las labores de búsqueda y rescate, mientras otros gobiernos y organismos internacionales también expresaron su disposición a colaborar. Sin embargo, la respuesta de De la Espriella fue concentrar las solicitudes en ayuda económica y humanitaria, suministros y otros elementos.
El caso de El Salvador resulta especialmente llamativo porque la confirmación llegó directamente de su presidente, Nayib Bukele. El mandatario explicó que Colombia había solicitado ayuda humanitaria en forma de insumos y que, según la información recibida por su Gobierno, los equipos colombianos de rescate, médicos y de emergencia ya estaban desplegados.
El Gobierno de Colombia ha solicitado ayuda humanitaria únicamente en forma de insumos para atender a las familias afectadas por el terremoto.
— Nayib Bukele (@nayibbukele) August 11, 2026
Nos han informado que sus equipos de rescate, médicos y demás cuerpos de emergencia se encuentran desplegados y atendiendo la situación,…
Bukele anunció entonces el envío de dos aviones de carga con aproximadamente 100 toneladas de ayuda humanitaria. El primer vuelo transportaba 51 toneladas, mientras el segundo completaría el envío anunciado. El presidente salvadoreño dejó abierta la posibilidad de proporcionar otro tipo de asistencia si Colombia llegaba a solicitarla.
Pero la pregunta es, si la emergencia tiene ciudades enteras golpeadas, centenares de personas desaparecidas y estructuras colapsadas, ¿por qué cerrar temporalmente la puerta a equipos extranjeros que ya cuentan con experiencia en terremotos y que estaban preparados para desplazarse?
México también ofreció ayuda especializada. La presidenta Claudia Sheinbaum informó que su país tenía preparado un paquete humanitario y un equipo especializado en operaciones de búsqueda y rescate después del reciente terremoto en venezuela. El contingente, sin embargo, quedó a la espera de la solicitud formal del Gobierno colombiano. “Estamos esperando la solicitud formal del Gobierno de Colombia, pero estamos listos para el momento que nos digan poder ir a ayudar”, afirmó Sheinbaum.
La oferta mexicana adquiere especial relevancia cuando se recuerda que ese país tiene una larga experiencia en operaciones de rescate posteriores a grandes terremotos. Chile, otro país acostumbrado a enfrentar movimientos telúricos de gran magnitud, también manifestó su disposición a colaborar. A ellos se sumaron propuestas de Argentina, Ecuador, Brasil y España, entre otros países.
— Topos® México (@topos) August 12, 2026
No se trata, por tanto, de que Colombia haya quedado aislada o de que ningún país quisiera ayudar. El problema está en cómo se está canalizando esa ayuda y, especialmente, en qué tipo de asistencia está aceptando De la Espriella.
La situación ocurre además durante los primeros días de la administración de Abelardo. El terremoto llegó apenas unos días después de su posesión y encontró al nuevo Gobierno todavía organizando varias de sus instituciones. Una de las piezas fundamentales de la respuesta, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, tampoco tenía plenamente consolidada su nueva dirección cuando ocurrió el desastre. David Santiago Tamayo fue recientemente designado para asumir esa responsabilidad.
Ese detalle es uno de los puntos más sensibles de la grave situación. La UNGRD cumple un papel central en la coordinación de la respuesta ante desastres y en la identificación de las necesidades que posteriormente pueden ser canalizadas a través de la Cancillería. De acuerdo con la explicación publicada por El País, el mecanismo para recibir cooperación internacional está centralizado y requiere que el Gobierno nacional establezca las necesidades antes de transmitirlas a los países y organismos que ofrecen asistencia.
La internacionalista Sandra Borda cuestionó precisamente la dificultad de este mecanismo en medio de una emergencia de semejante magnitud. “El Gobierno está aprendiendo sobre la marcha cómo funciona el mecanismo”, afirmó, al explicar además que para las ciudades el procedimiento puede resultar todavía más complicado porque la ayuda internacional debe centralizarse a través del Gobierno nacional.
Me informan que el Gobierno de Abelardo de la Espriella no estaría aceptando ayudas provenientes de China por razones ideológicas.
— Daniel Monroy (@DanielMonroyH) August 11, 2026
De ser cierto, sería gravísimo. En medio de una tragedia como la que vive nuestro país, ninguna diferencia política o ideológica puede estar por… https://t.co/z74Xj2RdKH
La polémica también alcanzó a China. Su embajador en Bogotá, Zhu Jingyang, pidió públicamente que el Gobierno colombiano definiera con urgencia quién sería el encargado de coordinar la asistencia internacional. “Esperamos que el gobierno colombiano dé a conocer de inmediato el nombre del funcionario y su enlace oficial para coordinar la asistencia internacional, a favor de los damnificados del terremoto”, escribió el diplomático.
La escena resulta todavía más difícil de explicar cuando se observan las condiciones en algunas de las regiones golpeadas. En Chocó, por ejemplo, las dificultades de acceso han complicado la llegada de ayuda. Algunos medios de comunicación han reportado que municipios como El Cairo y San José del Palmar quedaron prácticamente destruidos y que los pobladores reclamaban asistencia mientras continuaban las labores entre los escombros.
Mientras tanto, en otras zonas también se ha denunciado la falta de recursos suficientes. Se ha señalado que en Pereira y Cali las labores de búsqueda continuaban mientras podía haber hasta 200 personas atrapadas bajo los escombros, de acuerdo con información de la Asociación de Ciudades Capitales. El mismo reporte recordó que durante las primeras 72 horas posteriores a una tragedia de esta naturaleza el trabajo de los equipos de búsqueda y rescate resulta especialmente determinante.
Es justamente ahí donde aparece el mayor cuestionamiento que hace la ciudadanía. De la Espriella sostiene que cuenta con suficientes equipos desplegados, pero al mismo tiempo algunas ciudades continúan enfrentando una emergencia que exige enormes capacidades humanas, logísticas y técnicas.
Es de no creer. Doblemente trágico.
— María José Pizarro Rodríguez (@PizarroMariaJo) August 12, 2026
Mientras tanto, en muchas zonas críticas como el barrio Providencia en Pereira, comunidades siguen solas, sin las herramientas ni el personal necesario para responder ante el desastre.
El pueblo colombiano le exige al gobierno acción,… https://t.co/irz3UOe5sg pic.twitter.com/or5b8LS0vY
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, explicó que en la ciudad había cerca de 400 rescatistas colombianos, principalmente de Cali y Bogotá. Su argumento fue que primero debía coparse la capacidad nacional antes de solicitar apoyo externo. La explicación apunta a una razón técnica relacionada con la necesidad de conservar equipos disponibles para responder ante eventuales nuevos desastres.
Sin embargo, esa justificación no ha cerrado el debate. Para algunos expertos, el problema no consiste solamente en contar cuántos rescatistas nacionales están desplegados, sino en determinar si esos recursos son suficientes para atender simultáneamente todos los puntos críticos del país.
El contraste se vuelve aún más fuerte al observar la magnitud de la ayuda que sí fue aceptada. Estados Unidos anunció 15,5 millones de dólares destinados a refugios de emergencia, alimentos, protección y evaluación de daños, además de activar un Equipo de Respuesta de Asistencia ante Desastres, conocido como DART.
Es decir, Colombia no cerró completamente sus puertas a la cooperación internacional. Lo que ha generado cuestionamientos es la selección de esa cooperación, especialmente cuando algunos países ofrecieron algo que no puede sustituirse fácilmente con dinero o suministros, personal especializado para buscar personas atrapadas.
Mientras el gobierno dice que tiene un plan para recuperar las iglesias caídas, la gente, así, con sus propias manos, roca por roca, saca a sus vivos y a sus muertos. Bien por el pueblo valiente, nada más que decir del precoz mal gobierno. pic.twitter.com/Jbzmauojf6
— Daniel Quintero 🇨🇴 (@QuinteroCalle) August 11, 2026
La Cancillería, por su parte, ha defendido su actuación. Según un comunicado divulgado, desde el comienzo de la tragedia se activaron los canales diplomáticos para gestionar apoyo en las áreas priorizadas por la UNGRD. Entre las necesidades identificadas aparecen hospitales de campaña, kits de alimentación, elementos de aseo y hábitat, insumos para agua, saneamiento, higiene, kits de cocina y menaje.
La ONU también manifestó su disposición para colaborar. El secretario general António Guterres señaló que las Naciones Unidas permanecían en contacto con las autoridades colombianas y respaldaban la respuesta liderada por el Gobierno, mientras la administración nacional avanzaba en la coordinación de las necesidades.
Pero el reloj sigue corriendo. La tragedia ya deja más de 200 fallecidos y, según el reporte de La Jornada, la Asociación de Ciudades Capitales contabilizaba 224 víctimas mientras otros registros hablaban de hasta 254. Cali y Pereira concentraban buena parte de las operaciones de rescate y en ambas ciudades decenas de estructuras resultaron destruidas.
En ese escenario, la discusión dejó de ser simplemente diplomática. Se convirtió en una pregunta sobre capacidad de respuesta. ¿Era realmente necesario esperar a que los equipos nacionales estuvieran completamente desbordados para aceptar ayuda extranjera? ¿Podía Colombia aprovechar desde el primer momento la experiencia de países acostumbrados a enfrentar terremotos? ¿Y qué costo puede tener una demora cuando debajo de los escombros cada minuto cuenta?
Abelardo de la Espriella tiene ahora que responder esas preguntas mientras intenta demostrar que la decisión de no solicitar inicialmente personal internacional obedeció a criterios técnicos y no a improvisación. Porque recibir hospitales de campaña, alimentos, agua y millones de dólares puede aliviar una emergencia, pero los escombros no se levantan solos. Allí donde todavía pueda existir una voz, un golpe o una señal de vida, la discusión sobre si Colombia tenía suficientes manos para buscar sobrevivientes adquiere una dimensión mucho más dolorosa.





