Reflexiones de campaña: Por Sebastián Guanumen

En tiempos de crisis es importante el silencio y la reflexión profunda.

Aunque muchos me recomendaron no pronunciarme, las amenazas y la necesidad de reconciliarnos después de las elecciones me llevan a escribir este documento y a compartirles a todos y todas unas reflexiones acerca de lo sucedido durante la campaña.


En primer lugar, quisiera resaltar que los mal llamados “Petrovideos” son el reflejo y la normalización de décadas de persecución política a un sector de la población que no ha estado de acuerdo con la manera como se ha manejado el país. La obtención de los videos de la campaña presidencial de Gustavo Petro se hizo de manera ilegal mediante una presunta intervención sistemática a los medios de comunicación internos de la campaña con tecnología de punta y no por una “filtración de algún militante”, como lo han hecho creer.


Actualmente, el caso está siendo estudiado por expertos en ciberseguridad para encontrar a los responsables de las chuzadas y tomar las acciones jurídicas pertinentes, porque no, no es “normal” ni “está bien” que chucen una campaña política. Esta es una realidad que no podemos desconocer y que tampoco debemos olvidar. El establecimiento ha sido capaz de hacer lo que sea necesario para mantener el poder. Un claro ejemplo de esto fueron todas las interceptaciones ilegales hechas por el DAS durante años para perseguir, hostigar y acabar con periodistas, jueces y la oposición. Así que este puede ser otro caso dentro de este tradicional modus operandi.

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Ahora, imagínense que sus palabras y forma de hablar sean sacados de contexto, publicados y divulgados en medio de la complejidad de una campaña política y que alguien grabara ilegalmente todo lo que hablan (lo bueno, lo malo y lo feo) con su familia, con sus compañeros de trabajo, con su pareja, con su jefe, con sus empleados, con sus socios de la empresa y con sus compañeros de clase. Hacerse preguntas como estas ayudan a una reflexión más empática: ¿Cómo hablamos en nuestras conversaciones privadas? ¿Qué palabras usamos cuando hablamos en privado con nuestros(as) compañeros(as) de trabajo o de clase? ¿Qué tanto decimos en reuniones privadas, ya sea con nuestra pareja o familia? ¿Cómo nos expresamos de los problemas de la empresa o trabajo?, entre muchas otras.

En segundo lugar, quiero contarles que el contenido de los videos y de mis palabras, aunque fueron sacadas de contexto, cortadas y editadas con el fin de atacar la campaña y desprestigiarme, hacen parte de tácticas de comunicación, marketing y estrategia política que se encuentran en textos de grandes autores como Manuel Castells, Stanley Greenberg, Frank Luntz, Drew Westen, Virginia García Beaudoux, entre muchos otros que les invito a leer para entender mejor cómo funciona el detalle de la estrategia en la política electoral.


La defensa de un candidato hace parte de esas estrategias claves para ganar cualquier elección. La creación de contenido para desmentir noticias falsas (fake news); de memes para superar miedos infundados; de canales transmedia para generar mayor impacto; del uso asertivo y especializado de las redes sociales para posicionar un mensaje, y el material de contraste entre candidatos, hacen parte de la estrategia de cualquier campaña en el mundo ya sea de izquierda, derecha, centro, independiente o tradicional.

Ahora, imagínense cómo tiene que defenderse una campaña que tiene al establecimiento político, económico y mediático en contra. Les doy algunas cifras. Según la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, en primera vuelta, 15 páginas de Facebook publicaron campañas de desprestigio contra Gustavo Petro por un valor estimado de 275 millones de pesos colombianos y se identificaron 46 mensajes de desinformación contra Petro, entre ellas, cadenas de WhatsApp. Adicionalmente, Petro fue el candidato que recibió la mayor cantidad de cubrimiento informativo en tono negativo en televisión (5,4% de su cubrimiento), radio (13,9%) y periódicos (9,5%).


Otros datos los dio el experto español en redes sociales Julián Macías, en su artículo «“Bots”, bulos y Atlas Network en la campaña electoral colombiana contra Petro», publicado en el medio digital Público. Allí, Macías identificó bulos en forma de cientos de videos e imágenes manipuladas y pautadas en 21 páginas de Facebook por un valor de 383 millones de pesos con mensajes de ataques a Petro. También evidenció sistematicidad en la práctica de tuits falsos (fake tweets) en algunos casos impulsados por políticos, medios y periodistas afines a las campañas de Federico Gutiérrez y Rodolfo Hernández, como Vicky Dávila y Jaime Arizabaleta, entre otros. Por último, encontró una serie de programas informáticos (bots) vinculados a un tanque de pensamiento (think tank) estadounidense de derecha, que buscaba generar conversaciones y tendencias sobre noticias falsas en contra de Petro.


En elecciones, las tácticas de contraste entre candidatos son fundamentales para lograr diferenciarse del contrincante político. Esto se puede y debe hacer resaltando los atributos personales, las diferencias programáticas, las trayectorias políticas, las gestiones administrativas previas y los círculos de poder. Eso fue lo que hicimos, nada más allá que aplicar la teoría de distintos autores en un caso específico como lo fue esta campaña.


Aunque algunos quieran presentar estas tácticas como “poco éticas”, la desafortunada realidad es que las elecciones y, por defecto, las campañas políticas funcionan como una guerra y gana el que esté mejor preparado para resistir, defenderse y contrastar. Claramente, me gustaría que las elecciones operaran de una manera distinta y que se pudieran ganar campañas solo presentando los argumentos de la visión de país del candidato, pero un tablero de ajedrez minado e inclinado hacia la derecha usualmente deja en desventaja estructural al que juega al otro lado.


No podemos desconocer que durante décadas, en Colombia, ciertos poderes y políticos han sido investigados por compra de votos, por tener vínculos con la parapolítica y el narcotráfico, han sido condenados culpables de masacres, han sido responsables de asesinar políticos y líderes sociales y han sido artífices o cómplices de desfalcos al Estado colombiano por corrupción, o lo que es peor, aún siguen en la impunidad. Claramente, ellos no querían perder el poder que llevan administrando durante siglos, por generaciones enteras y en cuerpos ajenos. Disputarle y ganarle el poder del ejecutivo a una hegemonía de más de doscientos años no iba a ser fácil.


En tercer lugar, es importante mencionar que durante las últimas semanas he recibido en redes sociales, por llamadas y Whatsapp amenazas de muerte. Desde que las interceptaciones ilegales a la campaña de Gustavo Petro se publicaron, mi vida y la de mi familia han estado en peligro. Diariamente me han llegado mensajes amenazantes, evidenciando la dirección de mi anterior lugar de residencia y en los que se me acusa de terrorista y guerrillero. Me llegan mensajes con frases como “plomo es lo que toca darles”, “pronto estarás muerto bebe, pobrecito” y “en cualquier momento caes”, entre otras.

Lo más complicado es que las aversiones ya pasaron de las redes sociales a las calles. Durante las últimas dos semanas he identificado a dos personas que me siguen de manera sigilosa en mis recorridos, al salir y llegar a mi residencia. Debido al perfilamiento y excesiva exposición de la que fui objeto en algunos medios, personas desconocidas me identifican y se me han acercado en la calle a amenazarme de manera directa y contundente.


Asimismo, varias personas de la campaña y otras que apoyaron voluntariamente a lo largo de estos meses han sido víctimas de amenazas y hostigamientos por redes sociales y vía telefónica, de presuntas interceptaciones a sus celulares, de golpes por desconocidos en las calles y de robos. Quizá el más conocido por ustedes fue el robo a la sede de la Colombia Humana, en Bogotá, durante la campaña.


No olvidemos que la violencia política ejercida por cierto sector político se ha llevado millones de vidas, ha acabado con cientos de líderes sociales, ha hecho que miles tengan que exiliarse, ha acabado con partidos políticos enteros, ha sido artífice de genocidios y masacres, ha silenciado millones de voces y ha perseguido a los que piensan diferente. Y ya es hora de que paremos la ola de violencia política en Colombia.


Por último, si bien estábamos en reuniones políticas privadas que fueron chuzadas, quiero aceptar que no usé las palabras adecuadas para expresar aquello relacionado con el contraste entre candidatos en la campaña ni la manera de hacerlo. También considero necesario, con el mismo espíritu de reconciliación que el presidente electo Gustavo Petro lo hizo con Rodolfo, disculparme con los señores Federico Gutiérrez y Rodolfo Hernández y enviarles un mensaje a ellos y sus electores, para que podamos construir el cambio que Colombia necesita de manera pacífica. Es necesario que nos comprometamos, desde todos los sectores, a no replicar prácticas nocivas para la política colombiana.


Hoy, Colombia ve con buenos ojos y entusiasmo el gobierno de Gustavo Petro, porque plantea muchas de las reformas necesarias para que el país cambie estructuralmente, porque conoce el Estado, porque se está rodeando bien para gobernar y, sobre todo, porque está dispuesto a generar consensos para unir al país.


Me alegra haber sido parte de la campaña, liderada por jóvenes, que le devolvió la esperanza a Colombia llevando a Gustavo Petro a la presidencia y que logró el primer paso para cambiar la historia del país.

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