Una nueva polémica sacude el escenario político colombiano y vuelve a poner bajo la lupa a la periodista y excandidata presidencial Vicky Dávila. Revelaciones recientes indican que la mayor parte de los recursos utilizados en su campaña de provino directamente de la revista Semana y del poderoso grupo empresarial Gilinski, lo que ha desatado un fuerte debate sobre la relación entre medios de comunicación, dinero y política.
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Según reportes entregados al Consejo Nacional Electoral y revelados por medios como Infobae, la campaña de firmas de Dávila costó cerca de 2.378 millones de pesos, de los cuales alrededor de 2.100 millones fueron aportados por el empresario Gabriel Gilinski y el grupo editorial propietario de Semana. De acuerdo con esta información, el 88% de la financiación de la campaña provino prácticamente de una sola fuente, lo que ha encendido las alarmas sobre la independencia de la candidatura y la influencia de grandes grupos económicos en proyectos políticos.
El detalle que más controversia ha generado es el papel de la revista Semana, medio que dirigió la propia Dávila hasta finales de 2024 y que pertenece al grupo Gilinski. La participación directa del medio en la financiación de una campaña política ha sido considerada por analistas como un hecho inusual y altamente cuestionable.
"Si Vicky Dávila se vuelve candidata presidencial, pues no puede ser directora de Semana y candidata a la misma vez".
— ♦️ JΛNDR3S (@JANDR3S__) April 29, 2024
Gabriel Gilinsky, dueño de la revista Semana. pic.twitter.com/NkCUncb6it
La polémica crece aún más por el contexto actual, pues durante su paso por Semana, Dávila se consolidó como una de las voces más visibles de la oposición atacando de manera permanente al gobierno del presidente Gustavo Petro, construyendo una narrativa agresiva y de desinformación permanente.
Con respecto a la transparencia y coherencia de la excandidata no hay que olvidar que su lanzamiento de campaña, Dávila intentó marcar distancia de los apoyos del grupo empresarial, asegurando que cualquier aporte tendría límites. “Si en un momento dado yo le pido algún aporte a Gabriel Gilinski, que además los aportes van a tener un límite, esto no es pues que a mí me van a dar 1000, 3000, 15.000 millones (…)”, afirmó en su momento en declaraciones recogidas por medios nacionales. Sin embargo, los montos revelados contradicen en gran medida esa narrativa inicial y muestran la deuda que tiene en este momento.
Tras arrancar su candidatura aparentemente como una de las favoritas, Vicky Dávila terminó con cerca de 238 mil votos en la consulta del centro y la derecha, quedando en un lejano quinto lugar detrás de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. Aunque se esperaba que respaldara a Valencia como ella misma afirmó, el periodista Daniel Coronell reveló chats en los que la propia Dávila hablaba de su regreso a Semana, señalando que “se me abrió una puerta” y que “yo necesito trabajar”.
Los Gilinsky le permitieron a Vicky hacer de Semana un volante electoral. Ahora ella propone eliminar los impuestos saludables, beneficiando a los Gilinsky. Pierde la población que se enferma comiendo ultraprocesados. Investigación de @marguealv https://t.co/UtiavRmK2B
— Nicolás Sánchez Arévalo (@ANicolasSanchez) May 18, 2025
El giro llamó aún más la atención cuando reapareció recientemente en ese mismo medio con una entrevista en la que dejó atrás sus duros cuestionamientos y se mostró conciliadora con Abelardo de la Espriella, rival directo de Valencia. El cambio de tono, tan rápido como inesperado, alimentó la percepción de movimientos políticos guiados más por conveniencia que por coherencia. Es el oportunismo político por el que la ha señalado la opinión pública.
En este sentido se puede hablar abiertamente de una “factura pendiente”. La lógica, repetida por expertos en financiación electoral, es que los grandes aportes rara vez son desinteresados. En este caso, la pregunta que comienza a tomar fuerza es qué tipo de respaldo o decisiones mediáticas podrían esperarse a cambio de una inversión de tal magnitud.
El silencio de la periodista frente a estas revelaciones ha contribuido a elevar la tensión. Hasta ahora no ha ofrecido explicaciones detalladas sobre los términos del financiamiento ni sobre los posibles compromisos derivados de estos aportes, aunque con la última salida en entrevista con De la Espriella deja ver cuáles serían las orientaciones que le dieron para saldar la deuda. En un escenario electoral que entra en su fase final el 31 de mayo, la falta de claridad se convierte en un factor de desgaste y de cuestionamiento político.
#HuevosConPolítica 🎧| Fueron 2.100 millones los que Gabriel Gilinski donó a @VickyDavilaH para recoger firmas.
— La Silla Vacía (@lasillavacia) April 16, 2026
La exprecandidata pidió un préstamo en el Banco GNB Sudameris, propiedad de los Gilinski, para financiar el resto de su campaña.
🍳: https://t.co/zUQGwzXNfW pic.twitter.com/I7nfqNynNv
El manejo de está financiación por parte de Dávila también reabre una discusión estructural sobre la relación entre grandes conglomerados económicos y la democracia. Cuando una candidatura depende de manera tan significativa de un solo grupo financiero, surgen dudas legítimas sobre su autonomía y sobre la dirección que podrían tomar sus decisiones en el futuro. ¿Cómo podría gobernar alguien que debe tanto a un grupo económico?
En medio de este panorama, el episodio se convierte en un símbolo de un problema más amplio. La concentración del poder mediático y económico en la construcción de liderazgos políticos que buscan cooptar todas las esferas de la sociedad. Un fenómeno que, lejos de disminuir, parece intensificarse en un contexto electoral cada vez más competitivo.





