¡Se les cayó el cuento de los «nunca»! Al gobierno de Abelardo llegarían Iván Duque y Paloma Valencia, los mismos de siempre viviendo de la teta del estado

La promesa de gobernar con los "nunca", lejos de los mismos nombres de siempre, comenzó a desmoronarse incluso antes de la posesión presidencial. A pocos días del inicio del nuevo gobierno, los nombres del expresidente Iván Duque y de la senadora Paloma Valencia aparecen como protagonistas del gabinete y del equipo diplomático de Abelardo de la Espriella, desatando fuertes cuestionamientos sobre la distancia entre el discurso de campaña y las verdades que empiezan a tomar forma.

La narrativa de la renovación que quiso vender la campaña de Abelardo de la Espriella enfrenta la realidad del relato incluso de iniciar su administración. Durante meses insistió en que Colombia necesitaba romper con la vieja política y construir un gobierno distinto, pero ahora la mención de altos cargos comienza a llenarse precisamente con figuras que durante años han ocupado espacios de poder dentro del establecimiento político colombiano. Además, figuras que han estado envueltas en sonados escándalos de corrupción.

Las versiones que han circulado por medios nacionales indican que el expresidente Iván Duque podría convertirse en el nuevo embajador de Colombia en Washington, uno de los cargos diplomáticos de mayor importancia para la política exterior colombiana. Paralelamente, la senadora y excandidata presidencial Paloma Valencia aparece como una de las principales opcionadas para asumir el Ministerio de Minas y Energía.

Aunque oficialmente estos nombramientos aún no han sido confirmados por el De la Espriella, el hecho de que sus nombres sean considerados para posiciones estratégicas ha abierto un intenso debate político sobre el verdadero rumbo del nuevo gobierno que decía que gobernaría con los “nunca”.

Durante la campaña, Abelardo de la Espriella construyó su discurso alrededor de la necesidad de enfrentar a los «políticos de siempre». En múltiples intervenciones prometió un gobierno distinto, alejado de las élites tradicionales y de quienes, según afirmó, habían llevado al país a una profunda crisis institucional. Sin embargo, los nombres que ahora aparecen para integrar su administración pertenecen precisamente a los sectores políticos más tradicionales de las últimas décadas.

El caso de Iván Duque resulta especialmente simbólico. El exmandatario gobernó Colombia entre 2018 y 2022 y continúa siendo una de las figuras más visibles del uribismo a nivel internacional. No hay que olvidar el caso de corrupción de Centros Poblados que sucedió bajo su administración. La posibilidad de enviarlo como embajador en Estados Unidos responde a las relaciones políticas y diplomáticas que mantiene con distintos sectores de Washington, una idea que incluso había sido explorada años atrás por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Si esa designación se concreta, el nuevo gobierno estaría entregando uno de sus cargos internacionales más importantes a un expresidente que ya tuvo la oportunidad de dirigir el país durante cuatro años y cuya administración continúa siendo objeto de fuertes debates políticos. Es decir, es uno de los de siempre.

A esa posibilidad se suma el nombre de Paloma Valencia. La senadora del Centro Democrático, una de las dirigentes más representativas de la oposición al gobierno de Gustavo Petro durante los últimos años y reciente candidata presidencial, aparece como favorita para asumir el Ministerio de Minas y Energía. Su eventual llegada reforzaría la presencia de dirigentes tradicionales del uribismo dentro de la nueva administración.

Las críticas aumentan porque estos nombres se suman a otros perfiles ampliamente conocidos de la política nacional. Entre quienes también suenan para integrar el gabinete aparecen Viviane Morales para la Cancillería, Enrique Peñalosa para Transporte, Elsa Noguera para Vivienda, Mauricio Gómez Amín para Comercio, Carolina Soto y Ana Fernanda Maiguashca para Hacienda, Iván Cancino para Justicia, Jaime Andrés Beltrán para Defensa, Fabio Arjona y Sandra Bessudo para Ambiente, así como Juan Guillermo Zuluaga e Indalecio Dangond para Agricultura.

El panorama ha llevado a numerosos analistas a preguntarse hasta qué punto la propaganda y publicidad de renovación terminará reemplazada por un gabinete conformado, en buena parte, por dirigentes que ya han ocupado cargos públicos durante varios gobiernos nacionales y de los que supuestamente se iba a alejar la administración de De la Espriella.

Las dudas aumentan si se observa el equipo que Abelardo de la Espriella ha venido conformando durante el proceso de empalme. En los últimos días también han sido cuestionadas las incorporaciones de figuras como Carlos Alonso Lucio, exintegrante del M-19; la estudiante universitaria, Jerome Sanabria, que impulsó la narrativa del llamado «voto fusil»; y ahora la posibilidad de sumar a dirigentes tradicionales del establecimiento político, configurando un equipo que dista de la idea de una administración completamente nueva.

La propia investigación publicada por La Silla Vacía ya advertía durante la campaña cómo varios de los operadores políticos que acompañaban a Abelardo provenían de estructuras tradicionales, contradiciendo el relato de un movimiento completamente independiente. Ese análisis mostraba que detrás del discurso antisistema seguían apareciendo nombres vinculados a partidos tradicionales, antiguos gobiernos y redes políticas consolidadas, sumado a nombres cuestionados o comprometidos judicialmente.

El debate también ha llegado a las redes sociales, donde numerosos usuarios recuerdan que durante la campaña se insistió en que no habría espacio para quienes representaban la política tradicional. Ahora, la eventual llegada de Iván Duque y Paloma Valencia es presentada por la ciudadanía como una evidencia de que la línea entre la propaganda electoral y la realidad del poder comienza a hacerse cada vez más delgada.

Abelardo de la Espriella continúa definiendo oficialmente su gabinete, pero los nombres que suenan hasta ahora se han convertido en una de las primeras pruebas de fuego para evidenciar la incoherencia entre el discurso que lo llevó al Gobierno y las decisiones con las que iniciará su administración. El prometido gobierno de los «nunca» empieza a parecerse, cada día más, a un regreso de los mismos protagonistas de siempre.

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